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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Warnke VS Urquico (Knockout técnico)

Por: Adrián Martínez. 
Publicado originalmente en el blog El Parergón: Crítica y réplica del arte, 3 de nov. del 2012.

Llega un momento en la vida de un chico de 21 años en el que se debe decidir entre una chica que lee, y una que no lee. Entre encontrarla en los vapores alcohólicos de una discoteca o en el moho pulverizado de una edición sesentona de Rayuela. Entre una chica que te dará seguridad y placeres sedentarios o una que te dará emociones circunstanciales y aleatorias.

Un poco menos comunes son los momentos en los que eres un estudiante de periodismo, que se dedica a publicar artículos de reflexión personal en conocidas páginas de opinión estadounidenses que se ven convertidos en sensaciones virales. Y menos aún cuando para tu propia sorpresa, en el hemisferio contrario del planeta una chica hace una réplica silenciosa a tu artículo que se vuelve indispensable en la lectura del tuyo y viceversa.

En el mundo tan personal de los artículos, cualquier réplica, directa o indirecta que llegue a estas instancias mediáticas (aunque el medio se limite a algunos cuántos lectores de blogs) es convertida eventualmente en un duelo de posturas, de golpes certeros y desatinos ridículos. En este sentido, se puede actuar y maniobrar críticamente sobre este tipo de encuentros literarios de la misma forma que se puede actuar como juez en una pelea de box. Juzgando la técnica y el estilo galante o salvaje de los golpes asestados -en este caso argumentos, frases, líneas, etc.- que separan a dos personalidades que se desenvuelven en una misma disciplina y tema, para así saber quién rompe las líneas más delgadas del ejercicio crítico-pugilístico de las letras.

En la esquina azul, periodista, ensayista y poeta con sesenta y nueve kilogramos de peso y veintidós años; directamente desde el área de la bahía de San Francisco, California: ¡Charles Warnke!

En la esquina roja, comunicadora social de cincuenta y ocho kilogramos de peso y veintitrés años; de sangre peruana y desde la lejana tierra de las Filipinas: ¡Rosemarie Urquico!

Antes de la confrontación, sería buena una retrospectiva de este encontronazo literario. El 19 de enero del 2011, Charles publica el artículo llamado “You Should Date An Illiterate Girl” en el portal Thought Catalog. El mismo rápidamente se expande en forma de viñetas en Tumblr y demás blogs. Para mayo del mismo año, llega a ojos de una estudiante de comunicación social de Filipinas, quién en su propio perfil de facebook hace una traducción de éste al español, y publica una versión propia titulada: “Sal con una chica que lee”. Es compartido decenas de veces, hasta ser publicado junto al original –traducido-, el 24 de mayo en el sitio web El Mal Pensante.

A través de los rounds, podemos notar el estilo de cada escritor para defender su resolución a la problemática de las chicas que leen. Urquico se mueve rápidamente, con catorce párrafos breves, inclusive con un par de líneas solitarias que vienen bien y directas, pero quizás demasiado benevolentes. Trata de reivindicar, con cada desliz de su mano, la posición claramente propia de una chica que lee. Nos regala el movimiento de una chica snob, que se enfrasca en el cliché del café de librería, que dice entender a Joyce a la primera leída y que espera ansiosamente una nueva entrega de Murakami; una más de las legiones de modernas de pueblo desesperadas por ser Amelie. Su gran acierto, su gran contraataque es la descripción del chico que busca a una lectora. Alguien que sabe perfectamente como mentir y como usar los diálogos a favor de sus fracasos y desavenencias románticas.

Warnke, se defiende (el ataque es la mejor defensa) en una forma mucho más pesada. Se acoraza de un ritmo constante de oraciones cortas plagadas de referencias exactas del estilo – y ciclo- de vida de un norteamericano común del viejo oeste moderno. Una voraz representación de la placentera pero aburrida vida del sueño americano. Retorciendo términos en sus puños con un humor que pareciera sacado de una buena comedia de situación. Se desplaza de la sugerencia de una vida, a la justificación de porque una lectora solo podría destruir a alguien como él. Deja las oraciones simples para elaborar en el por qué una vida en el purgatorio es mejor que la vida en el infierno que nos daría esa otra mujer. Los golpes más duros al contrincante están dirigidas a lo mismo, la descripción de la persona. Ella, su vocabulario que atrapa, engulle y escupe cualquier diálogo barato; el conocimiento de la sintaxis que le permite predecir el desenvolvimiento de la trama que escriben juntos. En los dos embates finales, revela en la defensa del contrincante dos argumentos decisivos: la chica que ha leído, leído de verdad, con verdadera pasión y dedicación; ha pasado por tantos héroes, tragedias y muertes que poco le importara tu propia partida. Ella es en realidad quién cuenta la historia, y no permitirá que sea de otra manera. Lo hace ella y su Joyce, y su Nabokov, su Wolf, su Plath, su Cortázar y su Aster. Ella te hará ser todo lo que no eres, te narrará de la manera en que le des significado a su nuevo libro. El golpe final es una despedida, no un knockout. El último round se cierra mandando a Urquico a su esquina de vuelta con su entrenador, Hemingway.

Ante el ojo del espectador, ha sido una pelea cerrada, nadie ha caído, se han mantenido en el ring de dos pies, tambaleantes y jadeantes con cada palabra. Pero el jurado tiene que nombrar a un ganador, y en esta pelea es Warnke. Alzamos su mano en línea con la traducción y trabajo de Urquico porque a pesar de que ella ha llegado al encuentro fresca y con carácter de novedad literaria –aún cuando ambos sean novísimos-, es su actitud casual e inacabada la que no le permite ponerse adelante. Su prosa es una caricia que intenta sobornar al contrincante, mientras que la del californiano va a la mandíbula. Va un paso adelante, resuelve y da dos panoramas completos. La filipina resulta en pasajes cursis de una vida ejemplar que no existe, a la que se podría aspirar, curiosamente parecida a la de la vida de sueño americano que describe el periodista.

Más curioso es que al día de hoy, Urquico se ha ‘escondido’, no ha publicado nada más y no hay rastro alguno de ella más que algunos mails publicados en tumblr. Warnke sigue publicando en su propio blog “Punctuate This!”, en Thought Catalog y ha ganado ya el premio de la ciudad para nueva novela, aún sin haberla publicado (en septiembre de 2012). Participa también en las ediciones de Literary Death Match, lecturas en voz alta calificadas por audiencias en San Francisco, donde también ha resultado victorioso.

Habrá que estar atentos, quizás los héroes literarios no vayan en decadencia y veamos algún novato quitarle el cinturón a alguno de los mencionados arriba, por más improbable que parezca.


Pueden leer ambos artículos aquí:
http://elmalpensante.com/print_contenido.php?id=1904

O leer “You Should Date An Illiterate Girl” aquí:
http://thoughtcatalog.com/2011/dont-date-a-girl-who-reads/

Lee también las demás críticas de El Parergón: Crítica y réplica del arte aquí:
http://elparergon.blogspot.mx/

martes, 21 de agosto de 2012

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n