miércoles, 26 de octubre de 2011

Víspera de la navidad basura

Es invierno ya, parecía serlo desde que decidimos venirnos a vivir a éste lugar, tan ordenados, tan pulcros, cronometrados casi perfectamente en una ambivalente monotonía. Nos convertimos en una de esas parejas que van a cenar a un restaurante que apenas puede ser costeado mientras pensábamos en todas las posibles perversiones de los clientes en las mesas de alrededor, quién estaría usando ropa interior limpia, sí alguna cara delataba a la mano que la satisface. Empezamos a pensar con frialdad, con recelo y sospecha de los demás, de sus ropas sucias o de las migajas sobre la entrepierna. 

Cierta noche, se sentó junto a nosotros una pareja de lo más pulcra y elegante que habíamos visto en ésta ciudad, la pareja modelo a la que aspiramos a ser cuando nos mudamos a éste departamento. Sólo había un detalle, el hombre casi escultural en el sentido de no mover su cabeza y darse una tortícolis tremenda, ocultaba una cicatriz enorme bajo una barba extensa y bien recortada. Se extendía desde el borde inferior de su mejilla hasta casi la base del cuello. Una de esas cicatrices gruesas, que parecen tallos o tentáculos, casi podríamos haber jurado que tenía vida propia y que era una cicatriz babosa. Inmediatamente dimos lugar a nuestra platica habitual de situaciones ajenas, cómo si eso le quitara lo ordinario a nuestra situación de mierda. Venían a nuestra platica imágenes de un matrimonio desordenado, descarriado al punto de la violencia, vasos rompiéndose y clavándose a lo largo del cuello de él y corriendo en círculos por las piernas de ella. Dedos ensangrentados, papel hecho una pasta semicoagulada en la alfombra sin aspirar. Caras de regocijo, de placer. Y entonces me detuviste mientras desarrollaba la escena de revelación matrimonial en la que se encaminaban al camino decente en el que podíamos verlos cenando esa noche de principios de diciembre. 

Nos aventuramos a pensar en una historia ficticia para nosotros, una historia que pudiéramos seguir paso a paso como un crimen perfecto, pero sin victimarios ni víctimas. Pero me adelanté al plan, no puedo decir que no estaba en mi hacerlo, pero tú quisiste esto, esas palabras no salieron de tu boca pero cuando yo las dije por ti nunca abriste los ojos, supe que lo querías porque aún tenías el mismo pulso entrecortado que siempre me sacaba de mis cabales. Qué otra opción tengo, abrir esa bolsa pálida que tienes como piel y arrancarte los arboles de raíces azules que corren por debajo... soltando su savia, dulce y roja savia, de sabor metálico, se resisten a salir las raíces y hay una tierra pronto putrefacta que sale, y sigues sin decir nada, ojos cerrados, hundidos como ciruelas aplastadas, odio comerme esas ciruelas, hacerlas puré con tus mismos zapatos o dejarlas secar como adornos para colgar en el árbol que cortaré por la yugular ésta navidad. Esa horrible palabra. Esa placentera brisa que te congelará las raíces que saco de tus brazos.

Por Adrián Martínez, 2011. 

martes, 18 de octubre de 2011

Dispara tus polisemias en una infrarrealidad apabullante, usa un arma blanca y fría, que al contacto provoque el espasmo que provocaban los arpones en aquellas ballenas francas, desde un buque inmundo. De todo aquello, encuentro un libro de tapa roída y una lampara malgastada en un sillón que deberíamos haber tirado hace quince años pero que sigue siendo nido de cualquier criatura lo suficientemente astuta para usarlo de refugio. Pobre Hegel, pobre y muerto Hegel, encontró su gran síntesis sólo en la muerte, que tenga su dialéctica con los minerales que ahora son lo único que queda de sus fósiles huesos. Paso a cerrar tu roída tapadera de cartón viejo, tú, fenomenología del espíritu, y te caes entre mis gordos y torpes dedos, temblando como autenticas reconstrucciones fúnebres de noviembre, debajo hay hojas y ensayos viejos, luego hay algunos chascarrillos y deslices de la pluma, líneas de rimas baratas de Bécquer. Pobre Bécquer, clamando total mortalidad mientras el sol se eclipsaba y probablemente alguien leía 'Tu Pupila es Azul' y alguien más le aseguraba a su amante que la poesía no era esto que leía sino ella misma. Y al ver esto no quiero decir que realmente sea una lástima, sino que la ironía los atrapó en su propia obra trascendental pero totalmente explicable, no como lo intentarían en el siglo veinte, no cómo esos absurdos literarios que se visten y desvisten como putas en un malecón latino de una costa (reclamo a la obviedad).

Olvido ésto. Voy de vuelta a los disparos y las polisemias danzantes sobre retratos de estos huesos de cristal. Posiblemente tenga que sacarme una o dos costillas para poder andar de nuevo, pero con éstas manos rotas y éstas piernas cruzadas no se puede llegar muy lejos, odiaría que alguien intentara interpretar éstas cosas, no como Joyce que encontró regocijo en dejarle el trabajo duro a los académicos y fundar en ello su inmortalidad y su gran error de autodescubrimiento ¿Cómo demonios iba a saberlo? ¿Cómo maldita sea escribir historias instantáneas de nuevo, como si fuera una sopa llena de yodo en tres minutos o una copa de vodka barato con olor a muerte? Ni todas las botellas de alcohol del mundo me ayudarían a escribir en una banca de nuevo, sacando hojas de la nada y viendo como una mujer dibuja arboles para dejar sus dibujos mojarse en el pasto con una lluvia de atardecer, a finales de un invierno plagado de multitudes chillantes, haciendo una pasta con la alfombra de la naturaleza y luego yo guardar las treinta y siete líneas escurridas de ésta mano pálida. Por eso ésta noche no, ésta mañana tendrá que ser fresca, si es que despierto y no persigo las arenas, porque 'a dreamer dreams she never dies'. Porque escucho ese arreglo de guitarra melancólico y pienso que algún día tendré que vivir un gran temblor y ser parte esencial del escombro, junto a una botella de champagne que no quería y la estrella del norte como única referencia astronómica observable desde el cataclismo, y diré una última frase en francés con una pronunciación gangosa que nunca aprendí. Y esto no tiene ningún titulo, ningún ejercicio, no hay revelación, pero sí sublimación que no aspira a lo sublime sino a lo autentico que encontrarán mucho más cercano y disfrutable que los ideales fenomenológicos-psicoanalíticos del yo y del tú y de ese pequeño gas que se libera cuando mueres y algunos identifican por el alma, cuando lo único que se inmortaliza espiritualmente es aquello que no puede ser borrado, información, manifiesto emocional o no de ti, como esos ácidos que llevamos en los genes, los mismos que podemos probar en las mañanas si compramos un jugo de naranja camino a una jornada más. No me pregunten por el jugo, ni por las polisemias y los muñones que quedan de la prosemática que es vil, cruel y certera característica.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Its night, late, and everything else around the figure in front of me, is blurry. Like a maze of fog coming to hold me, like dark matter of dreams that explodes in my almost-closing eyes. And this figure, this silhouette it embraces me and invites me to continue on a quest, down to a waterfall, on a cave, on a mountain. Invites me to drown, and I get to think I can breath not only air, but the essence of this figure. It stands over me, with long white fingers, long golden hair. And then, total silence. The fog goes away, and I realize who the figure is... a figure of green lights. Iluminating me. And two soft and red clouds reach out to the border of my lips, I melt. I melt and fade and freeze and live into it like it was a first breath after a comma, but I'm not breathing any air. Its just her I'm breathing in. It was not in my will to be this entwined. To scrap out a piece of me and send it flying to crash into history. To become a subject of a movie or a new bestseller. I'm sit there, and I shout to you "Illuminate my heart, my darling" as the strings bend and the color of the walls jumps to us. I ask and ask, and everytime I answer myself, and everytime I keep truth as my goal, since that evening. I'm just laying here, bare naked. Just me and your open eyes. Are they really open? Do you still see that light? The light we reflect from ourselves and makes it all glow and burn and stay in peace and fire? Is this a mirror? Is this a dream? Is this fate? Is this just you and me? It's your hand in mine.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Empate.

Y nunca se me hace, pareces un personaje sin nombre y dirección en un libro. Ya aparece, yo estoy aquí con mil historias que contarte, odiándote. Y tú... tú, entre pachangas y tareas ínfimas e inútiles sin darme cuentas de cómo va tu autodestrucción, o sí finalmente vas camino a la gloria. Y yo de nuevo, desubicado, en la vagancia como me encontraste aquel octubre, escribiendo estúpideces y hablando de fiestas de terror-cumpleaños. El reloj se hace pequeñito, era grande hace casi 5 años, ahora debe ser tan pequeño como mi ojo, me hablas de intercambios, como si fueras alguna estampa. Y a veces me lo creo, que debe haber algún otro tonto que te trate mal y te diga las cosas que nadie más se atreve. Sino, entonces es tu padre, su inflexibilidad prodigiosa que maldice los encuentros, el escaso papel moneda o el poco interés en desmanes controlados por alcohol y vestimentas que se asemejan más a luces de neón (las que me hacen chillar, y lo sabes). Qué a veces me dices, me pides (en parte en broma), que te recoja, que te haga la comida, como si fuera yo algún tipo de mesías personal que compraste en una tienda de souvenirs. Y te digo sin duda cada vez, que lo haría, pero la historia sabe bien que pasa cuando me pongo en plena disponibilidad, que algo en el caracter falla y la costumbre de la distancia nos evita tomarnos las propuestas como tú te tomas una Coca-Cola, o yo una cerveza. Por eso vengo y te recuerdo con publicaciones en un muro irreal, cuanto nos debemos atreves de los años. Probablemente recuerdes la "luna de diciembre" y es chistoso cuantos significados puede tomar ahora, y es chistoso que te lo mencione en el segundo escrito que te escribo oficialmente. O lo que sea que es ésta cosa que empezó como una manera de decirte que quisiera platicar contigo horas en una banquita del centro, o desvelarnos hasta las tres de la madrugada, insultándonos. Seguramente verás esto, reirás, chillarás, te dará miedo. Conozco todo eso y como probablemente me corregirás alguna falta de ortografía y yo me moriré de vergüenza. Como me dirás que te da pereza, y luego, en secreto o no, que te encanta y que soy un ñoño de lo peor. Y problablemente alguien más también lo lea y piense lo que todos siempre han pensado. Y reíremos otra vez, jugaremos con ello. Y quedaremos en un empate.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Chitu

‎ Un instante, un par de manos, un jueves, un libro, un pueblo, una tragedia, una noche, un sueño, un libro sin publicar, un guiño, un café, una tarde lluviosa, un tipo sanguíneo, una cicatriz, un absorber mutuo del aliento, una telaraña, un río llevandonos al mar. Sin nadar (flotemos), el mar se convierte en otra eternidad, y el mar no se niega a ningún río.

Brevedad que construye fortalezas en las que nos encerramos, justo en el minuto adecuado. Justo a tiempo nos damos un código, una palabra y nos saltan miles a la mente, momentos y pequeñas ficciones. No le llamemos señales, no le llamemos coincidencia, llamemosle lo inevitable, con ello es suficiente. Sólo hay un momento, y es como será y fue, como antes como siempre, y es la eternidad.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Dos.

Estaba dormido sentado justo a medianoche, cuando uno de los médicos vino a decirme "Suficiente es suficiente". Me sacó rápidamente al pasillo, mientras yo podría haber jurado que estaba embrujado, veía fantasmas a cada uno de mis lados. Entonces me dijo algo que nunca habría pensado que quisiera escuchar: Que no había nada que pudiera hacer en absoluto para salvarte, que un coro cantará para ti pronto y que ésta cosa va a matarte. Algo en mi garganta hizo que mis siguientes palabras tropezaran, y algo en los cables causo que las bombillas estallaran, había vidrio en mis zapatos y caía lluvia del techo. Abriendo las cicatrices que apenas se habían hecho. Destrozando el cañón que ahora corre por tu pierna, pensé que era algo bello, pero la cura no era eterna. Mientras se abría pude escuchar el grito desde tu cama, pero me escondí en la sala hasta que se encendió la llama. Cuando reaparecí quise darte un remedio para la agonía, pero volviste a odiarme para darme tu apología.

Qué tuviste un nuevo sueño, que era más como una pesadilla, eras sólo una niña cuando mataron tu cabello. Luego te conectaron a las maquinas y estuviste a punto de morir, deberían haberte escuchado, pero pensaban que eran mentiras y chantajes. Tu padre era un imbécil, siempre te jodió, ponía engranes en tu mente y hasta hoy los mueve. Y nunca nadie puso atención cuando dejabas las comidas, "¡Cuarenta y tres kilos!" y ahora todo se repite y se termina.

Dime cuando crees que fue que nos volvimos tan infelices, luciendo unos anillos que nunca nos han dejado dar ni un solo aplauso. Cuando nos mudamos juntos estábamos tan desilusionados, durmiendo juntos con los sueños quebrantados, me mataba verte siempre siendo rechazada, pero no me importó todo lo que me lanzaste y los teléfonos que me quitaste. No me importó que me culparas por tus errores, sólo te cargaba por la puerta con todos tus temblores. Pero cada noche metías tu ropa en esa bolsa, mientras yo trataba de agarrarte por los tobillos (qué irónico suena ahora) y finalmente después de más de un año, me detuve para intentar detenerte de azotar esa horrible puerta para verte regresar como siempre. Bueno, nadie va a arreglar esto por nosotros, nadie puede. Y tú sólo dices que "Nadie va a escucharnos, porque nadie entenderá". Así que no hay puertas abiertas y no hay forma de romperlas, no hay ningún otro testigo, sólo estamos los dos.

Hay dos personas viviendo en una pequeña habitación, y de tus dos medias-familias destrozándote, hay dos maneras de contar la historia (aunque en verdad no les importe contarla). Dos anillos plateados y apresurados en nuestros dedos, dos personas hablando en tu cabeza, dos personas creyendo que yo soy el culpable, dos voces diferentes que salen de tu boca, mientras yo soy demasiado frío para preocuparme y demasiado enfermo para gritar.


Qué tuviste un nuevo sueño, que era más como una pesadilla, eras sólo una niña cuando mataron tu cabello. Luego te conectaron a las maquinas y estuviste a punto de morir, deberían haberte escuchado, pero pensaban que eran mentiras y chantajes. Tu padre era un imbécil, siempre te jodió, ponía engranes en tu mente y hasta hoy los mueve. Y nunca nadie puso atención cuando dejabas las comidas, "¡Cuarenta y tres kilos!" y ahora todo se repite y se termina.


Basada en "Two" de The Antlers.

viernes, 22 de julio de 2011

Extrañiálogo.

-Extrañamente extrañemos extrañándonos cómo extraños que sómos.

-¿Acaso es extraño extrañarnos?

-Nosotros sómos los extraños, por eso no es extraño que nos extrañemos. Lo realmente extraño sería que no nos extrañáramos.

-¿Y sí un día extrañamos ser extraños extrañándonos, por qué sómos extraños?

-Extrañaré ser un extraño extrañándote.

~Adrián Martínez.

domingo, 10 de julio de 2011

Fundido a negro.




¿Y qué si nuestra vida es sólo una película? ¿Y qué si somos el sueño de una hormiga? ¿Y qué si morimos en la tranquilidad del agua? Verás querida, que en ésta vida nada se siente tan real cómo las cosas que son inevitables, sea muerte, el fin de la película, o nuestros intentos fallidos por acercarnos a cosas en las que nunca hemos decidido creer. Cosas tan reales cómo el temblor en mi mano y lo áspero de tu vestido. Lo cambiante en tu semblante felino y la oscuridad más deslumbrante. El momento en que se agota el aliento. Cuando las palabras tropiezan y los nervios tienen espasmos en su típica agonía ocasional. Los ojos se sincronizan y las manos se imantan. Casi nos salimos del celuloide. Casi actuamos fuera de nuestro rol, lo intercambiamos, lo hacemos modus operandi.

¿Estamos en la última escena? ¿Se nos han ido nuestras dos horas de fama y gloria? ¿Estaré en tus créditos finales? ¿Estarás tú en los míos? ¿Qué será de las escenas censuradas, de las tomas que nunca fueron usadas? Y en éstos diez minutos finales, ni nosotros ni nuestro público (el tiempo siempre burlón y el mundo siempre cambiante pero estático) sabemos si es una tragedia, si hay final 'feliz', si nos quedamos en una paradoja, si habrá una continuación. El guión tendrá que terminar, el libreto volverá al estante dónde pertenece, y nuestras imágenes se quedarán cómo destellos en la memoria de alguien en algún lugar. Escenas de aeropuerto, de despedidas, de resignación a la espera; se agrupan cuadro tras cuadro, cerrándose en un ojo de pupilas dilatadas, de líneas grises y verdes en un manto café y un sonido de labios despegándose, mientras una música etérea se mezcla con un fondo que se hace cada vez más oscuro y yo ya no veo nada, me he fundido a negro. Somos sólo nombres en la cintilla de una pantalla, pasamos fugazmente.

Escrito por: Adrián Martínez

domingo, 3 de julio de 2011

Mon chat.

Mon chat, J'adore tes yeux... te dije. Te dejé un soplo de aliento en la boca y se fue a rondar en tu mente, brincándote a la conciencia porque yo no puedo verte no te escribo porque sabes leer. Y en este pequeño guiño literario te digo que sé que sabes que este acoso que se queda en tu cabeza es una muestra más de cariño. De un cariño extraño, pero acogedor.

¿No quieres dejarlo ir? ¿O te resistes a dormir al cobijo de la gloria? Qué cuando hablo sobre dejarlo ir, quiero decir que me dejes acompañarte. Y cuando digo que hay que dormir cobijados de gloria, me refiero a sumergirnos en una mirada. Todo para no dejar que la fortuna o el azar nos coman, porque son monstruos terribles; te ahogan y te rodean como esta ciudad nos aqueja en su caos. Para no ser victimas de un silencio terrible, que será la última partida antes de regresar a casa.

¿No quieres hacerlo explotar? ¿O nuestro misterio es más que esto? Qué cuando hablo de explotar me refiero a crear nuestro universo. Y cuando digo que el misterio es más que esto, quiero decir que no es mas que el espejo entre nosotros.

Solamente he venido aquí para verte brillar, dejar de ser un fantasma para poder comer del fruto de tu boca. Esa sonrisa entre sabia y pícara, yo no puedo encontrarle semejanza más que con una telaraña. Bellamente tejida, una última cama cómoda para una presa ingenua. Quiero ser tú presa, que pintes mi nombre en el espejo con tu lápiz labial, rojo sangre con una mezcla de pólvora y diamantina. Y que seamos uno con todo lo que habíamos olvidado en nuestras cortas vidas. Lo autentico que es preguntarse que vemos cuando nos vemos y decir: lo mismo que tú.



Inspirado en Gunshot Glitter. Por Adrián Martínez.

viernes, 10 de junio de 2011

Extracto #1: Visión de una obra en proceso (novela sin nombre)

No sé si me duelen los ojos de verte tan fijamente, o de verte tan poco. Tal vez sea por tantos sueños, tantos planes no planeados que no pasan del papel azul, o si sea producto del poco resultado y la enorme expectativa ¡Eso debe ser! Las expectativas, esas que siempre llegan más bajas de lo que pensamos, que siempre tienen menos efectivo y más deudas. Y es que hay días en que siento la imperiosa necesidad de escribir una novela para jamás mostrarla a nadie. Excepto a ti, inmersa en la lluvia, en las ruinas de tu autodestrucción, donde vienes y me pides por paz, me dices que no perteneces aquí, y tienes razón. No perteneces aquí porque ningún lugar es dueño de tu existencia. No perteneces, eres libre. (Valencia, España, 21 de julio de 1983)

(Ciudad de México, algún café en la colonia Condesa, finales del '84)
-¿Quién necesita un rostro cuando eres un anónimo de metrópolis?- Dijo ella, desenfocándose el rostro en el humo de su cigarrillo. -Un tanque de oxigeno, por favor.
-No le vengas al mesero con tanques de oxigeno, bien sabes que en esta ciudad, es prácticamente un insulto pedirlo. Ahora, dime ¿Por qué venir aquí, no tenías acaso una vida cómoda en valencia? He llegado a pensar que me has seguido, y que la casualidad no fue un factor al encontrarte paseando fuera de mi trabajo.- Le dije, sabiendo que su intento de encuentro casual había sido una especie de burla a nuestro primer verdadero encuentro, el cual sí fue un choque al azar.
-Soy la sombra en tu camino, persiguiéndote. Siempre. Me dejaste libre de mi misma, y en ese orden te llevaste mi condena. Ahora es tuya, y esa condena soy yo, aquí y ahora.- Dijo arrojando el cigarrillo aún encendido a la mesa de atrás, sin importar que hubiera personas en ella.- Vámonos, ahora que ya acabé con mi excusa de almuerzo podemos irnos.
-¿Irnos? Disculpa pero tengo cosas que hacer.
-No tienes salida. Sé que serás cortés y no me dejarás sola en una ciudad que sólo conozco por lo que me has hablado de ella.

Nos marchamos juntos, tenía razón, esa cosa llamada decencia no me permitiría nada más. Intenté explicarle las cosas básicas que uno necesita saber en lugares extraños y enormes como este, el protocolo de vida, el ritmo que se baila según cada barrio, le hablé del transporte, como si se fuera a quedar toda la vida aquí. No lo haría, por supuesto, nadie quiere vivir aquí, los que lo hacen es porque están atados a la contaminación se alimentan del estrés, se visten de él. Es una de esas ciudades que todos quieren visitar, pero en la que nadie quiere quedarse atrapado, la ciudad te come, te hace de su propiedad. Ella escuchaba, o mejor dicho, me miraba de tanto en tanto, no sé si mi voz llegaba a destino. Su mirada entraba en fases rápidas de admiración, de coqueteo conmigo y la banqueta. Yo sólo dejaba de verla para mirar las luces de los semáforos y cuidar algún tropiezo. Se había cortado el pelo a la altura del mentón y tenía un pequeño sombrero negro tapando la mayor parte del mismo. Castaño, limpio, desarreglado. Era lo único desarreglado en ella, aunque quizá fuera efecto del viento. Tenía un blusón negro, probablemente una talla más grande de lo que debería, y un suéter gris tejido del mismo tamaño encima. Una falda entallada y café y medias negras con una pequeña rotura en un muslo. Zapatos de piso. No podía evitarlo, ver cada detalle en ella, lo hice en Valencia, pero mi obsesividad había empeorado, juraba poder darme cuenta si un cabello caía de su cabeza al pavimento o si sus labios estaban más secos que la última vez que los sentí, sólo con verlos. Su bolso no era gran cosa, ella podía haber llevado una bolsa de basura con sus pertenencias en ella y no le importaría. No le importaban muchas cosas realmente.


Por Adrián Martínez.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Underlying lies

I don't feel like I know you
Flawed in trust and in truth your fake excuse.
From the moment that I wake up,
You taste the venom in your tea cup.

As I look out the window
All I see is a deadly row of eyes
With no colour in their makeup.
Many cracks in a mask that hides disgrace.

In the paper there's a headline
"A vicious cloud weighs the sky down tonight".
They forsee a bloody screaming,
In the palms of a man who is seething.

I can smell your fake smile now.
The glue sets on a face you wear proud.
Remind me who the hell you are,
I don't remember ever thinking we were friends.

Spare me your bullshit!
Cracking a smile disguises
All the underlying lies.
They're bursting from your eyes.

You're the traitor with a pounding head,
As you drank another toast to the living dead.
It's not wise to celebrate so soon,
The party's over and you're sweeping up the room.

I'm only glad that I brushed you aside,
Cause I was choking on the dust from your empty mind.
You're full of promises unpaid,
This only serves to remind me you're a fake.
A counterfeit will break...


lunes, 25 de abril de 2011

Pingüinos Pop

Diseñame una sonrisa, una noche perfecta de aeropuerto o camión repleto de extraños como yo. Sí, cómo la última. Tres años y dos madrugadas con mareos me llevaron contigo, dentro del hielo antartico, dentro de trajes elegantes que sólo nosotros pudimos ver. Así fue nuestro patético día... grandiosa noche. Estúpidas palabras que sólo se metían en el camino. Estúpidos kilometros que siguen metiéndose.

Así que dime: ¿Cómo se convierte un show cómico de cultura pop en una novela cinematográfica sobre lo que la gente llama amor y sólo los pingüinos conocen? Quizás y tus ojitos pajaritos de chica Caxcan lo sepan, o tus manos desgastadas y uñas que conviertes en lienzos donde siempre estás tú misma lo hagan.

A tu silencio te diré: la pingüina popotitos, la inadaptada popular que no lo acepta, la que me odia y siempre está ahí, la carretera federal 45 (porque se parece a ti, en lo libre, lo estrecha y delgada), la señora Limón, señorita Benez.

Así que aquí tienes, suficientes párrafos aburridos, como yo. Recuerda que dije que lo era. Suficiente para distraerte otra madrugada. Suficiente para decirte en otras palabras lo que sólo nosotros sabemos seguro, pero que todos saben a distancia. Suficiente para tu timidez, la que se va cuando finalmente estás. Suficientes palabras para alguien que las odia y prefiere reírse de gente golpeándose y comedias noventeras.



"-Sometimes we all need someone to miss... it gets boring and annoying when people are there all the time. But still, that doesn't stop me from wanting to be with you a whole boring day doing nothing at all."


-AM_LR

martes, 19 de abril de 2011

Historias instantáneas: mayo infernal.

1. ¿Por qué me mira? ¿Acaso le molesta que tome las fotografías a diez metros de distancia? ¿pensará en acoso? Oh claro, hundir la cara en un libro de hojas amarillas debe ser la mejor forma de ocultarse. Quizás ella es una avestruz. Quizás ella me acosa a mi. Este parque es usado como punto de reunión gigante, sólo que este en particular no tiene letrero y sin embargo cumple su funcionalidad. Punto de reunión de personas que se buscan a si mismas en hojas caidas y jardineros que riegan parvadas de palomas en el lodo. Quizás ella es una modelo natural, juega y se encadena a mis arbitriariedades y nos conjuntamos en una formula de resultado negativo, como el rollo que está por terminarse, como las fotos que ella cree que estoy tomando pero sólo fingo hacerlo. Quizás ella finge modelar y ocultarse, finge leer y finge estar ahí con el sólo proposito de poder decirse en su cabeza de avestruz: "Estúpido que cree que fingo fingir cuando en realidad fingo fingir que fingo leer a un tipo estúpido que sueña soñar que escribe que escribía soñar que escribe escribiendo que escribía al soñar."

2. Xavier, si eres lo bastante imbécil para pensar que una chica perra con su perra labrador, se abrirá hacia tus conversaciones pequeñas, forzadas y cotidianas; mereces caer a la gusanienta tierra al ritmo de 'Another One Bites The Dust'. Ella se pierde en el pasto y la saliva espesa de su mascota, se pierde en pensamientos que son como brea. Y sé que te dije que tu eras como la brea, pegajoso y oscuro. Pero no, no se pierde en ti, fue sólo un decir. Creo que sería mejor que dejarás atras esas historias de comedias románticas hollywoodenses. La vida no es una pelicula de Adam Sandler, aunque muchas veces sea igual de estúpida. Es mejor que tomes el autobus antes de que los vagabundos dejen de pedir monedas y empiezen a arrancartelas con dedos incluidos.

-Adrián Martínez.

(fragmento del volumen tercero)

martes, 29 de marzo de 2011

Fantasmas de jade.

No puedo romper algo que no ha estado en mis manos, como el hielo. El hielo que te cubre en capas, el que se derrite con pedradas suaves pero sonoras, a veces con cadencia melodiosa y otras con el ritmo de un flechazo. De entre las capas sobresale el jade, que te obsequia la vista y se obsequia a si mismo a los demás, cuando te ven. Es ese matiz que regalas, el que me despista, me manda a la alfombra o al banco; esperando la luz de la pantalla, como si fuera un fantasma.
Un fantasma que me visita en lo fortuito y en lo inesperado, y yo. Yo, un hombre en su búsqueda de lo intocable. Tú, una mujer que pidió inspiración cuando al mismo tiempo me la da. Una mujer que me transmite las palabras que no saldrían a dar su paseo por el papel, sin compañía del jade de tus ojos en la memoria de los míos.

Quiero romper todo el hielo, el que atrapa miedos y destinos mal soñados. Quiero romper cada barrera, en un tiempo nuestro que no siga relojes o días. Quiero dormir en tu jade que me mira, en lo incorpóreo de las conversaciones; dormir no de cansancio, de gusto… Encontrarte por casualidad en la pantalla.

¿Qué tan imposible sería que te transfiguraras a mi realidad, a mi espacio y tiempo, si ya lo haces en mi mente?

-Adrián Martínez

viernes, 25 de marzo de 2011

Memoria estúpida, sólo hay espacio para uno en este craneo.

Recuerdo muy bien. Recuerdo la risa en el aún frío viento de marzo, haciendo correr las lagrimas, las mentiras sutiles y bien guardadas. Esas que cada mujer mantiene en su diario imaginario de las cosas que, según la historia oficial, nunca sucedieron. Era estridente, era como un lloriqueo suave, a punto de terminar, en espasmos. Era como una celebración de victoria virtual en un juego de un sólo participante. Era tan como ella, indescifrable, problemática hasta la médula.

Me mantuvo en el limbo, en el purgatorio sin sentencia alguna, más que la de la espera. Danzando estoicamente en búsqueda de algún evento fortuito, hasta que llegué al diario y lo leí. Al leerlo, mi cara entró en una rápida metamorfosis, un remolino asqueroso de carne y cabellos que pasaban de la ira a la paranoia, de la tristeza al ímpetu del cambio. En esta última, aislé al ego que me acechaba y logré expulsarlo el suficiente tiempo, para encontrarme con la indiferencia. En el camino me encontré con el olvido, momentáneo, olvido que reconoce pasado pero simplemente no le da un saludo. En fin, olvido que te da palmadas y te invita las copas cada noche.


-A.M.