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domingo, 21 de octubre de 2012

Los años (Cesare Pavese)



"De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejara que probásemos de nuevo; estaba acostado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:

-¿Con qué finalidad? -Hablábamos en voz baja, a oscuras.

Luego Silvia se durmió y yo tuve hasta la mañana una rodilla pegada a la suya. Apareció la mañana como había aparecido siempre, y hacía mucho frío; Silvia tenía el pelo sobre los ojos y no se movía. En la penumbra yo miraba pasar el tiempo, sabía que pasaba y corría, y que afuera había niebla. Todo el tiempo que había vivido con Silvia en aquella habitación era como un solo día y una noche, que ahora terminaba por la mañana. Entonces comprendí que nunca volvería a salir conmigo entre la niebla fresca.

Era mejor que me vistiera y me marchase sin despertarla. Pero ahora tenía en la cabeza una cosa que preguntarle. Esperé, intentando adormilarme.

Cuando estuvo despierta, Silvia me sonrió. Seguimos hablando. Ella dijo:

-Es bonito ser sinceros, como nosotros.

-¡Oh, Silvia! -susurré-, ¿qué haré al salir de aquí? ¿Adónde iré?

Era eso lo que tenía que preguntarle. Sin apartar la nuca del almohadón, ella sonrió de nuevo, beatífica.

-Bobo -dijo-, irás a donde quieras. ¿No es hermoso ser libre? Conocerás a muchas chicas, harás todas las cosas que quieras. Te envidio, palabra.

Ahora la mañana llenaba el cuarto y sólo había un poco de calor en la cama. Silvia esperaba paciente.

-Tú eres como una prostituta -le dije- y siempre lo has sido.

Silvia no abrió los ojos.

-¿Estás mejor ahora que lo has dicho? -me dijo.

Entonces me quedé como si ella no estuviera, y miraba al techo y lloraba sin ruido. Las lágrimas me llenaban los ojos y corrían sobre la almohada. No valía la pena que se diera cuenta. Mucho tiempo ha pasado, y ahora sé que aquellas lágrimas mudas fueron la única cosa de hombre que hice con Silvia; sé que lloraba no por ella sino porque había entrevisto mi destino. De lo que era yo entonces no queda nada. Queda sólo que había comprendido quién sería en el futuro.

Luego Silvia me dijo:

-Ya basta. Tengo que levantarme.

Nos levantamos juntos, los dos. No la vi vestirse. Estuve pronto en pie, a la ventana; y miraba vislumbrarse las plantas. Detrás de la niebla estaba el sol, el sol que tantas veces había entibiado el cuarto. También Silvia se vistió pronto, y me preguntó si no me llevaba mis cosas. Le dije que primero quería calentar el café, y encendí el hornillo.

Silvia, sentada al borde de la cama, se puso a arreglarse las uñas. En el pasado se las había arreglado siempre en la mesa. Parecía abstraída y el pelo le caía continuamente sobre los ojos. Entonces daba sacudidas con la cabeza y se liberaba. Yo deambulé por el cuarto y recogí mis cosas. Hice un montón sobre una silla y de repente Silvia saltó en pie y corrió a apagar el café que se derramaba.

Luego saqué la maleta y metí las cosas. Mientras tanto, por dentro me esforzaba por recoger todos los recuerdos desagradables que tenía de Silvia: sus futilidades, sus malos humores, sus frases irritantes, sus arrugas. Eso me llevaba de su cuarto. Lo que dejaba era una niebla.

Cuando hube acabado, el café estaba listo. Lo tomamos de pie, junto al hornillo. Silvia dijo algo, que ese día iría a ver a un tipo, a hablar de un asunto. Poco después dejé la taza y me marché con la maleta. Afuera la niebla y el sol cegaban."

martes, 21 de agosto de 2012

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n

sábado, 15 de enero de 2011

Facebook es lo que todo el mundo pop haría si los nazis hubieran ganado la guerra.

Por Ill Huero Ortega Nilo:



El 90% de los adolescentes o jóvenes adultos, sabe que es, tiene, esta a punto de tener o le interesa tener Facebook, ya que Facebook es actualmente la culminación del termino “red social”; el cual consiste en millones de usuarios, que, a través de internet, pueden tener acceso a esta red y así tener contacto con amigos o conocidos, además de conocer gente nueva. Es más que obvio que un hombre o mujer en una edad promedio, de doce a treinta años, que no cuenta con Facebook, es por que esta fuera de la realidad y actualidad, y dios sabe cuan malo es el mundo cuando no quieres formar parte de él, pero no tienes que llegar al pánico, Facebook es totalmente gratuito y fácil de obtener. Es necesario ingresar a la página de internet www.facebook.com, ahí aparecerá un registro, una serie de pasos totalmente mecanizados los cuales han seguido millones de personas antes que tú, lo primero que hace el registro es preguntarte: Nombre, apellidos, es requerida dos veces una dirección del correo electrónico (para la cual debiste hacer un registro previo en alguna compañía de correos electrónicos gratuita, dicho correo consiste en un nombre de usuario, una palabra, alguna canción, un nombre ficticio o real, una idea, la primera idiotez que tenga algún sentido o significado personal, un @ que te hace usuario de la red mundial, y finalmente el nombre de la empresa que posee tu nuevo nombre, tu información y puede usarlo para lo que venga en gana) una nueva contraseña personal para entrar a la página cuantas veces quieras una vez terminado el registro, sexo y fecha de nacimiento y finalmente dar clic en el icono que dice Registrarse. Para la siguiente parte del registro se requiere ingresar en un espacio en blanco, la traducción de una palabra ilegible a simple vista esto para demostrar que es un humano lo que esta manipulando la computadora y no algún otro ser capaz de llegar a este punto del registro, de nuevo clic en Registrar, después de eso la página se actualiza y aparecen cuatro nuevos pasos, el número uno es solo posible si otro miembro de Facebook anteriormente te a mandado una invitación, buscar a tus amigos que ya cuentan Facebook es el paso numero dos, para lo cual se necesita nuevamente tu dirección de correo electrónico, al dar clic en Buscar, aparecerá otra ventana para ingresar a tu cuenta de contactos, la pagina se actualiza y aparecen tus auto nombrados ‘‘amigos’’, a los cuales tienes que mandar una solicitud si es que quieres ver su página de Facebook, después la pagina brinda la opción de mandar una invitación a todos los demás pobres usuarios anónimos, carentes de Facebook, que tienes en tu cuenta de correo para así salvarlos de la ignorancia. El paso tres es complementar tu información básica (escuelas, empleo, etc.) al llenar la información todo parece ir bien, parece que de verdad lograrás pasar al siguiente y último paso, pero de repente la página cambia y te dice que agregues a todas esa personas que el internet cree que conoces, es cuando un sinfín de fotos y nombres de conocidos y desconocidos aparece; tu balanza mental entra en descontrol cuando tienes que decidir entre los que merecen ser tus amigos o los que no, pero siempre queda la opción de ignorar esta difícil decisión por el momento y pasar así al último paso, agregar una foto, ya sea tuya modificada, tuya real, la foto de algún vecino, amor platónico, famoso, enemigo, hermano, maestro o simplemente puedes ignorar el paso y finalmente llegar a tu propia pagina de facebook. Hay que aceptarlo, se siente bien sentirse dentro de la red, por fin, ya no eres un ente fuera de la sociedad, ahora tu nombre y una imagen representativa tuya forman parte de la más grande red social del mundo, en otra parte del mundo algún otro fenómeno esta igual o incluso mas feliz que tú por forma parte del mundo de los vivos.
Tu propia página de Facebook, cuenta con un Inicio, acceso a tu Perfil y tu Cuenta, visto de la manera mas lógica suena poco, sin embargo esas tres simples opciones ofrecen una vida entera de enajenación total hacia la realidad.

Tu perfil es darte a conocer a los demás, tu nombre aparece en grades y sombreadas letras, a la izquierda tienes tu foto la cual anteriormente elegiste por que te ves bien o esta bien editada, tu información (trabajo, escuela, donde vives actualmente, fecha de nacimiento etc.) acceso a todas tus fotos, ya sean tuyas o en las que te han etiquetado, notas, solicitudes de amistad. La palabra Amigos aparece en azul y junto a ella un número entre paréntesis del cual solo te empezarás a sentir orgulloso cuando llegue a más de 400, debajo de eso, una vertical lista de amigos que muestra sus nombres y fotos, amigos que a simple vista logras reconocer a 4 o menos, en la parte derecha de la página ves más fotos de amigos que otra vez el internet asume que tal vez conoces cuando en realidad no sabes quienes son esas personas. Abajo es fácil saber que sigue simplemente es un desfile vertical de patrocinadores. dispuestos a lo que sea con tal de que des clic en su imagen o icono; pero el centro de tu perfil eso es lo que es realmente interesante, pues a través de tu perfil, cualquier persona agregada, ósea un amigo, sabrá que tipo de persona eres pues ahí es donde aparece tu información básica, abajo está una hilera de fotos de personas que te etiquetaron, dejando a un lado las reuniones familiares o sociales, que valen la pena recordar; están la otra mayoría de fotos en las que no pediste o quisiste ser etiquetado, pues las fotos varían enfermamente entre frases tan reveladoras, hechas con graciosa ortografía, que exclaman –‘‘Que me dirías hoy si me muriera mañana’¬ , como si realmente a través de una imagen con letras sintieras el dolor de tu amigo de Facebook y su posible cercanía a la muerte, después están aquellas fotos de amigos que te consideran lo suficientemente cercano para etiquetarte en una foto suya en la cual están exhibiendo el hermoso ejemplar de superhombre que creen que son, y tu piensas -dios mío que les dio el valor de crear esa foto y no solo eso, sino exhibirla- tus fotos etiquetadas siguen con una variante entre groseras, asquerosas, repulsivas, raras, pornográficas; de personas que nunca veremos en persona, fotos que nos toman en estados superados por el alcohol y la decadencia, con caras raras, fotos que nos transforman en personas que no queremos aparentar ser… pero bueno, después de todo no podemos quejarnos, esta es la forma en la cual las personas se demuestran unas a otras cuan importantes son, debajo de las fotos llega un vinculo para compartir con tus cientos de amigos lo que estas pensando, lo mas fácil del mundo, sólo tienes que teclear tu idea, pensamiento o canción que este pasando por tu mente y los demás quieran o no, la sabrán, pero sólo algunos pondrán atención y te harán saber que tu idea les gusta y tal vez comenten en ella algo que la complemente o tal vez tus supuestos amigos no lo son tanto, pues nunca falta quien contradiga tu idea, armando una fricción con otro ser humano el cual esta del otro lado de la línea; una discusión que no existirá de ninguna otra manera mas que en esta página. Estando junto a esa persona simplemente podrías dejar que viviera en su idiotez e ignorancia, pero aquí en esta hermosa red social, no sólo das a conocer tus ideas sino lo más divertido de todo es que puedes negar la de los demás, eso sumando con un constante repertorio de páginas las cuales te gustan, aplicaciones inútiles y puntuaciones en juegos, todas estas noticias informan sobre cada cosa que haces cuando estas dentro de la página, es lo que forma tu Perfil.

La Cuenta consiste en la edición de amigos, administración de página (páginas las cuales tu orgullosamente creaste) configurar que tan exclusivo quieres que sea tu perfil, ayuda y finalmente la vida real de nuevo, la opción salir, y al último pero no menos importante está el Inicio, que se forma de tres partes, la parte de la izquierda consiste en tu nombre, tu foto, acceso a tu perfil, las noticias que de echo ocupan el centro de la pagina, mensajes, eventos a los que te han invitado desconocidos y solicitudes de amigos que también son desconocidos, muestra de que más experimentadas clases sociales y grupos formas parte o quieren que formes parte, no contentos con esto te recuerdan solicitudes de juegos sin sentido (en los cuales con unos simples Click’s puedes formar tu propia casa, granja o ciudad), junto con un sinfín de actualizaciones, notas, un universo de anuncios y de páginas ,enlaces y aplicaciones; debajo de eso hay pequeños cuadrados con las caras de tus amigos que están en otro lugar de la ciudad, estado o país conectados al igual que tú y todos te miran sonrientes. Del lado derecho de la pantalla se puede ver, una lista de afortunados cumpleañeros, notificación que es muy útil por cierto, pues sirve para nunca olvidar bajo ninguna razón entrar a su perfil y felicitarlos al igual que ellos lo harán contigo llegado el día de tu cumpleaños, darles algún regalo electrónico o etiquetación de algún vídeo que sirve de dedicación para el cumpleañero, para que un inútil abrazo o felicitación telefónica, si un -feliz cumpleaños- vía Facebook es más que suficiente para demostrarles a esas personas cuanto te interesa que años atrás nacieron, debajo de los cumpleaños invitaciones a algún evento que tendrá poca trascendencia, debajo de nuevo el recordatorio de tus futuros nuevos amigos, invitaciones de grupos, patrocinadores, miles de sugerencias de páginas, más juegos y más aplicaciones; cosas que nunca te aburrirán si les pones la suficiente atención, la columna derecha termina finalmente con una decena más de opciones y formas para encontrar nuevos ‘‘amigos’’. Pero el centro, el centro de Inicio es lo que realmente convierte esta red social en el magnifico y nuevo contacto humano, pues las noticias que aparecen en el centro, es lo que tus amigos que tienes agregados en Facebook hacen con su vida, toda su vida, mientras estén dentro de Facebook, lo que convierte esto en un circulo imparable, pues las publicaciones siguen apareciendo todos los días, a todas horas, cuando tú estás en Facebook hay al menos otras 10 personas además de ti conectadas, dispuestas a dar Clic a lo que se les ponga enfrente y dar a conocer lo que piensan por muy simple o idiota que sea, cualquier ser humano cae en la tentación de ver las interminables notificaciones, ya sea todas y cada una o solamente las actualizaciones de personas que se consideran importantes en nuestra vida, no simples amigos de Facebook sino algo más, convirtiendo esto a una forma de mantenerse al tanto diariamente de lo que hace esa o esas personas con una parte de su vida, en algunos casos, la mayor parte de su vida, para así sentirte vía Internet cerca del ser querido o amado, de esta manera te ahorras la molestia de visitarlo o verlo, ¿genial no? Pero cuando crees que debido a esto, Facebook no puede ser más perfecto, es en el momento en que te das cuenta de que el muro está formado más que ninguna otra cosa, de las notificaciones favoritas de todos, las ya tan mencionadas -páginas- denominadas “Me gusta! , aparecen en color azul lo cual significa un enlace a otra página, dicha pagina tiene una sola y única función, la cual consiste en distribuir un universo de frases inventadas por algún freak el cual cree fervientemente que desde la comodidad de su casa y a través de su computadora puede crear un legado más grande que el de dios. Todo esto solamente por escribir en una de estas páginas, una idea suya; que por alguna extraña razón es aceptada por el resto de las personas, pero eso no es lo más increíble, el freak realmente tiene razón, junto con el nombre de los amigos a los que les gusta la idea o frase hay un número de seis cifras, el infeliz realmente goza al fin de una gran fama anónima y victoriosa, su idea ahora es esparcida por millones de usuarios que dan clic en la primer idea o frase que alguien más piensa por ellos, las noticias no acaban ahí, continúan con publicaciones de fotos y lo más importante, puedes ver a través de ese pequeño muro, el contacto entre las personas; después de todo esa era originalmente la idea al crear Facebook.

Algún comentario, insulto, chiste, gracia, saludo, amenaza, es lo que escribes en el perfil de otra persona, perfil que es igual al tuyo solo que personalizado al estilo de esa otra persona. A través del perfil puedes ver su información y sus gustos lo cuales se dividen en escuela-empleo, filosofía de la vida, arte-vicio, actividades-intereses, parece interesante toda esa información, después de todo nunca se sabe cuando puedes encontrar tu alma gemela. Cuando entras por primera vez a un perfil te informas sobre en que escuela estudia, o su trabajo, al igual de su filosofía de la vida y una cita favorita, uno piensa que citará algún autor, libro o al menos película, pero la genialidad y astucia de la persona no tiene limites cuando escribe algo así como -¿Cita favorita? Con quien sea y cuando sea- a pesar de eso, aún te queda esperanza de que tú y ese usuario tengan gustos o ideas en común, pero todas tus ilusiones se esfuman cuando vez el caos que provoco un exceso de clic’s, desde arte- ocio, hasta, actividades- intereses, cada sección, ya sea música, películas, libros, etc. está llena de frases y páginas sin sentido las cuales no deberían estar ahí, pero uno no puede juzgar a una persona por la cantidad de páginas que sin sentido forman su perfil, uno como persona se siente feliz al transmitir el mensaje, que consiste en esas cosas que no te atreverías a decir estando junto a esa persona dueña del perfil, no por ser malas o groseras, sino por que las considerarías demasiado inútiles o idiotas, comentarios innecesarios. Eso sin mencionar el hermoso poder que sentimos al celar y controlar enfermamente a nuestra pareja o amigos, creer que conspiran en nuestra contra, pues en los comentarios ajenos no apareces tu, pero Facebook no es sólo control y odio, no, no, también te hace creer firmemente que el hecho, de que una persona teclee algo que te hace sentir bien, puede sustituir un contacto con otra piel, un abrazo, una risa, nos sentimos tan seguros aquí siendo unos usuarios en vez de personas, pensando que al estar solos, sentados frente a una computadora con Internet, escuchando música, con la televisión sintonizada acompañándonos, es el mundo ideal, tantos medios masivos de información, de comunicación, cientos de formas de tener contactos con las demás personas, sin embargo preferimos esto.

Si realmente eres honesto contigo mismo, sabes que tú y solamente tú eres el que está frente a la computadora esa madrugada de confesiones y demostración de sentimientos innecesarios, pero lo que se vuelve realmente necesario y adictivo, es ese sentimiento de alivio que provoca saber que del otro lado de la red hay una persona o al menos un ser, que esta escuchándonos y comprendiéndonos, que esta tecleando algo, ese sentimiento de no estar solos es lo que provoca, que cada vez que se tiene acceso a internet, lo primero que haces es ingresar a Facebook y ver tus propias actualizaciones, noticias inútiles que llevan en azul tu nombre.
Facebook provocaría las próximas guerras mundiales, si los presidentes de cada nación formaran parte de esta red, después de todo si el presidente de México, tuviera la brillante idea de etiquetar en alguna foto a los presidentes de Estados Unidos, Alemana, Rusia, China y Japón, foto en la que mostrar alguna bonita masacre provocada por su guerra contra el narcotráfico, todos pensarían cuan salvajes e inhumanos animales somos los Mexicanos y todos vendrían a aniquilarnos, pero gracias a dios esa no es la realidad, pues los seres ocupados de guiar la humanidad están demasiado preocupados por sus intereses y sus intentos de control, ellos simplemente no tienen tiempo de apreciar el verdadero pensamiento y sentimiento humano, ese que se puede encontrar en una tarde de Facebook, esas ideas de rebelión, de alegría, de tristeza, de odio, de amor, pensamientos que están a un Clic de distancia, clic que creemos que cambiara algo en este mundo, clic que solo formará parte de la red invisible de personas que prefieren un -Me gusta- a una idea propia, prefieren dar un clic, frente a su computadora, que salir de su casa y ver el mundo lleno de caos que hay afuera, y cuestionarse ¿por qué?, idea que sin la necesidad de un -Me gusta-, provocaría cambios si así quisiéramos, idea que se perderá, en un océano infinito llamado Internet, idea que solo formará parte de una interminable cascada de notificaciones, a las que nadie les pondrá demasiada atención, por que, después de todo, esa es la naturaleza humana, ninguna idea debe de tener demasiada importancia sino la pensamos nosotros mismos, lo importante no es ingeniar, ni mejorar, ni cambiar, lo importante es saber que el mundo se vuelve perfecto, cuando Facebook nos dice que esa persona especial comentó algo o nos mando un mensaje, sólo de esa manera este mundo obtiene un sentido.