Camaleón - Adrián Martínez
A falta de columnas.
Fuiste líquido ausente.
Como la vida que se escurre.
Los segundos se desgajan.
Los ochos se despegan sin el viento.
Se voltean y ya no son eternos.
Las texturas crecen y hacen ríos profundos.
Donde la corriente ya no corre.
Ese viento que te dio en la cara.
Aquel escalofrío que te recorrió la espalda.
Este sentimiento de nostalgia.
Yo no sospecho.
Yo lo sé.
Un camaleón sigue siendo un reptil cualquiera.
No importa cuantas veces cambie su color.
martes, 27 de diciembre de 2011
martes, 6 de diciembre de 2011
Abre los ojos (Ensayo sobre una utopía personal)
¿Cómo puede alguien que vive en un constante dejá-vú, encontrarse una utopía personal? Me encuentro escribiendo a las dos de la mañana en un día frío, en diciembre; mesándome la barba y cantando para mi mismo una canción de rock psicodélico que dice: “Sólo quiero dormir para siempre, nunca ver el mañana, ni seguir o liderar a nadie. No quiero trabajar para siempre, saber lo que sé, rogar o pedir prestado”. Luego me recuesto cinco minutos en la cama, boca abajo, pensando que afuera estará el Támesis, o el Rio de la Plata; y que en cualquier momento puedo ponerme un buen y pesado abrigo para salir a pararme en un puente o algún pequeño muelle y ver a la luna temblar en el agua. Gritarle a la luna que deje de seguirme, que se interne en las aguas nebulosas y me deje en paz dentro de mi sueño lúcido.
Ya no sé si creo que mi utopía fue algo concreto que puedo realizar materialmente o si realmente mi utopía está literalmente en algún sueño que pueda vivir lucidamente, algún dejá-vú continuo que no me deje un mal sabor de boca, y lo más extraño es que esos pasajes utópicos ya han pasado por esta vida, borrosos en principio, pero en cuanto son alcanzados materialmente se hacen brumosos, llegan a una realidad apenas perceptible que se separa de lo antes deseable; el eterno dilema del que deja de querer al obtener lo deseado.
Es por eso que no puedo tener una utopía real, constante, que no se fracture cada día y se reforme cada noche al dejarle los ojos a las arenas de lo surreal. Son momentos utópicos aquellos en los que se infla el pecho y la piel se enchina, momentos de hiperrealidad que lo mismo abruman que enaltecen el espíritu, o esa cosa que pareciera darnos voz, ese parasito cerebral que llaman mente.
Mejor iré de vuelta a la canción, y es que momentáneamente se hace mi utopía el caer dormido y no tener que despertar nunca, evitando eternamente la angustia y el frio que ocasiona el levantarse temprano, pero no lo suficientemente temprano para llegar a tiempo a la universidad. Y es que todos esos pequeños detalles que fastidian el ánimo van acumulándose y formando distopías que vuelan alrededor de uno, como mosquitos sedientos de sangre en una noche calurosa. Una parte importante de la utopía momentánea que persigo sería el poder dejar de lado las diferencias con la persona que enamora, llegar a convertirse en amantes viejos que nunca dejan la casa que construyeron con las memorias e infinito descubrimiento del otro. Olvidar las ciudades y sus caminos, darles significados nuevos y propios a las cosas. Básicamente la idea sería huir muy lejos, tal vez huir no sea la palabra adecuada, pero se lee bien cuando lo que se busca es alejarse de los significados y las cosas que han dejado de tener sentido, o que han fallado a su propósito. En mi utopía de esta noche: Darle la vuelta a un mundo nuevo; los mapas no deberían ser necesarios, los caminos están hechos para recorrerse en el sentido en que los pies se dirijan conforme a sus desalineados pasos, sentir que no te hace falta llamarle compañía a quién encuentra sus pasos con los tuyos porque realmente no existe la soledad. La soledad es un fantasma que nos esconde una realidad en la que quedamos nosotros mismos, desnudos, indefensos pero tal como somos. Nos hace creer que realmente no hay nadie ahí, ahí dónde al final estás tú mismo. No quiero ser una hormiga pasando por la grieta, rozando las antenas con otra hormiga y siguiendo automáticamente una señal. El punto sería ser la señal, una señal que se reinvente a si misma a cada momento. Es por eso que la única utopía que podría concebir sería la que cambia cada día, la utopía que realmente es utopía porque al llegar ahí ya dio un paso más.
Mentiría si escribiera una utopía académica, amorosa, profesional. Esas cuestiones carecen de sentido utópico para mí porque abarcan tanto y todo eso es tan poco al mismo tiempo. Los pequeños detalles siempre han influido en mí, como el mundo de lo surreal, porque ejemplifican cosas más amplias en sentidos concretos. Y tal vez carezca de lógica, tal vez carezca de aquellas cosas que le hacen pensar a cualquier otra persona que tener metas claras en el horizonte es haber realizado un sueño, pero la verdad es que nunca, nunca se deja de soñar. Incluso cuando tenemos los ojos abiertos, no nos damos cuenta de que ya estamos en otro sueño, otro dejá-vú, otra utopía momentánea, que habrá de divertirse con nosotros por el más pequeño de los instantes para luego volver a un nuevo escondite. Llega al escondite y abre los ojos, ya estás en otra vida.
“There is only one moment, and is now, and it lasts forever.”
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martes, 29 de noviembre de 2011
(:
Bien, hace bastante tiempo que no escribo algo conciso acerca de algo en particular. En este caso, yo. Y bueno a lo largo de este semestre tuve en planes, planes que coincidían con una materia de la universidad, el editar una pequeña muestra literaria original e independiente. Inmediatamente pensé no sólo en el acomodo del contenido, sino también en esas cosas que la gente siempre dice que no deben juzgarse, pero que inevitablemente son las cosas que terminan atrayendo a alguien a leer algo de lo que no tiene ni la menor idea de que es; el titulo y la portada/contraportada.
Realmente no sabía si frustrarme al respecto, pensando en que no se me ocurría otra cosa que llamarle como lo que da la mayor parte del contenido que vierto en ésta cosa. Mojo pin, historias instantáneas. Blah, blah, blah... El hecho es que es algo que identifica a este espacio mío, virtual. Mojo Pin, es una canción de Jeff Buckley que me acompaña desde hace años, dejando de lado la naturaleza mística del contenido lírico de la canción; es un dúo de palabras que han dejado de ser eso que eran antes, y ahora son algo mío, que es finalmente lo que Jeff quería de su música (y he de ahí la frase en el costado derecho del blog). Lo segundo, el tomo I de historias instantáneas, es realmente breve y no necesita explicarse el porque quiero que lo sea. Se trata de el primer tomo, ya que escogí algunas que fueran ''identificables'' (aunque quizá con suerte unas 20 personas las hayan leído), hay muchas, una libreta mojada llena, pero por razones que no importan, no serán publicadas aquí en espera de ser publicadas físicamente en ediciones posteriores.
La portada tiene una imagen que me encantó desde el primer momento que se presentó ante mí, en una búsqueda por la web en "héroes anónimos que...", se trata de la fotografía de un niño de unos diez años con un condón inflado en la cabeza, con la luz del sol entrando en el látex y formando nubosas figuras. Esta imagen luego fue editada por algún otro héroe anónimo con unos bellos calamares Humboldt, v(i)olando [las leyes de Newton] alrededor del niño en un hermoso fondo de cumulonimbus.
Y pues es básicamente eso, dejé fuera ensayos, novelas y cuentos en borrador por razones obvias, o no tanto, pero igual habría sentido que estaba saturado.
Iba a poner la portada aquí, pero mejor lo haré en cualquier otra entrada, mientras busco la manera de hacerlo.
_AD.
Realmente no sabía si frustrarme al respecto, pensando en que no se me ocurría otra cosa que llamarle como lo que da la mayor parte del contenido que vierto en ésta cosa. Mojo pin, historias instantáneas. Blah, blah, blah... El hecho es que es algo que identifica a este espacio mío, virtual. Mojo Pin, es una canción de Jeff Buckley que me acompaña desde hace años, dejando de lado la naturaleza mística del contenido lírico de la canción; es un dúo de palabras que han dejado de ser eso que eran antes, y ahora son algo mío, que es finalmente lo que Jeff quería de su música (y he de ahí la frase en el costado derecho del blog). Lo segundo, el tomo I de historias instantáneas, es realmente breve y no necesita explicarse el porque quiero que lo sea. Se trata de el primer tomo, ya que escogí algunas que fueran ''identificables'' (aunque quizá con suerte unas 20 personas las hayan leído), hay muchas, una libreta mojada llena, pero por razones que no importan, no serán publicadas aquí en espera de ser publicadas físicamente en ediciones posteriores.
La portada tiene una imagen que me encantó desde el primer momento que se presentó ante mí, en una búsqueda por la web en "héroes anónimos que...", se trata de la fotografía de un niño de unos diez años con un condón inflado en la cabeza, con la luz del sol entrando en el látex y formando nubosas figuras. Esta imagen luego fue editada por algún otro héroe anónimo con unos bellos calamares Humboldt, v(i)olando [las leyes de Newton] alrededor del niño en un hermoso fondo de cumulonimbus.
Y pues es básicamente eso, dejé fuera ensayos, novelas y cuentos en borrador por razones obvias, o no tanto, pero igual habría sentido que estaba saturado.
Iba a poner la portada aquí, pero mejor lo haré en cualquier otra entrada, mientras busco la manera de hacerlo.
_AD.
viernes, 11 de noviembre de 2011
-Still you remain the same. Like I never left you. You have not changed.
-Still you remain the same. Like I never left you. You find that nothing seems familiar.
-You do not know who I am. You looked towards me.
-No, it was not me: You are deceived.
-You have no memory? ... men on chairs, men in chairs... Your eyes still dream, still you look faraway... still you are delicate in your fragile ways. And your scent remains only yours. You have no memory? Yes, it was you. Perhaps you looked straight through me. They were us, you and I. You turned for me, ages passed as I stood still for you.
-How you wish! I understand nothing you say.
BANG!
Your face is fear. You are fear.
-Still you remain the same. Like I never left you. You find that nothing seems familiar.
-You do not know who I am. You looked towards me.
-No, it was not me: You are deceived.
-You have no memory? ... men on chairs, men in chairs... Your eyes still dream, still you look faraway... still you are delicate in your fragile ways. And your scent remains only yours. You have no memory? Yes, it was you. Perhaps you looked straight through me. They were us, you and I. You turned for me, ages passed as I stood still for you.
-How you wish! I understand nothing you say.
BANG!
Your face is fear. You are fear.
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domingo, 30 de octubre de 2011
La sonrisa y la luz, la mano y el latir.
Me das sensaciones tan extrañas, tan fascinantes, cuando la electricidad se trasmite al tocarse nuestros dedos, al sentir tu cabello y como se enreda en mi cara cuando me acerco mucho y te rodeo con éstos brazos extendidos hacia tu torso, como si fueran el último filo de un desfiladero, la salvación. La respiración en tu torso cuando te presiono contra mí, cómo está agitada como una marea alta, y luego pasa a la calma del ojo del huracán, apenas y se escapa el oxigeno de tu nariz y se mete entre mi hombro. Los matices de tu voz, sonidos guturales y nasales felinos, ritmos de canciones que son tocados una sola vez. Las formas tan diferentes que tienen tus miradas, la intriga y el veneno que sostienen, pero sobre todo, la luz que proyectan y que nunca termina en ellos, energía inagotable, feroces, benévolos, confundidos, soñadores. El sabor que me dejas cuando te robo el aliento con mi boca y alguno de los dos se queda con los ojos cerrados o se cae al infinito, o caemos ambos y mientras mi rodilla se desangra, tu cabeza se revuelve. Me encanta tocar esas dos nubes ligeramente rojas que tienes por labios, son cómo nubes en textura y movimientos. Se dejan llevar por el viento... Si tocara esos dos nubes justo ahora, acabaría en un diluvio, todo desaparecería, menos aquella que me trajo la lluvia que permite que germine ésta semilla. Tus anecdotas llenas de locura y chascarrillos, que juguemos algún juego de mesa y me vayas ganando, y no me hayas pedido aún lo que te dije que daría si ganabas, aun cuando no sabía que era. La poesía que flota en el aire cuando nos metemos en nuestra burbuja y todos los demás se van. Que intentes cubrirte la cara y que yo camine lento hacía ti... que me piques las costillas y me muera un segundo, que vayamos por la calle y la gente nos diga cosas estúpidas, que cruzemos y casi muramos en el intento. Qué al contar ésta historia, al presentar el guión interminable de ésta película todos se sorprendan y noten éste mundo nuestro, que nadie más entiende pero que todo el mundo observa, y sólo nosotros sentimos. Pero encima de esas cosas, tú, tan enigmatica... tan tú, tan sorpresiva
tú, tú, tú. La sonrisa y la luz, la mano y el latir.
tú, tú, tú. La sonrisa y la luz, la mano y el latir.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Víspera de la navidad basura
Es invierno ya, parecía serlo desde que decidimos venirnos a vivir a éste lugar, tan ordenados, tan pulcros, cronometrados casi perfectamente en una ambivalente monotonía. Nos convertimos en una de esas parejas que van a cenar a un restaurante que apenas puede ser costeado mientras pensábamos en todas las posibles perversiones de los clientes en las mesas de alrededor, quién estaría usando ropa interior limpia, sí alguna cara delataba a la mano que la satisface. Empezamos a pensar con frialdad, con recelo y sospecha de los demás, de sus ropas sucias o de las migajas sobre la entrepierna.
Cierta noche, se sentó junto a nosotros una pareja de lo más pulcra y elegante que habíamos visto en ésta ciudad, la pareja modelo a la que aspiramos a ser cuando nos mudamos a éste departamento. Sólo había un detalle, el hombre casi escultural en el sentido de no mover su cabeza y darse una tortícolis tremenda, ocultaba una cicatriz enorme bajo una barba extensa y bien recortada. Se extendía desde el borde inferior de su mejilla hasta casi la base del cuello. Una de esas cicatrices gruesas, que parecen tallos o tentáculos, casi podríamos haber jurado que tenía vida propia y que era una cicatriz babosa. Inmediatamente dimos lugar a nuestra platica habitual de situaciones ajenas, cómo si eso le quitara lo ordinario a nuestra situación de mierda. Venían a nuestra platica imágenes de un matrimonio desordenado, descarriado al punto de la violencia, vasos rompiéndose y clavándose a lo largo del cuello de él y corriendo en círculos por las piernas de ella. Dedos ensangrentados, papel hecho una pasta semicoagulada en la alfombra sin aspirar. Caras de regocijo, de placer. Y entonces me detuviste mientras desarrollaba la escena de revelación matrimonial en la que se encaminaban al camino decente en el que podíamos verlos cenando esa noche de principios de diciembre.
Nos aventuramos a pensar en una historia ficticia para nosotros, una historia que pudiéramos seguir paso a paso como un crimen perfecto, pero sin victimarios ni víctimas. Pero me adelanté al plan, no puedo decir que no estaba en mi hacerlo, pero tú quisiste esto, esas palabras no salieron de tu boca pero cuando yo las dije por ti nunca abriste los ojos, supe que lo querías porque aún tenías el mismo pulso entrecortado que siempre me sacaba de mis cabales. Qué otra opción tengo, abrir esa bolsa pálida que tienes como piel y arrancarte los arboles de raíces azules que corren por debajo... soltando su savia, dulce y roja savia, de sabor metálico, se resisten a salir las raíces y hay una tierra pronto putrefacta que sale, y sigues sin decir nada, ojos cerrados, hundidos como ciruelas aplastadas, odio comerme esas ciruelas, hacerlas puré con tus mismos zapatos o dejarlas secar como adornos para colgar en el árbol que cortaré por la yugular ésta navidad. Esa horrible palabra. Esa placentera brisa que te congelará las raíces que saco de tus brazos.
Por Adrián Martínez, 2011.
Por Adrián Martínez, 2011.
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martes, 18 de octubre de 2011
Dispara tus polisemias en una infrarrealidad apabullante, usa un arma blanca y fría, que al contacto provoque el espasmo que provocaban los arpones en aquellas ballenas francas, desde un buque inmundo. De todo aquello, encuentro un libro de tapa roída y una lampara malgastada en un sillón que deberíamos haber tirado hace quince años pero que sigue siendo nido de cualquier criatura lo suficientemente astuta para usarlo de refugio. Pobre Hegel, pobre y muerto Hegel, encontró su gran síntesis sólo en la muerte, que tenga su dialéctica con los minerales que ahora son lo único que queda de sus fósiles huesos. Paso a cerrar tu roída tapadera de cartón viejo, tú, fenomenología del espíritu, y te caes entre mis gordos y torpes dedos, temblando como autenticas reconstrucciones fúnebres de noviembre, debajo hay hojas y ensayos viejos, luego hay algunos chascarrillos y deslices de la pluma, líneas de rimas baratas de Bécquer. Pobre Bécquer, clamando total mortalidad mientras el sol se eclipsaba y probablemente alguien leía 'Tu Pupila es Azul' y alguien más le aseguraba a su amante que la poesía no era esto que leía sino ella misma. Y al ver esto no quiero decir que realmente sea una lástima, sino que la ironía los atrapó en su propia obra trascendental pero totalmente explicable, no como lo intentarían en el siglo veinte, no cómo esos absurdos literarios que se visten y desvisten como putas en un malecón latino de una costa (reclamo a la obviedad).
Olvido ésto. Voy de vuelta a los disparos y las polisemias danzantes sobre retratos de estos huesos de cristal. Posiblemente tenga que sacarme una o dos costillas para poder andar de nuevo, pero con éstas manos rotas y éstas piernas cruzadas no se puede llegar muy lejos, odiaría que alguien intentara interpretar éstas cosas, no como Joyce que encontró regocijo en dejarle el trabajo duro a los académicos y fundar en ello su inmortalidad y su gran error de autodescubrimiento ¿Cómo demonios iba a saberlo? ¿Cómo maldita sea escribir historias instantáneas de nuevo, como si fuera una sopa llena de yodo en tres minutos o una copa de vodka barato con olor a muerte? Ni todas las botellas de alcohol del mundo me ayudarían a escribir en una banca de nuevo, sacando hojas de la nada y viendo como una mujer dibuja arboles para dejar sus dibujos mojarse en el pasto con una lluvia de atardecer, a finales de un invierno plagado de multitudes chillantes, haciendo una pasta con la alfombra de la naturaleza y luego yo guardar las treinta y siete líneas escurridas de ésta mano pálida. Por eso ésta noche no, ésta mañana tendrá que ser fresca, si es que despierto y no persigo las arenas, porque 'a dreamer dreams she never dies'. Porque escucho ese arreglo de guitarra melancólico y pienso que algún día tendré que vivir un gran temblor y ser parte esencial del escombro, junto a una botella de champagne que no quería y la estrella del norte como única referencia astronómica observable desde el cataclismo, y diré una última frase en francés con una pronunciación gangosa que nunca aprendí. Y esto no tiene ningún titulo, ningún ejercicio, no hay revelación, pero sí sublimación que no aspira a lo sublime sino a lo autentico que encontrarán mucho más cercano y disfrutable que los ideales fenomenológicos-psicoanalíticos del yo y del tú y de ese pequeño gas que se libera cuando mueres y algunos identifican por el alma, cuando lo único que se inmortaliza espiritualmente es aquello que no puede ser borrado, información, manifiesto emocional o no de ti, como esos ácidos que llevamos en los genes, los mismos que podemos probar en las mañanas si compramos un jugo de naranja camino a una jornada más. No me pregunten por el jugo, ni por las polisemias y los muñones que quedan de la prosemática que es vil, cruel y certera característica.
Olvido ésto. Voy de vuelta a los disparos y las polisemias danzantes sobre retratos de estos huesos de cristal. Posiblemente tenga que sacarme una o dos costillas para poder andar de nuevo, pero con éstas manos rotas y éstas piernas cruzadas no se puede llegar muy lejos, odiaría que alguien intentara interpretar éstas cosas, no como Joyce que encontró regocijo en dejarle el trabajo duro a los académicos y fundar en ello su inmortalidad y su gran error de autodescubrimiento ¿Cómo demonios iba a saberlo? ¿Cómo maldita sea escribir historias instantáneas de nuevo, como si fuera una sopa llena de yodo en tres minutos o una copa de vodka barato con olor a muerte? Ni todas las botellas de alcohol del mundo me ayudarían a escribir en una banca de nuevo, sacando hojas de la nada y viendo como una mujer dibuja arboles para dejar sus dibujos mojarse en el pasto con una lluvia de atardecer, a finales de un invierno plagado de multitudes chillantes, haciendo una pasta con la alfombra de la naturaleza y luego yo guardar las treinta y siete líneas escurridas de ésta mano pálida. Por eso ésta noche no, ésta mañana tendrá que ser fresca, si es que despierto y no persigo las arenas, porque 'a dreamer dreams she never dies'. Porque escucho ese arreglo de guitarra melancólico y pienso que algún día tendré que vivir un gran temblor y ser parte esencial del escombro, junto a una botella de champagne que no quería y la estrella del norte como única referencia astronómica observable desde el cataclismo, y diré una última frase en francés con una pronunciación gangosa que nunca aprendí. Y esto no tiene ningún titulo, ningún ejercicio, no hay revelación, pero sí sublimación que no aspira a lo sublime sino a lo autentico que encontrarán mucho más cercano y disfrutable que los ideales fenomenológicos-psicoanalíticos del yo y del tú y de ese pequeño gas que se libera cuando mueres y algunos identifican por el alma, cuando lo único que se inmortaliza espiritualmente es aquello que no puede ser borrado, información, manifiesto emocional o no de ti, como esos ácidos que llevamos en los genes, los mismos que podemos probar en las mañanas si compramos un jugo de naranja camino a una jornada más. No me pregunten por el jugo, ni por las polisemias y los muñones que quedan de la prosemática que es vil, cruel y certera característica.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Its night, late, and everything else around the figure in front of me, is blurry. Like a maze of fog coming to hold me, like dark matter of dreams that explodes in my almost-closing eyes. And this figure, this silhouette it embraces me and invites me to continue on a quest, down to a waterfall, on a cave, on a mountain. Invites me to drown, and I get to think I can breath not only air, but the essence of this figure. It stands over me, with long white fingers, long golden hair. And then, total silence. The fog goes away, and I realize who the figure is... a figure of green lights. Iluminating me. And two soft and red clouds reach out to the border of my lips, I melt. I melt and fade and freeze and live into it like it was a first breath after a comma, but I'm not breathing any air. Its just her I'm breathing in. It was not in my will to be this entwined. To scrap out a piece of me and send it flying to crash into history. To become a subject of a movie or a new bestseller. I'm sit there, and I shout to you "Illuminate my heart, my darling" as the strings bend and the color of the walls jumps to us. I ask and ask, and everytime I answer myself, and everytime I keep truth as my goal, since that evening. I'm just laying here, bare naked. Just me and your open eyes. Are they really open? Do you still see that light? The light we reflect from ourselves and makes it all glow and burn and stay in peace and fire? Is this a mirror? Is this a dream? Is this fate? Is this just you and me? It's your hand in mine.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011
Empate.
Y nunca se me hace, pareces un personaje sin nombre y dirección en un libro. Ya aparece, yo estoy aquí con mil historias que contarte, odiándote. Y tú... tú, entre pachangas y tareas ínfimas e inútiles sin darme cuentas de cómo va tu autodestrucción, o sí finalmente vas camino a la gloria. Y yo de nuevo, desubicado, en la vagancia como me encontraste aquel octubre, escribiendo estúpideces y hablando de fiestas de terror-cumpleaños. El reloj se hace pequeñito, era grande hace casi 5 años, ahora debe ser tan pequeño como mi ojo, me hablas de intercambios, como si fueras alguna estampa. Y a veces me lo creo, que debe haber algún otro tonto que te trate mal y te diga las cosas que nadie más se atreve. Sino, entonces es tu padre, su inflexibilidad prodigiosa que maldice los encuentros, el escaso papel moneda o el poco interés en desmanes controlados por alcohol y vestimentas que se asemejan más a luces de neón (las que me hacen chillar, y lo sabes). Qué a veces me dices, me pides (en parte en broma), que te recoja, que te haga la comida, como si fuera yo algún tipo de mesías personal que compraste en una tienda de souvenirs. Y te digo sin duda cada vez, que lo haría, pero la historia sabe bien que pasa cuando me pongo en plena disponibilidad, que algo en el caracter falla y la costumbre de la distancia nos evita tomarnos las propuestas como tú te tomas una Coca-Cola, o yo una cerveza. Por eso vengo y te recuerdo con publicaciones en un muro irreal, cuanto nos debemos atreves de los años. Probablemente recuerdes la "luna de diciembre" y es chistoso cuantos significados puede tomar ahora, y es chistoso que te lo mencione en el segundo escrito que te escribo oficialmente. O lo que sea que es ésta cosa que empezó como una manera de decirte que quisiera platicar contigo horas en una banquita del centro, o desvelarnos hasta las tres de la madrugada, insultándonos. Seguramente verás esto, reirás, chillarás, te dará miedo. Conozco todo eso y como probablemente me corregirás alguna falta de ortografía y yo me moriré de vergüenza. Como me dirás que te da pereza, y luego, en secreto o no, que te encanta y que soy un ñoño de lo peor. Y problablemente alguien más también lo lea y piense lo que todos siempre han pensado. Y reíremos otra vez, jugaremos con ello. Y quedaremos en un empate.
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viernes, 9 de septiembre de 2011
Chitu
Un instante, un par de manos, un jueves, un libro, un pueblo, una tragedia, una noche, un sueño, un libro sin publicar, un guiño, un café, una tarde lluviosa, un tipo sanguíneo, una cicatriz, un absorber mutuo del aliento, una telaraña, un río llevandonos al mar. Sin nadar (flotemos), el mar se convierte en otra eternidad, y el mar no se niega a ningún río.
Brevedad que construye fortalezas en las que nos encerramos, justo en el minuto adecuado. Justo a tiempo nos damos un código, una palabra y nos saltan miles a la mente, momentos y pequeñas ficciones. No le llamemos señales, no le llamemos coincidencia, llamemosle lo inevitable, con ello es suficiente. Sólo hay un momento, y es como será y fue, como antes como siempre, y es la eternidad.
Brevedad que construye fortalezas en las que nos encerramos, justo en el minuto adecuado. Justo a tiempo nos damos un código, una palabra y nos saltan miles a la mente, momentos y pequeñas ficciones. No le llamemos señales, no le llamemos coincidencia, llamemosle lo inevitable, con ello es suficiente. Sólo hay un momento, y es como será y fue, como antes como siempre, y es la eternidad.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
Dos.
Estaba dormido sentado justo a medianoche, cuando uno de los médicos vino a decirme "Suficiente es suficiente". Me sacó rápidamente al pasillo, mientras yo podría haber jurado que estaba embrujado, veía fantasmas a cada uno de mis lados. Entonces me dijo algo que nunca habría pensado que quisiera escuchar: Que no había nada que pudiera hacer en absoluto para salvarte, que un coro cantará para ti pronto y que ésta cosa va a matarte. Algo en mi garganta hizo que mis siguientes palabras tropezaran, y algo en los cables causo que las bombillas estallaran, había vidrio en mis zapatos y caía lluvia del techo. Abriendo las cicatrices que apenas se habían hecho. Destrozando el cañón que ahora corre por tu pierna, pensé que era algo bello, pero la cura no era eterna. Mientras se abría pude escuchar el grito desde tu cama, pero me escondí en la sala hasta que se encendió la llama. Cuando reaparecí quise darte un remedio para la agonía, pero volviste a odiarme para darme tu apología.
Qué tuviste un nuevo sueño, que era más como una pesadilla, eras sólo una niña cuando mataron tu cabello. Luego te conectaron a las maquinas y estuviste a punto de morir, deberían haberte escuchado, pero pensaban que eran mentiras y chantajes. Tu padre era un imbécil, siempre te jodió, ponía engranes en tu mente y hasta hoy los mueve. Y nunca nadie puso atención cuando dejabas las comidas, "¡Cuarenta y tres kilos!" y ahora todo se repite y se termina.
Dime cuando crees que fue que nos volvimos tan infelices, luciendo unos anillos que nunca nos han dejado dar ni un solo aplauso. Cuando nos mudamos juntos estábamos tan desilusionados, durmiendo juntos con los sueños quebrantados, me mataba verte siempre siendo rechazada, pero no me importó todo lo que me lanzaste y los teléfonos que me quitaste. No me importó que me culparas por tus errores, sólo te cargaba por la puerta con todos tus temblores. Pero cada noche metías tu ropa en esa bolsa, mientras yo trataba de agarrarte por los tobillos (qué irónico suena ahora) y finalmente después de más de un año, me detuve para intentar detenerte de azotar esa horrible puerta para verte regresar como siempre. Bueno, nadie va a arreglar esto por nosotros, nadie puede. Y tú sólo dices que "Nadie va a escucharnos, porque nadie entenderá". Así que no hay puertas abiertas y no hay forma de romperlas, no hay ningún otro testigo, sólo estamos los dos.
Hay dos personas viviendo en una pequeña habitación, y de tus dos medias-familias destrozándote, hay dos maneras de contar la historia (aunque en verdad no les importe contarla). Dos anillos plateados y apresurados en nuestros dedos, dos personas hablando en tu cabeza, dos personas creyendo que yo soy el culpable, dos voces diferentes que salen de tu boca, mientras yo soy demasiado frío para preocuparme y demasiado enfermo para gritar.
Qué tuviste un nuevo sueño, que era más como una pesadilla, eras sólo una niña cuando mataron tu cabello. Luego te conectaron a las maquinas y estuviste a punto de morir, deberían haberte escuchado, pero pensaban que eran mentiras y chantajes. Tu padre era un imbécil, siempre te jodió, ponía engranes en tu mente y hasta hoy los mueve. Y nunca nadie puso atención cuando dejabas las comidas, "¡Cuarenta y tres kilos!" y ahora todo se repite y se termina.
Basada en "Two" de The Antlers.
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viernes, 22 de julio de 2011
Extrañiálogo.
-Extrañamente extrañemos extrañándonos cómo extraños que sómos.
-¿Acaso es extraño extrañarnos?
-Nosotros sómos los extraños, por eso no es extraño que nos extrañemos. Lo realmente extraño sería que no nos extrañáramos.
-¿Y sí un día extrañamos ser extraños extrañándonos, por qué sómos extraños?
-Extrañaré ser un extraño extrañándote.
~Adrián Martínez.
-¿Acaso es extraño extrañarnos?
-Nosotros sómos los extraños, por eso no es extraño que nos extrañemos. Lo realmente extraño sería que no nos extrañáramos.
-¿Y sí un día extrañamos ser extraños extrañándonos, por qué sómos extraños?
-Extrañaré ser un extraño extrañándote.
~Adrián Martínez.
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domingo, 10 de julio de 2011
Fundido a negro.

¿Y qué si nuestra vida es sólo una película? ¿Y qué si somos el sueño de una hormiga? ¿Y qué si morimos en la tranquilidad del agua? Verás querida, que en ésta vida nada se siente tan real cómo las cosas que son inevitables, sea muerte, el fin de la película, o nuestros intentos fallidos por acercarnos a cosas en las que nunca hemos decidido creer. Cosas tan reales cómo el temblor en mi mano y lo áspero de tu vestido. Lo cambiante en tu semblante felino y la oscuridad más deslumbrante. El momento en que se agota el aliento. Cuando las palabras tropiezan y los nervios tienen espasmos en su típica agonía ocasional. Los ojos se sincronizan y las manos se imantan. Casi nos salimos del celuloide. Casi actuamos fuera de nuestro rol, lo intercambiamos, lo hacemos modus operandi.
¿Estamos en la última escena? ¿Se nos han ido nuestras dos horas de fama y gloria? ¿Estaré en tus créditos finales? ¿Estarás tú en los míos? ¿Qué será de las escenas censuradas, de las tomas que nunca fueron usadas? Y en éstos diez minutos finales, ni nosotros ni nuestro público (el tiempo siempre burlón y el mundo siempre cambiante pero estático) sabemos si es una tragedia, si hay final 'feliz', si nos quedamos en una paradoja, si habrá una continuación. El guión tendrá que terminar, el libreto volverá al estante dónde pertenece, y nuestras imágenes se quedarán cómo destellos en la memoria de alguien en algún lugar. Escenas de aeropuerto, de despedidas, de resignación a la espera; se agrupan cuadro tras cuadro, cerrándose en un ojo de pupilas dilatadas, de líneas grises y verdes en un manto café y un sonido de labios despegándose, mientras una música etérea se mezcla con un fondo que se hace cada vez más oscuro y yo ya no veo nada, me he fundido a negro. Somos sólo nombres en la cintilla de una pantalla, pasamos fugazmente.
Escrito por: Adrián Martínez
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domingo, 3 de julio de 2011
Mon chat.
Mon chat, J'adore tes yeux... te dije. Te dejé un soplo de aliento en la boca y se fue a rondar en tu mente, brincándote a la conciencia porque yo no puedo verte no te escribo porque sabes leer. Y en este pequeño guiño literario te digo que sé que sabes que este acoso que se queda en tu cabeza es una muestra más de cariño. De un cariño extraño, pero acogedor.
¿No quieres dejarlo ir? ¿O te resistes a dormir al cobijo de la gloria? Qué cuando hablo sobre dejarlo ir, quiero decir que me dejes acompañarte. Y cuando digo que hay que dormir cobijados de gloria, me refiero a sumergirnos en una mirada. Todo para no dejar que la fortuna o el azar nos coman, porque son monstruos terribles; te ahogan y te rodean como esta ciudad nos aqueja en su caos. Para no ser victimas de un silencio terrible, que será la última partida antes de regresar a casa.
¿No quieres hacerlo explotar? ¿O nuestro misterio es más que esto? Qué cuando hablo de explotar me refiero a crear nuestro universo. Y cuando digo que el misterio es más que esto, quiero decir que no es mas que el espejo entre nosotros.
Solamente he venido aquí para verte brillar, dejar de ser un fantasma para poder comer del fruto de tu boca. Esa sonrisa entre sabia y pícara, yo no puedo encontrarle semejanza más que con una telaraña. Bellamente tejida, una última cama cómoda para una presa ingenua. Quiero ser tú presa, que pintes mi nombre en el espejo con tu lápiz labial, rojo sangre con una mezcla de pólvora y diamantina. Y que seamos uno con todo lo que habíamos olvidado en nuestras cortas vidas. Lo autentico que es preguntarse que vemos cuando nos vemos y decir: lo mismo que tú.
Inspirado en Gunshot Glitter. Por Adrián Martínez.
¿No quieres dejarlo ir? ¿O te resistes a dormir al cobijo de la gloria? Qué cuando hablo sobre dejarlo ir, quiero decir que me dejes acompañarte. Y cuando digo que hay que dormir cobijados de gloria, me refiero a sumergirnos en una mirada. Todo para no dejar que la fortuna o el azar nos coman, porque son monstruos terribles; te ahogan y te rodean como esta ciudad nos aqueja en su caos. Para no ser victimas de un silencio terrible, que será la última partida antes de regresar a casa.
¿No quieres hacerlo explotar? ¿O nuestro misterio es más que esto? Qué cuando hablo de explotar me refiero a crear nuestro universo. Y cuando digo que el misterio es más que esto, quiero decir que no es mas que el espejo entre nosotros.
Solamente he venido aquí para verte brillar, dejar de ser un fantasma para poder comer del fruto de tu boca. Esa sonrisa entre sabia y pícara, yo no puedo encontrarle semejanza más que con una telaraña. Bellamente tejida, una última cama cómoda para una presa ingenua. Quiero ser tú presa, que pintes mi nombre en el espejo con tu lápiz labial, rojo sangre con una mezcla de pólvora y diamantina. Y que seamos uno con todo lo que habíamos olvidado en nuestras cortas vidas. Lo autentico que es preguntarse que vemos cuando nos vemos y decir: lo mismo que tú.
Inspirado en Gunshot Glitter. Por Adrián Martínez.
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viernes, 10 de junio de 2011
Extracto #1: Visión de una obra en proceso (novela sin nombre)
No sé si me duelen los ojos de verte tan fijamente, o de verte tan poco. Tal vez sea por tantos sueños, tantos planes no planeados que no pasan del papel azul, o si sea producto del poco resultado y la enorme expectativa ¡Eso debe ser! Las expectativas, esas que siempre llegan más bajas de lo que pensamos, que siempre tienen menos efectivo y más deudas. Y es que hay días en que siento la imperiosa necesidad de escribir una novela para jamás mostrarla a nadie. Excepto a ti, inmersa en la lluvia, en las ruinas de tu autodestrucción, donde vienes y me pides por paz, me dices que no perteneces aquí, y tienes razón. No perteneces aquí porque ningún lugar es dueño de tu existencia. No perteneces, eres libre. (Valencia, España, 21 de julio de 1983)
(Ciudad de México, algún café en la colonia Condesa, finales del '84)
-¿Quién necesita un rostro cuando eres un anónimo de metrópolis?- Dijo ella, desenfocándose el rostro en el humo de su cigarrillo. -Un tanque de oxigeno, por favor.
-No le vengas al mesero con tanques de oxigeno, bien sabes que en esta ciudad, es prácticamente un insulto pedirlo. Ahora, dime ¿Por qué venir aquí, no tenías acaso una vida cómoda en valencia? He llegado a pensar que me has seguido, y que la casualidad no fue un factor al encontrarte paseando fuera de mi trabajo.- Le dije, sabiendo que su intento de encuentro casual había sido una especie de burla a nuestro primer verdadero encuentro, el cual sí fue un choque al azar.
-Soy la sombra en tu camino, persiguiéndote. Siempre. Me dejaste libre de mi misma, y en ese orden te llevaste mi condena. Ahora es tuya, y esa condena soy yo, aquí y ahora.- Dijo arrojando el cigarrillo aún encendido a la mesa de atrás, sin importar que hubiera personas en ella.- Vámonos, ahora que ya acabé con mi excusa de almuerzo podemos irnos.
-¿Irnos? Disculpa pero tengo cosas que hacer.
-No tienes salida. Sé que serás cortés y no me dejarás sola en una ciudad que sólo conozco por lo que me has hablado de ella.
Nos marchamos juntos, tenía razón, esa cosa llamada decencia no me permitiría nada más. Intenté explicarle las cosas básicas que uno necesita saber en lugares extraños y enormes como este, el protocolo de vida, el ritmo que se baila según cada barrio, le hablé del transporte, como si se fuera a quedar toda la vida aquí. No lo haría, por supuesto, nadie quiere vivir aquí, los que lo hacen es porque están atados a la contaminación se alimentan del estrés, se visten de él. Es una de esas ciudades que todos quieren visitar, pero en la que nadie quiere quedarse atrapado, la ciudad te come, te hace de su propiedad. Ella escuchaba, o mejor dicho, me miraba de tanto en tanto, no sé si mi voz llegaba a destino. Su mirada entraba en fases rápidas de admiración, de coqueteo conmigo y la banqueta. Yo sólo dejaba de verla para mirar las luces de los semáforos y cuidar algún tropiezo. Se había cortado el pelo a la altura del mentón y tenía un pequeño sombrero negro tapando la mayor parte del mismo. Castaño, limpio, desarreglado. Era lo único desarreglado en ella, aunque quizá fuera efecto del viento. Tenía un blusón negro, probablemente una talla más grande de lo que debería, y un suéter gris tejido del mismo tamaño encima. Una falda entallada y café y medias negras con una pequeña rotura en un muslo. Zapatos de piso. No podía evitarlo, ver cada detalle en ella, lo hice en Valencia, pero mi obsesividad había empeorado, juraba poder darme cuenta si un cabello caía de su cabeza al pavimento o si sus labios estaban más secos que la última vez que los sentí, sólo con verlos. Su bolso no era gran cosa, ella podía haber llevado una bolsa de basura con sus pertenencias en ella y no le importaría. No le importaban muchas cosas realmente.
Por Adrián Martínez.
(Ciudad de México, algún café en la colonia Condesa, finales del '84)
-¿Quién necesita un rostro cuando eres un anónimo de metrópolis?- Dijo ella, desenfocándose el rostro en el humo de su cigarrillo. -Un tanque de oxigeno, por favor.
-No le vengas al mesero con tanques de oxigeno, bien sabes que en esta ciudad, es prácticamente un insulto pedirlo. Ahora, dime ¿Por qué venir aquí, no tenías acaso una vida cómoda en valencia? He llegado a pensar que me has seguido, y que la casualidad no fue un factor al encontrarte paseando fuera de mi trabajo.- Le dije, sabiendo que su intento de encuentro casual había sido una especie de burla a nuestro primer verdadero encuentro, el cual sí fue un choque al azar.
-Soy la sombra en tu camino, persiguiéndote. Siempre. Me dejaste libre de mi misma, y en ese orden te llevaste mi condena. Ahora es tuya, y esa condena soy yo, aquí y ahora.- Dijo arrojando el cigarrillo aún encendido a la mesa de atrás, sin importar que hubiera personas en ella.- Vámonos, ahora que ya acabé con mi excusa de almuerzo podemos irnos.
-¿Irnos? Disculpa pero tengo cosas que hacer.
-No tienes salida. Sé que serás cortés y no me dejarás sola en una ciudad que sólo conozco por lo que me has hablado de ella.
Nos marchamos juntos, tenía razón, esa cosa llamada decencia no me permitiría nada más. Intenté explicarle las cosas básicas que uno necesita saber en lugares extraños y enormes como este, el protocolo de vida, el ritmo que se baila según cada barrio, le hablé del transporte, como si se fuera a quedar toda la vida aquí. No lo haría, por supuesto, nadie quiere vivir aquí, los que lo hacen es porque están atados a la contaminación se alimentan del estrés, se visten de él. Es una de esas ciudades que todos quieren visitar, pero en la que nadie quiere quedarse atrapado, la ciudad te come, te hace de su propiedad. Ella escuchaba, o mejor dicho, me miraba de tanto en tanto, no sé si mi voz llegaba a destino. Su mirada entraba en fases rápidas de admiración, de coqueteo conmigo y la banqueta. Yo sólo dejaba de verla para mirar las luces de los semáforos y cuidar algún tropiezo. Se había cortado el pelo a la altura del mentón y tenía un pequeño sombrero negro tapando la mayor parte del mismo. Castaño, limpio, desarreglado. Era lo único desarreglado en ella, aunque quizá fuera efecto del viento. Tenía un blusón negro, probablemente una talla más grande de lo que debería, y un suéter gris tejido del mismo tamaño encima. Una falda entallada y café y medias negras con una pequeña rotura en un muslo. Zapatos de piso. No podía evitarlo, ver cada detalle en ella, lo hice en Valencia, pero mi obsesividad había empeorado, juraba poder darme cuenta si un cabello caía de su cabeza al pavimento o si sus labios estaban más secos que la última vez que los sentí, sólo con verlos. Su bolso no era gran cosa, ella podía haber llevado una bolsa de basura con sus pertenencias en ella y no le importaría. No le importaban muchas cosas realmente.
Por Adrián Martínez.
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