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lunes, 7 de enero de 2013

Hambror


Escribirte como quiero es lo mismo que aprender a cocinar. La misma operación, buscando los ingredientes que me has traído selectos del mercado de tu vida. Un mercado colorido, de frutos con consistencia apenas madura. Tienes personas que gritan avivadas a metros del teatro, parejas histéricas un fin de año. Tienes abejas bailando entre olores marchitos de una jornada de trabajo, cabellos enmarañados de una noche entre tres cobijas y una losa.


Ir al mercado es una necesidad ahora, pasearme por los corredores y no dejar nada fuera de la vista miope. Tocar todo lo que pueda comerme, o simplemente tocar todo lo que tenga textura alguna. A veces no es necesario comprar nada, o decidir donde comer, basta con el recorrido, con la vista y la multitud que no se da cuenta de nuestro encuentro. No es necesaria la compra, porque al salir de ti me traigo la mano a los bigotes maníacamente y tendré tus aromas matutinos vespertinos y con suerte nocturnos. El aceite que se forma en las pendientes que te dan cara cuando me rozan tus porosidades. Las excentricidades y los chistes de los puestos que me ponen en escena para aprender a mezclarte en pequeñas notas mentales, en toda extensión. Para prepararte, una danza. Tú una encantadora de alimañas, y yo una serpiente que no sabe si meterse en ti, enrollarte con mi langido cuerpo, morderte o matarte de una sola vez.


Para comerte, sólo se necesita hambre. Yo soy un pozo sin fondo y tú eres un mercado. Así que dime, ¿cuándo me faltará el hambre y cuándo me faltará quién la sacie como tú? Si mi visita nunca es obligada, sino necesaria.

A.M. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Donde hay una iglesia hay un balón

Los caminos de ésta ciudad están pavimentados de glorias pasadas, de castigos y segregaciones, de un estereotipo que nos han cargado desde a guerra cristera. Y por un buen tiempo, al menos nuestros cuereros tenían la dicha de regodearse en su gran equipo, ganón, luchón, con figuras casi míticas. Casi al mismo tiempo en el que todos dejaron de voltear a la capital del calzado, como la cuarta grande de México; el equipo esmeralda dejó el circuito cuasi-legendario del corrupto fútbol mexicano.

Similar al mito del éxodo judío, León siguió lo que parecía ser una profecía. Diez años, en cualquier conversación dominguera se mencionaba el regreso a la liga prometida ¿No era risible el pensar que esa imagen de Benedicto XVI lanzando su bendición al Nou Camp, acabaría con la maldición?

Bueno, pasó. Y desde aquel milagro institucional del ascenso hay que resguardarse. Ya saben, meterse al búnker que uno no tiene y esperar a que pase la tormenta cuando esos colores verdes van gritando por la avenida principal. Vitorean y se pitorrean en su victoria, y hacen lo mismo en la derrota, pero añaden a la receta una forma de hooliganismo barato que fastidia más de lo que destruye en la catarsis de sus frustraciones. Y no es que no pueda entender las pasiones que mueven a las hordas, pero es que yo nunca podré sentirme parte de una cruzada como ésta.

Y claro, lo admito ¿A quién no le interesa de tanto en tanto jugar y cocerse al sol del domingo? O ¿Quién se negaría ante la excusa perfecta que proporciona un juego para emborracharse? Pero entregarse religiosamente a la defensa de un color y una institución viciada, es repito, un acto digno de caballeros templarios durante las cruzadas.

Y ya quiero ver a Matosas crucificado, muriendo también por sus adeptos, para salvarnos a todos del mal fútbol y llevarnos entre trompetas y colgados de redes de portería, hasta lo más alto del balompíe mundial. Ya quiero ver, porque desde aquel día pareciera que todos estamos cegados ante el espejismo del juego. mientras los semidioses que traemos de Colombia se consiguen damas de compañía y se emborrachan en fiestas un día antes de los partidos importantes. Eso lo vi. 

Y es entonces que ya no sé si quiero ver fútbol, o si no lo veo por las mismas razones por las que no entro a una iglesia desde hace años.


Por: Martínez, Adrián (2012). Publicado originalmente en El Fanzine del Cerdo Violeta No. 3. Octubre 2012. Santa Maradona ruega por nosotros. León, México, pp. 13.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Warnke VS Urquico (Knockout técnico)

Por: Adrián Martínez. 
Publicado originalmente en el blog El Parergón: Crítica y réplica del arte, 3 de nov. del 2012.

Llega un momento en la vida de un chico de 21 años en el que se debe decidir entre una chica que lee, y una que no lee. Entre encontrarla en los vapores alcohólicos de una discoteca o en el moho pulverizado de una edición sesentona de Rayuela. Entre una chica que te dará seguridad y placeres sedentarios o una que te dará emociones circunstanciales y aleatorias.

Un poco menos comunes son los momentos en los que eres un estudiante de periodismo, que se dedica a publicar artículos de reflexión personal en conocidas páginas de opinión estadounidenses que se ven convertidos en sensaciones virales. Y menos aún cuando para tu propia sorpresa, en el hemisferio contrario del planeta una chica hace una réplica silenciosa a tu artículo que se vuelve indispensable en la lectura del tuyo y viceversa.

En el mundo tan personal de los artículos, cualquier réplica, directa o indirecta que llegue a estas instancias mediáticas (aunque el medio se limite a algunos cuántos lectores de blogs) es convertida eventualmente en un duelo de posturas, de golpes certeros y desatinos ridículos. En este sentido, se puede actuar y maniobrar críticamente sobre este tipo de encuentros literarios de la misma forma que se puede actuar como juez en una pelea de box. Juzgando la técnica y el estilo galante o salvaje de los golpes asestados -en este caso argumentos, frases, líneas, etc.- que separan a dos personalidades que se desenvuelven en una misma disciplina y tema, para así saber quién rompe las líneas más delgadas del ejercicio crítico-pugilístico de las letras.

En la esquina azul, periodista, ensayista y poeta con sesenta y nueve kilogramos de peso y veintidós años; directamente desde el área de la bahía de San Francisco, California: ¡Charles Warnke!

En la esquina roja, comunicadora social de cincuenta y ocho kilogramos de peso y veintitrés años; de sangre peruana y desde la lejana tierra de las Filipinas: ¡Rosemarie Urquico!

Antes de la confrontación, sería buena una retrospectiva de este encontronazo literario. El 19 de enero del 2011, Charles publica el artículo llamado “You Should Date An Illiterate Girl” en el portal Thought Catalog. El mismo rápidamente se expande en forma de viñetas en Tumblr y demás blogs. Para mayo del mismo año, llega a ojos de una estudiante de comunicación social de Filipinas, quién en su propio perfil de facebook hace una traducción de éste al español, y publica una versión propia titulada: “Sal con una chica que lee”. Es compartido decenas de veces, hasta ser publicado junto al original –traducido-, el 24 de mayo en el sitio web El Mal Pensante.

A través de los rounds, podemos notar el estilo de cada escritor para defender su resolución a la problemática de las chicas que leen. Urquico se mueve rápidamente, con catorce párrafos breves, inclusive con un par de líneas solitarias que vienen bien y directas, pero quizás demasiado benevolentes. Trata de reivindicar, con cada desliz de su mano, la posición claramente propia de una chica que lee. Nos regala el movimiento de una chica snob, que se enfrasca en el cliché del café de librería, que dice entender a Joyce a la primera leída y que espera ansiosamente una nueva entrega de Murakami; una más de las legiones de modernas de pueblo desesperadas por ser Amelie. Su gran acierto, su gran contraataque es la descripción del chico que busca a una lectora. Alguien que sabe perfectamente como mentir y como usar los diálogos a favor de sus fracasos y desavenencias románticas.

Warnke, se defiende (el ataque es la mejor defensa) en una forma mucho más pesada. Se acoraza de un ritmo constante de oraciones cortas plagadas de referencias exactas del estilo – y ciclo- de vida de un norteamericano común del viejo oeste moderno. Una voraz representación de la placentera pero aburrida vida del sueño americano. Retorciendo términos en sus puños con un humor que pareciera sacado de una buena comedia de situación. Se desplaza de la sugerencia de una vida, a la justificación de porque una lectora solo podría destruir a alguien como él. Deja las oraciones simples para elaborar en el por qué una vida en el purgatorio es mejor que la vida en el infierno que nos daría esa otra mujer. Los golpes más duros al contrincante están dirigidas a lo mismo, la descripción de la persona. Ella, su vocabulario que atrapa, engulle y escupe cualquier diálogo barato; el conocimiento de la sintaxis que le permite predecir el desenvolvimiento de la trama que escriben juntos. En los dos embates finales, revela en la defensa del contrincante dos argumentos decisivos: la chica que ha leído, leído de verdad, con verdadera pasión y dedicación; ha pasado por tantos héroes, tragedias y muertes que poco le importara tu propia partida. Ella es en realidad quién cuenta la historia, y no permitirá que sea de otra manera. Lo hace ella y su Joyce, y su Nabokov, su Wolf, su Plath, su Cortázar y su Aster. Ella te hará ser todo lo que no eres, te narrará de la manera en que le des significado a su nuevo libro. El golpe final es una despedida, no un knockout. El último round se cierra mandando a Urquico a su esquina de vuelta con su entrenador, Hemingway.

Ante el ojo del espectador, ha sido una pelea cerrada, nadie ha caído, se han mantenido en el ring de dos pies, tambaleantes y jadeantes con cada palabra. Pero el jurado tiene que nombrar a un ganador, y en esta pelea es Warnke. Alzamos su mano en línea con la traducción y trabajo de Urquico porque a pesar de que ella ha llegado al encuentro fresca y con carácter de novedad literaria –aún cuando ambos sean novísimos-, es su actitud casual e inacabada la que no le permite ponerse adelante. Su prosa es una caricia que intenta sobornar al contrincante, mientras que la del californiano va a la mandíbula. Va un paso adelante, resuelve y da dos panoramas completos. La filipina resulta en pasajes cursis de una vida ejemplar que no existe, a la que se podría aspirar, curiosamente parecida a la de la vida de sueño americano que describe el periodista.

Más curioso es que al día de hoy, Urquico se ha ‘escondido’, no ha publicado nada más y no hay rastro alguno de ella más que algunos mails publicados en tumblr. Warnke sigue publicando en su propio blog “Punctuate This!”, en Thought Catalog y ha ganado ya el premio de la ciudad para nueva novela, aún sin haberla publicado (en septiembre de 2012). Participa también en las ediciones de Literary Death Match, lecturas en voz alta calificadas por audiencias en San Francisco, donde también ha resultado victorioso.

Habrá que estar atentos, quizás los héroes literarios no vayan en decadencia y veamos algún novato quitarle el cinturón a alguno de los mencionados arriba, por más improbable que parezca.


Pueden leer ambos artículos aquí:
http://elmalpensante.com/print_contenido.php?id=1904

O leer “You Should Date An Illiterate Girl” aquí:
http://thoughtcatalog.com/2011/dont-date-a-girl-who-reads/

Lee también las demás críticas de El Parergón: Crítica y réplica del arte aquí:
http://elparergon.blogspot.mx/

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Cómo aprendió a leer Adrián Martínez?


"Mientras en la educación preescolar Adrián pataleaba contra una maestra senil y delusoria, porque ésta no le daba la nota aprobatoria para comprobar oficialmente que ya sabía leer; en su hogar el pequeño Adrián de seis años tomaba sus dos primeros libros: Una enciclopedia de tiburones y otra de ballenas que le habían regalado sus padres dos años atrás.  El padre de Adrián comenzó a mostrarle documentales acerca de la vida animal desde que este comenzó a hablar, por lo que era solo lógico que sus primeros libros siguieran la misma temática.

Posteriormente Adrián siguió leyendo libros y revistas de divulgación científica, pensando en convertirse algún día en paleontólogo o quizás biólogo marino. Alrededor de los ocho años comenzó a leer también revistas de crítica política tales como El chamuco. Aunque quizá este tipo de lecturas no eran apropiadas para el pequeño Adrián, definitivamente le dieron un amplio empujoncito a su aprendizaje. Las lecturas ‘infantiles’ le parecían aburridas -ahora ya no- y después de los diez años y movido por sus relaciones personales tempranas y una fascinación por las dinámicas humanas, comenzó también a escribir. Es aquí donde se hace necesario aprender a leer novela, cuentos, etc. Haciéndose estos finalmente del agrado de Adrián.  Hasta la fecha a sus veintiún años, Adrián sigue aprendiendo a leer con cada nuevo libro que abre, al mismo tiempo que aprende escribir con cada texto que produce."

La polaridad de las relaciones amorosas; el instrumento de la conquista.



    Es el tema más sonado, más comentado, más debatido; el amor. Pero detrás de esa palabra ¿Qué hay? ¿Habrá acaso un sistema, símbolos claros e inequívocos para tratarlo? En realidad no es tan complicado como parece, si dejamos de lado la cursilería, el romanticismo, y el apego personal al tema. Hay que tratarlo como tratamos a la política… Bueno, eso tampoco ayuda mucho ¿no? Pensemos entonces que tratamos el ritual de apareamiento de alguna especie animal, preferentemente un mamífero como nosotros. Hay que dejar de lado que sabemos que existe una ética y una racionalización humana porque de eso hablaré más al rato. Lo primero que encontraremos para analizar es una polaridad evidente entre géneros, más específicamente en lo que estos buscan en el otro. En una especie patriarcal como la humana, el macho buscará a una hembra fértil (el concepto de fertilidad se mantiene, sólo el canon estético es el que cambia), que se adhiera al hombre en el sentido de realizar las actividades que permitan al macho hacer las suyas, un apoyo, es decir; busca a una mujer que lo haga sentirse hombre. Esto último se repite a la inversa, la hembra busca un macho que la haga sentirse hembra, pero que también represente la mejor carga genética, esa fuerza de sobrevivencia y sí, también incluye al intelecto. Se tiene la idea de que las primeras humanas buscaban solo al hombre más hábil o más fuerte, sin embargo, la teoría no diría que estamos dejando fuera, y menospreciando el intelecto de estos hombres, que tenían que tener todo lo posible; fuerza, creatividad, intelecto, salud, etc. Se tiende a pensar que los hombres muy “inteligentes” que tienen poca suerte con las damas son victimas de injusticias, y que su valor en conocimientos los cualifica para tener a una dama atractiva, etc. Sin embargo, esto no es más que un concepto superficial aplicado de nuevo, a la inversa; una suerte de discrepancia positiva que no demuestra inteligencia, sino una necesidad de urgencia. Los conocimientos no hacen al intelecto, es la astucia, la audacia, la creatividad lo que lo hace. Es por eso que un hombre astuto con mucha frecuencia también es un hombre que hace reír a las mujeres, y que juega con naipes que son invisibles para ellas, incluso las hacen jugar sin que se den cuenta del juego o de las reglas. Esta astucia natural ha sido regularmente lo que lleva al éxito a un hombre, incluso a veces sin importar que no cumpla con el estereotipo estético de la época. A veces la perfección no está en el físico, sino en lo saludable del mismo. Es así que una mujer probablemente no elija estar con un hombre demasiado alto o musculoso, que difícilmente entre en alguna prenda sin romperla con sus enormes músculos. Es más probable que elijan a alguien de complexión media. Es aquí donde tocamos otro de los puntos a analizar, las proporciones y la generalidad como conquista.
  
    La simetría. Da Vinci buscó la simetría perfecta en el cuerpo y rostro humano. Hay ciertas proporciones que nunca cambian, y que se consideran generales; por ejemplo: que la distancia entre los ojos sea de menos de un tercio del ancho de la cara, que la distancia entre los ojos y la boca sea de poco más de un tercio de la altura de la cara, etc. Si tomamos muestras de rostros masculinos y femeninos de cada país y hacemos un montaje combinando sus facciones imperfectas y no tan simétricas obtenemos la imagen de un individuo que sí tiene estas proporciones “perfectas”. Si hacemos un estudio encuestando a personas del sexo correspondiente para que nos digan si la imagen del rostro genérico generado les parece atractivo nos dirán en su mayoría que sí, pero también encontraremos la expectativa de que sea una persona “aburrida”. La perfección nos atrae, pero al alcanzarla tendemos a despreciarla.

    Volviendo a las polaridades. Entre decenas de comentarios de hombres encima de 30 años, al preguntárseles sobre porque no tuvieron suerte entre los 15 y los 30 con las mujeres, podemos sacar algunas conclusiones, una especie de tratado de la conciencia amorosa femenina que según estos mismos aplica al menos para el 90% de las mujeres: Antes de los treinta, las mujeres escogen; escogen hombres que las hagan vivir emociones porque en esta época todo es circunstancial y emocional para ellas, la lógica y el porvenir no les preocupa. Son meramente instintivas. Pero la polaridad en este tren de pensamiento cambia a partir de los treinta, cuando el macho antes beta, ahora le ofrece a la hembra las necesidades que dejaba de lado antes. El macho antes beta debería haber aprovechado en teoría su fracaso con las mujeres en esa primera etapa preocupándose por mejorar su propia vida y quizás hasta llegando a olvidarse de esa meta de tener a una mujer. Es entonces cuando éstas llegan finalmente a él. Aquí es dónde empieza la era del hombre. Él escoge, el tiene el control, y al final se da cuenta de que no necesita de una mujer para sentirse hombre.

    Hay que dejar claro que no todas las parejas, ni todas las mujeres u hombres pasan por esto al pie de la letra, hay un pequeño porcentaje que está realmente consciente de esto, y no deja el instinto o la tradición les domine los sentimientos; el amor podrá ser una locura pero incluso en la locura hay un poco de razón. 

Por: Martínez, Adrián. Mayo 2012. Extracto de "La termodinámica del eros for dummies".

martes, 29 de mayo de 2012

Ni hada ni bruja

   En realidad no había razones para idealizarte, no había grandes conexiones, mucho menos a la altura de las últimas que viví antes de tu llegada. Aún así hice lo de siempre, di lo de siempre esperando lo que nunca. Yo mismo te quité lo único santo que tenías, yo mismo contribuí a que enredaras más tus cabos, siempre lo supe, sólo me equivoqué de sospechoso. Ya que importa, no hay elegías, ni gran tragedia; ni asedio nocturno, ni pesadilla que acorrale. No existe ni el esfuerzo de cargar a la rutina y moldearla en otro horno, sólo están los treinta y cinco grados centígrados y la sed alcohólica de hace dos años. No hay gran aprendizaje ni parteguas, no hay ningún monolito que hayas olvidado destruir; ni situaciones hipotéticas que alterarían este día. Entramos al salón sin expectativas, bailamos, pero al terminar la fiesta, las expectativas nunca llegaron, y si tocaron la puerta, nadie jamás las escuchó.

    Ya no estás en el pedestal, ya no tienes ni pizca de divinidad. No proyectas nada, porque no hay luz que puedas generar, siempre se refleja. Estás en apuros pero te encanta andar como si tuvieras el velo que jamás vestirás. No llamas por ayuda, gritas por atención. Si te tienden la mano, primero pensarías en mostrar cuanto la necesitas que en tomarla, luego caes. Eres contradicción andante que encanta, pero no está encantada. No eres mágica entonces, no eres aquella hada libre. Olvidabas que las hadas siempre eran madrinas de alguien, cómo tú; y que eran pequeñas criaturas que difícilmente podían causar alguna relevancia. Olvidabas que las hadas son sólo luciérnagas buscando aparearse antes de terminar su fugaz existencia. No eras tampoco una bruja; ni me atemorizaste nunca, ni pusiste conjuro alguno sobre mí para matar mi voluntad. Olvidabas que las brujas no necesitan magia alguna para derrumbar las murallas de un hombre mortal. Y yo que fui hombre de viento, sin muralla alguna que no me haya roto otra bruja antes, te pasé como una brisa, del invierno a primavera y daré la vuelta de nuevo, tú estarás aún en el suelo, aún pidiendo manos sin tomarlas, aún poniéndote un velo para que nunca te lo quite aquél a quién tu idealizas exactamente de la manera en la que yo no lo hago contigo.


 Por: Martínez, Adrián. Maniobras incompletas, 2012.

viernes, 18 de mayo de 2012

Querido escritor de red social...

En la era de las redes sociales, hay escritores que se vuelven exitosos, reconocidos por sus tuits; breves comentarios de 140 caracteres que causan furor entre espíritus adolescentes, que con suerte, tienen el interés suficiente para leer unas cuantas líneas de texto. Lo mismo en facebook. Luego repiten la fórmula; copian, modifican, se adjudican frases extraídas de obras extensas que tuvieron el ...infortunio de ser parte de la cultura pop y ser recordadas por juegos de palabras de fácil degustación. Borran las que no funcionan, que no son compartidas o no obtienen likes. Se hacen de una fama igual de corta, igual de profunda que los milímetros de piel en sus párpados impidiéndoles ver más allá. Y esta frustración ajena no me cabe en un tuit.
Por: Martínez, Adrián. Mayo 2012. 

viernes, 11 de mayo de 2012

De bandos y periódicos quieren tapar el bache

Fue un reflejo, nada más. Agarré el periódico, y levanté la ceja al tiempo que retorcía la boca, no de disgusto, suelo parecer un antipático. Quizás esto hizo que se atreviera a preguntarme "¿Qué? Eres azul ¿verdad?". Efectivamente, yo iba vestido de azul, excepto por unos botines deportivos cafés, pero como no lo creí suficiente para confundirme con un pitufo, respondí en vez de simplemente hacerle la misma seña con la mano que le hago a quien pide dinero en la plaza principal.

¿Azul? No dije ni pío, y hacer una cara me hace azul, vaya, pues entonces me has ayudado a engrandecer mi conocimiento de mi mismo, y quizás hasta has esclarecido mi posición política, favor que me haces al calificarme basado en una mueca. Mira ya, no digas más, mejor tómalo de vuelta, si te sirve de consuelo no tomo nada azul, que no sea vodka con bebidas energéticas. No, mira que no estar a la izquierda no significa que esté a la derecha, también se puede observar la imagen desde lejos, así es como disfruto esto, porque al disfrutarlo más de cerca, siendo participe activo de algún bando, inevitablemente alguien vendrá a joderte tu pequeña burbuja ideológica, y a mí aunque me jodan desde ambos bandos, no me revientas nada, si acaso podrías picarme un ojo con ese periódico.

¿Indiferente? ¿malinchista? A mí que carajo me importa lo que piensa un país que se esforzó por darme todas las razones necesarias no para huir de él, sino para olvidarme de esa "obligación" de entregarle mi existencia a una sola idea gastada y que ha probado durante siglos no funcionar. Yo soy ciudadano del mundo, y así libro a esa misma idea de toda culpa, mientras tú te esmeras en ser un patriota. Culpando todo el tiempo a una idea de nación que no se puede defender de sujetos como tú.

Por: Adrián Martínez, Mayo 2012.

Falta #1

Faltaría ser el foco de la calle
que prende y apaga para nadie.
Porque ya eres el mosquito 
que vuela ciegamente a estrellarse
para que al apagarme 
seas libre como quieres.
Y me tengas prendido otra vez
cuando tus cientos de ojos 
me miren de nuevo 
en un caleidoscopio. 

Faltaría desaparecer 
en algún estadío de la memoria,
deshacer los nudos del marinero
que alguna vez te pescó 
en un mar de humo y lujuria.
Habría que cortarlos súbitamente
pero faltaría un epitafio apropiado,
uno que no podrás darme,
al opacar la vista como antes
al ahogarme tu réplica.

Faltaría el cómodo silencio,
al final de tu lista de consejos.
El optimismo sencillo de una brisa
para un extraviado de siempre
entre las excusas y un jamás.
La sonrisa tras el cristal,
dejando espectros de colores
que no conozco ni conocería,
si faltara la luz que te pone en foco.
O el lazo que guarda tu silencio.



 Por: Adrián Martínez, Maniobras Incompletas, 2012.


sábado, 5 de mayo de 2012

Oasis se escribe en fondo negro.

     Me tiré a la cama, me quedé horas pensando en todo lo estúpido que se puede ser, todo lo ciego. Persiguiendo espejismos mientras los oasis de verdad esta esperándolo a uno. Y los dejé esperando. Me fui a secar, esperando ingenuamente alguna lluvia, y las nubes venían con frecuencia, pero se iban más rápido que mi cansancio. Tirado en mi cama, en un desierto dónde las palabras fueron viento apilando arena sobre mí. Una sabana cálida para un cuerpo que nunca estará absento de los daños colaterales. Y ahora estaba absento de tu cabello, que parece listones de cuero negro. Ojalá tocaran ésta piel para hacerla sentir plena. 

     Si tan solo hubiera estado ahí para hacernos el intercambio habitual después de meses, si el encuentro con la casualidad no me hubiera llevado lejos, con unas esposas que ahora ya no son juego, que hoy pierden sus llaves para dejarme aquí en mi cama atrapado entre arenas movedizas; estaría celebrando el acostarme en tu tierra, sembrando semillas entre alientos nuestros. No necesitaría buscar mi "Mojo" en un espejismo para sentirme satisfecho.

    No me aquejas, yo me aquejo en el no saber que fue de esa celebración que prometí, en el intercambio que pospuse. No quiero saber, estoy cegado por este sol de medio día y las esposas que tengo en las manos parecieran haberse movido a mis pulmones. Te escucho trotar lejos de aquí y las memorias se disparan, los ritmos se caen lentamente... Oh, belleza oscura, compañera debería estar ahí, aún no es muy tarde ¿o sí?

    Hasta la más preciosa plata y el oro de más quilates, las perlas aún en la carne de la ostra; se postrarían contra los nosotros si fuéramos siervos únicamente de los dos. Renaceríamos de entre los ritmos que rompieran el silencio, siendo atemporales, dejando cualquier número de lado  y sobre todo, estaríamos en brazos del otro por un instante.

    No importa si me das sólo la llaga de tu desdén, querida; quiero más. Que me des tus opiniones como látigos bajando por mi espalda; dame más. Porque eres tú quién espero ver, eres tú la belleza en mi bestia, el oasis en mi desierto, lo cálido en mi cama, la culpa comiéndose mi cabeza, compañera querida, intercambiemos palabras de nuevo, porque no pienso cambiarte a ti.


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domingo, 29 de abril de 2012

Chuy


       Mesías te llamaron, y muy a pesar, de ti ya nadie se acuerda, ni de tus palabras ni tus gestos. Estás por ahí hecho mineral o exhumado en su cripta, porque fuiste cualquiera de nosotros; y ellos están tras vidrios blindados porque se comieron tu recuerdo, se tragaron sus propios textos, nunca fue tu carne. Te venden, te manufacturan, eres una licencia creativa más, parte de la gran corporación sentimental apostólica y romana.  Ahora te pasan por alto, te volvieron una excusa y te postergan para esperanzar (paralizar) a una ciudad. El  tipo de blanco pasa y sonríe, recibe, bendice en palabras grandes, las palabras que pocos hombres deberían atreverse a vociferar. Las palabras que quisiste dar a entender, pero nadie nunca entenderá porque una palabra no se vive. Y tú no eres más que eso. Una de esas palabras grandes y muertas de las que hay que limitarse a escuchar y leer. No te como ni te bebo, ni te creo ni desconfío, pero no te pido porque no puedes darme nada. Y aún así, tampoco puedo negarte, si estás todo alrededor mío.

       En tu muerte estás un paso adelante, adentro todo se hace éter, adelante todo se interroga. Estás siempre a un paso más de ellos, víctima de un atropello o de un carnaval que no admite ganancia alguna. En un puesto de tacos, en el apodo de un niño. Ellos están aquí tres días y se quedan en vasos de cebadina, en banderas blancas y amarillas, en medallas, carteles, postres y camisetas. Pero de ellos, de ellos un mes después nadie se acuerda, son basura, souvenir y presunción de un gobierno, nada más. Y tú sigues apareciendo con cada estornudo, con uno o mil niños al nacer, en la expresión de preocupación sincera de una madre o en un diálogo mal actuado de un éxito de blockbuster. Y como antes, como todos, como cualquiera; mueves el pie, lo pones adelante con violencia o desgana. Te has ido de su ritmo, te has querido escapar una vez más de tu mortalidad y la aberración de la memoria. Un paso adelante y al apoyar el talón miras atrás, como un fugitivo ingenuo te limpias el sudor, igual que la primera vez: miras a quien te persigue, no lo que te hará caer. No sé que hiciste con certeza, pero sé lo que hacen ellos y tú que ya no puedes hacer nada, estás hecho un soplo de aire, una porción de tinta. Y yo que puedo hacerlo todo, que soy como tú, que podrían beberme y comerme, no hago nada más que escribir dos párrafos para ti. Los verás inerte sin poder hacerme replica alguna en los ojos de algún Pepe Chuy.



Por: Martínez, Adrián (2012). "Chuy” En El Fanzine del Cerdo Violeta No. 2. Mayo. ¡Hip, hip, hurra! Mi futuro está en ser un cura. León, México, pp. 11-12.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Grandes errores.

#1: Ser un número.
#2: Ser un nombre.
#3: Ser una cascara seca de lo que se solía ser.
#4: Hacer lo que diga una tabla de arcilla en el desierto.
#5: Creer que lo que dice un libro es verdad por el solo hecho de ser un libro.
#6: Esperar pacientemente sin ser tú paciente ni nada de eso.
#7: Atribuirle habilidades cósmicas y ultraterrenales a un número.
#8: Confundir hambre con aburrimiento.
#9: Inmolarse con una pistola sin balas.
#10: Creer que se sospecha cuando en realidad se sabe perfectamente que algo es cierto.
#11: Pensar que hacerse el tonto no le hace a uno un tonto paradójico.
#12: Pensar que evitar a toda costa todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le mantendrá a uno contento.
#13: Pensar que todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le llevará a uno a encontrar la felicidad eventualmente.
#14: Leerse a si mismo como forma de matar al antiguo "yo", cuando solo se le hace más fuerte.
#15: Escribir para uno pensando como lo leería el otro.
#16: Creer que se deshace del ocio llevando a termino responsabilidades igual de inútiles.
#17: Tener un teléfono móvil a la mano de la misma forma que se tiene una botella de whisky.
#18: Beber whisky de menos de ocho años combinado con un tequila que solo pretende ser tequila legítimo.
#19: Confiarle tu destino a una moneda, por pereza.
#20: Tener una fé ciega en cualquier aparato que funcione con electricidad o combustible.
#21: Argumentar algo, darte cuenta de que estás equivocado y luego seguir argumentando, solo por joder.
#22: Actuar por la vida como si se tratase de una película de comedia romántica independiente.
#23: Seguir los pasos del personaje de una película, sabiendo que al final todo se jode para él.
#24: Poner sal en vez de ázucar en el café, y aún así beberselo.
#25: Esperar que los sentimientos se tranfiguren a voluntad, como si no fueran entes etéreos e irracionales.
#26: Construirse un destino con una mezcla de líquidas coincidencias confundiéndolas con convicciones sólidas.
#27: Hechar a andar una fábrica de mentiras, dejando de lado que en cualquier fabrica el producto puede ser defectuoso.
#28: Caer miles de veces con la misma piedra, descubrir que se ha vuelto una adicción, una especie de síndrome de Estocolmo y seguir "disfrutándolo" en la misma medida que se adolece.

jueves, 23 de febrero de 2012

Desconocidos.

Señorita Desconocida, llévame a un lugar desconocido, tómanos una fotografía antes de que las luces se apaguen. Cántame una canción antes de que no tenga forma de regresar, tómate un trago conmigo antes de que te vengan a buscar. Tuvieron que pasar siete mil seiscientos sesenta y cinco días desde que respiré por primera vez hasta que respiré los sabores que se escondían en tu sonrisa. En fotografías parecía ideal, en la realidad no deja de ser menos adorable. Tuve que caminar dos mil metros la primera vez que te encontré. Ahora dos mil metros no son nada cuando estás tú al final del camino. Señorita Desconocida, en cada poro erizado de tu piel al rozar su cuello, se esconde un misterio, una historia que has tenido que saltar como un charco cuando caminamos, para poder reconocer lo inesperado, un extraño desconocido como yo. Quizá no te escribo de la manera más correcta, pero me gusta pensar que lo hago de la manera más honesta, y no podría ser más honesto que cuando te digo que me agrada enormemente el regocijo de tu mirada, las formas alargadas que hacen tus pícaros ojos y los brillos que se despliegan frente a mí, como un niño al que le han descubierto una travesura. Me agradas como si fuera yo un perro, a punto de recibir un filete al borde del comedor, moviendo la cola tan fuerte como un látigo y con la lengua fuera de la boca como si un pez rosado estuviera fuera del agua. Como si fuera yo una mosca revoloteando alrededor de una fruta madura y exquisita que alguien olvidó, posándome en ella y disfrutando su néctar para mí, solamente para mí.

Señorita desconocida, tienes la forma de una guitarra, será por eso que siempre que te veo siento el impulso de tocarte, de provocarte algún sonido. Ves mis ojos más claros de lo que yo mismo los veo, será que ves de mí incluso lo que yo mismo no conozco. A veces me parece como si hubiera llegado a una isla desierta, dónde solo tenía que seguir la playa hasta llegar al otro extremo, dónde llegaste tú, pensando exactamente lo mismo, que estabas sola, que siempre serías una desconocida, que estabas varada en la isla de la soledad. Y la verdad es que ahí estaba yo también, no pude escapar de la atracción, como no pude hacerlo de la olas que me trajeron a tu isla. O quizás podría escapar, el punto es que no lo quiero. El punto es que eres inevitablemente desconocida, infinita, y señorita Desconocida, siempre serás esto para mí, siempre señorita siempre desconocida, siempre solamente tu, y no te querría de ninguna otra forma, y al mismo tiempo te querría de cualquier forma, y podría decirte tantas cosas, llenarte libreros de palabras, lienzos de colores, copas de vino y discos de canciones y no sabría como llenar lo que significa quererte, lo que es uno y cada momento, algo desconocido. No quiero ni explicártelo, porque sé que sin decirlo tú ya lo tienes, porque me conociste como un desconocido.

-Adrián Martínez

martes, 31 de enero de 2012

Quimera.

Uso este recuadro para secar mis ojos a un sol virtual. Uso este recuadro porque jamás podría tenerte colgada sobre mi pared para contarte sobre mis días. Vengo aquí y te digo cosas que no querrás saber, ni nadie más, pero vengo aquí porque no me veo escribiéndoselas a nadie que no seas tú. Y pienso que si es un crimen tomarme las cosas en serio, de la misma forma que me tomo ésta botella que me mata un poco más las entrañas; pues debería estar preso, debería estar en una silla eléctrica, aunque lo más probable es que termine en una celda acolchada tomando tres dosis de clorazepam al día. Y si pudiera entender como es que el río del espacio-tiempo puede alterarse tanto con una sola piedra que le arrojen, cayéndose en una cascada dónde hay un desierto que lo secará todo; podría decirme a mi mismo que no fueron solo un espejismo las gotas de lluvia que han caído desde que te has ido.

Si el orgullo del pingüino fuera un poco más digerible, sino tuviera que recorrer una tierra deshabitada, dónde vine a perder mis alas; probablemente habría volado, probablemente te habría llevado conmigo, no sé si a un abismo o a una cueva, o de regreso a la selva dónde creí que pertenecías alguna vez. Si fuera un poco menos como yo, no habría escrito todas las noches de un invierno con mi nombre en una hoja; mucho menos habría entregado una semilla sin saber que jamás sería plantada. Tal vez debí haber sido médico, como mi padre me lo repetía. Así evitaría tener el tiempo para destruirme constantemente. Tal vez debí haber sido físico, así los cálculos no me fallarían de la misma forma que me falla el sentido común.

Pero todas estas posibilidades se resumen a un error... Un tiempo pasado que saca las garras, que me grita porque yo ya no puedo hacerlo. Las interpretaciones del hubiera y el podría, las palabras que se acumulan a cada momento porque no me las puedo quitar y solo echarlas de menos. Los anhelos que siguen oxigenando al músculo cansado de bombear.

Al final, el error fue querer domar a una fiera... donde no había más que una mujer.


Por: Adrián Martínez. Enero 2012

lunes, 23 de enero de 2012

Algunos hombres solo quieren ver el mundo arder.


Hay algunas personas a las cuales la sola idea de un mundo yéndose por el espiral indomable del apocalipsis, entre cantos de humanoides emplumados y trompetas de oro; les resulta una probadita de cielo. Para otras, esto no es más que lo que les podría ofrecer un queso crema. Hay algunas personas a las que les resulta orgásmico el pensar en cambios místicos, refiriéndose al advenimiento de una edad de claridad y paz, predichos por culturas a las que realmente solo les importaba la guerra y tener cultivos para no morir de hambre. Algunas otras, quisieran simplemente un cambio en el temporal, un poco de lluvia para no morir en la pobreza extrema. 

Algunos ancianos leen los periódicos cada mañana en la plaza principal, para recordarse a si mismos, todo lo buena y significativa que fue su juventud comparada con las frivolidades de sus nietos. Hay otros que leen las noticias esperando encontrarse con que alguien haya inventado la manera de volver en el tiempo, para poder evitarse el estar ahí sentados, solos y decepcionados.

La mayoría de los adolescentes han visto demasiadas películas sobre invasiones extraterrestres, villanos celebérrimos, desastres naturales y gente que los sobrevive milagrosamente, holocaustos caníbales de muertos en vida, vampiros de ultraderecha, etc. Tanto qué el hecho de que el mundo pueda terminar de alguna de esas maneras, les resulta inmensamente divertido. A otros les da por ver películas sobre drogadictos sin remedio y personas socialmente disfuncionales, sin importarles realmente que el veintiuno de diciembre del dos mil doce se acerca, porque saben que aunque son menos fantásticas, son mucho más cercanas a lo que podría ser el fin -o fracaso- que tendrían sus vidas de por sí ya desencajadas. 

Hay mujeres que se enfrascan en encarnizadas luchas sin sentido, contra enemigos que no existen, porque creen que merecen ganarse todo en este mundo por el simple hecho de existir y tener la capacidad de dar a luz. Que este año debería ser el cambio al poder de las mujeres y al protagonismo que ellas mismas dicen no han tenido. Hay otras tantas que se dan cuenta que el tomarse los dogmas de la sociedad occidental tan personalmente es directamente proporcional al machismo al cual odian.

Hay hombres que se esfuerzan cada día por demostrarle al mundo que hemos sido una mierda durante miles de años. Que los mitos de la antigüedad, las leyendas urbanas, prejuicios y barreras que impiden que la humanidad avance solamente siguen ahí porque se los permitimos. Hombres que en el fondo temen no poder hacer suficiente para cambiar al mundo y que todo lo que han logrado podría convertirse en anécdotas de un anciano leyendo un periódico por la mañana totalmente solo, un grupo de jóvenes saboteando las calles en desesperación por una fecha mediatizada como el fin de los tiempos, niños riéndose de imágenes -reales- de guerra porque se parecen a la película o el videojuego de ayer, mujeres y hombres aborreciéndose al competir constantemente para ser la punta de la pirámide. 

Algunos hombres saben que nunca cambiarán al mundo, y que aunque ellos den todo lo grandioso o insignificante que pudieran siendo una botella de refresco de cola en el basurero que es el mundo, todas esas cosas ya están sucediendo sin ser el fin del mismo. Algunos hombres saben que el fin del mundo fue ayer, hoy y siempre. Algunos hombres solo quisieran ver el circo del espacio tiempo caer. Algunos hombres solo quieren ver el mundo quemarse. Algunos hombres solo esperan el día en que por fin puedan decir: ¡Feliz fin del mundo!

Martínez, Adrián (2012). "Algunos hombres sólo quieren ver el mundo quemarse". En El Fanzine del Cerdo Violeta No. 1. Enero. Apocalipsis ¿Ahora? León, México, p. 20.

jueves, 12 de enero de 2012

Callejero en un cajón

Las calles con luces rojas de neón
enredan éstas nuevas corneas.
Y si me embriago
con sabor a madera te querré.
Pero la calle no será cosmopolita.
Sin monumentos cegados
por luces de melancolía.

La comida no tendrá sazón alguna
cuando viene de cajón.
Como la carta que no llega nunca,
como las vías ferreas.
En las que nadie viaja ya.
Callejera la comida me sentará mejor.
Porque se tiene una vez
y se deja correr.

Encajonado veré mejor,
sin luces que quiten la forma,
o calor que la diluya.
Callejero en un cajón.
Quién en la calle me encuentra,
en un cajón me encerrará.

martes, 27 de diciembre de 2011

Borradores.

Y todos los borradores y páginas que se quedarán aquí, apilarán su peso sobre la espalda de quién no quiso marchar. Porque al marcharse el paso se decidió a tropezar, porque usted sabe que los pies a veces piensan por si mismos, no puede uno controlarlos. Estás sentado y de repente los músculos se fastidian de ti y tu pereza, tiemblan para recordarte que no solo existe tu trasero aplastado en un cojín o tu cara postrada a veinte centímetros de la pantalla.

Te estirarás los párpados, automatizarás las respuestas, estarás ahí, con los pasos siendo borradores que nunca verán luz, porque nunca darás el paso que te falta. Este no es un mundo de valientes, los valientes mueren en las guerras, trabajan 24/7/365, limpian lo que nunca limpiarías, siembran vidas que ninguno de ellos (ni tú) saben cosechar.

Son valientes borradores anónimos, héroes, músculos que se moverán para ti cuando estés haciendo todas las cosas que pasan mientras se te mueren miles de células por minuto.

martes, 6 de diciembre de 2011

Abre los ojos (Ensayo sobre una utopía personal)

¿Cómo puede alguien que vive en un constante dejá-vú, encontrarse una utopía personal? Me encuentro escribiendo a las dos de la mañana en un día frío, en diciembre; mesándome la barba y cantando para mi mismo una canción de rock psicodélico que dice: “Sólo quiero dormir para siempre, nunca ver el mañana, ni seguir o liderar a nadie. No quiero trabajar para siempre, saber lo que sé, rogar o pedir prestado”. Luego me recuesto cinco minutos en la cama, boca abajo, pensando que afuera estará el Támesis, o el Rio de la Plata; y que en cualquier momento puedo ponerme un buen y pesado abrigo para salir a pararme en un puente o algún pequeño muelle y ver a la luna temblar en el agua. Gritarle a la luna que deje de seguirme, que se interne en las aguas nebulosas y me deje en paz dentro de mi sueño lúcido.

Ya no sé si creo que mi utopía fue algo concreto que puedo realizar materialmente o si realmente mi utopía está literalmente en algún sueño que pueda vivir lucidamente, algún dejá-vú continuo que no me deje un mal sabor de boca, y lo más extraño es que esos pasajes utópicos ya han pasado por esta vida, borrosos en principio, pero en cuanto son alcanzados materialmente se hacen brumosos, llegan a una realidad apenas perceptible que se separa de lo antes deseable; el eterno dilema del que deja de querer al obtener lo deseado.

Es por eso que no puedo tener una utopía real, constante, que no se fracture cada día y se reforme cada noche al dejarle los ojos a las arenas de lo surreal. Son momentos utópicos aquellos en los que se infla el pecho y la piel se enchina, momentos de hiperrealidad que lo mismo abruman que enaltecen el espíritu, o esa cosa que pareciera darnos voz, ese parasito cerebral que llaman mente.

Mejor iré de vuelta a la canción, y es que momentáneamente se hace mi utopía el caer dormido y no tener que despertar nunca, evitando eternamente la angustia y el frio que ocasiona el levantarse temprano, pero no lo suficientemente temprano para llegar a tiempo a la universidad. Y es que todos esos pequeños detalles que fastidian el ánimo van acumulándose y formando distopías que vuelan alrededor de uno, como mosquitos sedientos de sangre en una noche calurosa. Una parte importante de la utopía momentánea que persigo sería el poder dejar de lado las diferencias con la persona que enamora, llegar a convertirse en amantes viejos que nunca dejan la casa que construyeron con las memorias e infinito descubrimiento del otro. Olvidar las ciudades y sus caminos, darles significados nuevos y propios a las cosas. Básicamente la idea sería huir muy lejos, tal vez huir no sea la palabra adecuada, pero se lee bien cuando lo que se busca es alejarse de los significados y las cosas que han dejado de tener sentido, o que han fallado a su propósito. En mi utopía de esta noche: Darle la vuelta a un mundo nuevo; los mapas no deberían ser necesarios, los caminos están hechos para recorrerse en el sentido en que los pies se dirijan conforme a sus desalineados pasos, sentir que no te hace falta llamarle compañía a quién encuentra sus pasos con los tuyos porque realmente no existe la soledad. La soledad es un fantasma que nos esconde una realidad en la que quedamos nosotros mismos, desnudos, indefensos pero tal como somos. Nos hace creer que realmente no hay nadie ahí, ahí dónde al final estás tú mismo. No quiero ser una hormiga pasando por la grieta, rozando las antenas con otra hormiga y siguiendo automáticamente una señal. El punto sería ser la señal, una señal que se reinvente a si misma a cada momento. Es por eso que la única utopía que podría concebir sería la que cambia cada día, la utopía que realmente es utopía porque al llegar ahí ya dio un paso más.

Mentiría si escribiera una utopía académica, amorosa, profesional. Esas cuestiones carecen de sentido utópico para mí porque abarcan tanto y todo eso es tan poco al mismo tiempo. Los pequeños detalles siempre han influido en mí, como el mundo de lo surreal, porque ejemplifican cosas más amplias en sentidos concretos. Y tal vez carezca de lógica, tal vez carezca de aquellas cosas que le hacen pensar a cualquier otra persona que tener metas claras en el horizonte es haber realizado un sueño, pero la verdad es que nunca, nunca se deja de soñar. Incluso cuando tenemos los ojos abiertos, no nos damos cuenta de que ya estamos en otro sueño, otro dejá-vú, otra utopía momentánea, que habrá de divertirse con nosotros por el más pequeño de los instantes para luego volver a un nuevo escondite. Llega al escondite y abre los ojos, ya estás en otra vida.

“There is only one moment, and is now, and it lasts forever.”


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Its night, late, and everything else around the figure in front of me, is blurry. Like a maze of fog coming to hold me, like dark matter of dreams that explodes in my almost-closing eyes. And this figure, this silhouette it embraces me and invites me to continue on a quest, down to a waterfall, on a cave, on a mountain. Invites me to drown, and I get to think I can breath not only air, but the essence of this figure. It stands over me, with long white fingers, long golden hair. And then, total silence. The fog goes away, and I realize who the figure is... a figure of green lights. Iluminating me. And two soft and red clouds reach out to the border of my lips, I melt. I melt and fade and freeze and live into it like it was a first breath after a comma, but I'm not breathing any air. Its just her I'm breathing in. It was not in my will to be this entwined. To scrap out a piece of me and send it flying to crash into history. To become a subject of a movie or a new bestseller. I'm sit there, and I shout to you "Illuminate my heart, my darling" as the strings bend and the color of the walls jumps to us. I ask and ask, and everytime I answer myself, and everytime I keep truth as my goal, since that evening. I'm just laying here, bare naked. Just me and your open eyes. Are they really open? Do you still see that light? The light we reflect from ourselves and makes it all glow and burn and stay in peace and fire? Is this a mirror? Is this a dream? Is this fate? Is this just you and me? It's your hand in mine.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Empate.

Y nunca se me hace, pareces un personaje sin nombre y dirección en un libro. Ya aparece, yo estoy aquí con mil historias que contarte, odiándote. Y tú... tú, entre pachangas y tareas ínfimas e inútiles sin darme cuentas de cómo va tu autodestrucción, o sí finalmente vas camino a la gloria. Y yo de nuevo, desubicado, en la vagancia como me encontraste aquel octubre, escribiendo estúpideces y hablando de fiestas de terror-cumpleaños. El reloj se hace pequeñito, era grande hace casi 5 años, ahora debe ser tan pequeño como mi ojo, me hablas de intercambios, como si fueras alguna estampa. Y a veces me lo creo, que debe haber algún otro tonto que te trate mal y te diga las cosas que nadie más se atreve. Sino, entonces es tu padre, su inflexibilidad prodigiosa que maldice los encuentros, el escaso papel moneda o el poco interés en desmanes controlados por alcohol y vestimentas que se asemejan más a luces de neón (las que me hacen chillar, y lo sabes). Qué a veces me dices, me pides (en parte en broma), que te recoja, que te haga la comida, como si fuera yo algún tipo de mesías personal que compraste en una tienda de souvenirs. Y te digo sin duda cada vez, que lo haría, pero la historia sabe bien que pasa cuando me pongo en plena disponibilidad, que algo en el caracter falla y la costumbre de la distancia nos evita tomarnos las propuestas como tú te tomas una Coca-Cola, o yo una cerveza. Por eso vengo y te recuerdo con publicaciones en un muro irreal, cuanto nos debemos atreves de los años. Probablemente recuerdes la "luna de diciembre" y es chistoso cuantos significados puede tomar ahora, y es chistoso que te lo mencione en el segundo escrito que te escribo oficialmente. O lo que sea que es ésta cosa que empezó como una manera de decirte que quisiera platicar contigo horas en una banquita del centro, o desvelarnos hasta las tres de la madrugada, insultándonos. Seguramente verás esto, reirás, chillarás, te dará miedo. Conozco todo eso y como probablemente me corregirás alguna falta de ortografía y yo me moriré de vergüenza. Como me dirás que te da pereza, y luego, en secreto o no, que te encanta y que soy un ñoño de lo peor. Y problablemente alguien más también lo lea y piense lo que todos siempre han pensado. Y reíremos otra vez, jugaremos con ello. Y quedaremos en un empate.