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martes, 21 de agosto de 2012

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n

sábado, 5 de mayo de 2012

Oasis se escribe en fondo negro.

     Me tiré a la cama, me quedé horas pensando en todo lo estúpido que se puede ser, todo lo ciego. Persiguiendo espejismos mientras los oasis de verdad esta esperándolo a uno. Y los dejé esperando. Me fui a secar, esperando ingenuamente alguna lluvia, y las nubes venían con frecuencia, pero se iban más rápido que mi cansancio. Tirado en mi cama, en un desierto dónde las palabras fueron viento apilando arena sobre mí. Una sabana cálida para un cuerpo que nunca estará absento de los daños colaterales. Y ahora estaba absento de tu cabello, que parece listones de cuero negro. Ojalá tocaran ésta piel para hacerla sentir plena. 

     Si tan solo hubiera estado ahí para hacernos el intercambio habitual después de meses, si el encuentro con la casualidad no me hubiera llevado lejos, con unas esposas que ahora ya no son juego, que hoy pierden sus llaves para dejarme aquí en mi cama atrapado entre arenas movedizas; estaría celebrando el acostarme en tu tierra, sembrando semillas entre alientos nuestros. No necesitaría buscar mi "Mojo" en un espejismo para sentirme satisfecho.

    No me aquejas, yo me aquejo en el no saber que fue de esa celebración que prometí, en el intercambio que pospuse. No quiero saber, estoy cegado por este sol de medio día y las esposas que tengo en las manos parecieran haberse movido a mis pulmones. Te escucho trotar lejos de aquí y las memorias se disparan, los ritmos se caen lentamente... Oh, belleza oscura, compañera debería estar ahí, aún no es muy tarde ¿o sí?

    Hasta la más preciosa plata y el oro de más quilates, las perlas aún en la carne de la ostra; se postrarían contra los nosotros si fuéramos siervos únicamente de los dos. Renaceríamos de entre los ritmos que rompieran el silencio, siendo atemporales, dejando cualquier número de lado  y sobre todo, estaríamos en brazos del otro por un instante.

    No importa si me das sólo la llaga de tu desdén, querida; quiero más. Que me des tus opiniones como látigos bajando por mi espalda; dame más. Porque eres tú quién espero ver, eres tú la belleza en mi bestia, el oasis en mi desierto, lo cálido en mi cama, la culpa comiéndose mi cabeza, compañera querida, intercambiemos palabras de nuevo, porque no pienso cambiarte a ti.


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domingo, 29 de abril de 2012

Chuy


       Mesías te llamaron, y muy a pesar, de ti ya nadie se acuerda, ni de tus palabras ni tus gestos. Estás por ahí hecho mineral o exhumado en su cripta, porque fuiste cualquiera de nosotros; y ellos están tras vidrios blindados porque se comieron tu recuerdo, se tragaron sus propios textos, nunca fue tu carne. Te venden, te manufacturan, eres una licencia creativa más, parte de la gran corporación sentimental apostólica y romana.  Ahora te pasan por alto, te volvieron una excusa y te postergan para esperanzar (paralizar) a una ciudad. El  tipo de blanco pasa y sonríe, recibe, bendice en palabras grandes, las palabras que pocos hombres deberían atreverse a vociferar. Las palabras que quisiste dar a entender, pero nadie nunca entenderá porque una palabra no se vive. Y tú no eres más que eso. Una de esas palabras grandes y muertas de las que hay que limitarse a escuchar y leer. No te como ni te bebo, ni te creo ni desconfío, pero no te pido porque no puedes darme nada. Y aún así, tampoco puedo negarte, si estás todo alrededor mío.

       En tu muerte estás un paso adelante, adentro todo se hace éter, adelante todo se interroga. Estás siempre a un paso más de ellos, víctima de un atropello o de un carnaval que no admite ganancia alguna. En un puesto de tacos, en el apodo de un niño. Ellos están aquí tres días y se quedan en vasos de cebadina, en banderas blancas y amarillas, en medallas, carteles, postres y camisetas. Pero de ellos, de ellos un mes después nadie se acuerda, son basura, souvenir y presunción de un gobierno, nada más. Y tú sigues apareciendo con cada estornudo, con uno o mil niños al nacer, en la expresión de preocupación sincera de una madre o en un diálogo mal actuado de un éxito de blockbuster. Y como antes, como todos, como cualquiera; mueves el pie, lo pones adelante con violencia o desgana. Te has ido de su ritmo, te has querido escapar una vez más de tu mortalidad y la aberración de la memoria. Un paso adelante y al apoyar el talón miras atrás, como un fugitivo ingenuo te limpias el sudor, igual que la primera vez: miras a quien te persigue, no lo que te hará caer. No sé que hiciste con certeza, pero sé lo que hacen ellos y tú que ya no puedes hacer nada, estás hecho un soplo de aire, una porción de tinta. Y yo que puedo hacerlo todo, que soy como tú, que podrían beberme y comerme, no hago nada más que escribir dos párrafos para ti. Los verás inerte sin poder hacerme replica alguna en los ojos de algún Pepe Chuy.



Por: Martínez, Adrián (2012). "Chuy” En El Fanzine del Cerdo Violeta No. 2. Mayo. ¡Hip, hip, hurra! Mi futuro está en ser un cura. León, México, pp. 11-12.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Ausencia en viceversa.

Estoy en la línea de fuego, donde mis ideas se mojan del negativo de tus pupilas dilatadas en el cuarto rojo, donde pasaré mi próximo solsticio. Donde tengo que esperar a que se revelen los códigos que llegan y se hospedan en esta chatarra. Aquí la espera se convierte en duda, y la duda en ideas perversas, que a su vez se convierten en alucinaciones de vidas paralelas. Y toda esa espera, todas esas ideas son parte de lo que eres, eres ausencia. Eres distancia corta que no se alcanza por razones estúpidas y citadinas. Eres cabello suelto, muriendo alrededor mío, ahorcándome para salvarse de la limpieza. Eres perfume impregnado en las prendas, sangre muerta amoratando la piel pálida de frío. Eres tu ausencia, tu descontento. Las pocas palabras brillantes y las muchas disonantes con mis discursos. La preocupación que toma viajes en viceversa y los achaques de ineptitud generacional. La simplicidad que surge de las reacciones instantáneas, somos.


Estoy petrificado, en bloques de hielo, en una cama que me traga vivo. Estoy esperando el sentir de tu existencia chocando con la mía por un breve lapso de tiempo en el que me sentiré extraordinariamente real, de nuevo. Estoy estéril, desértico; sin el más mínimo impulso, con el mayor peso de la balanza, necesito el choque, necesito mezclarme, fundirme, ser un gas inerte, una página de un periódico, una nota en aire contaminado, una foto sin enfoque, un breve momento de entereza, un boleto con descuento, un café hirviendo, una noche sin interrupciones, una luz dentro del túnel y no al final, una cena barata y condimentada. Necesito que reemplaces a tu ausencia contigo misma.

-Adrián Martínez

EAML.ALMR. For you.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Navidad basura.

¿A dónde vamos a ir? Al relleno sanitario. Fuera del alcance del mar de luces, de ánimo festivo, de ánimo ocioso, de ánimo mugriento y hediondo. Cenaremos gaviota marinada en leche pasada, asada al humo intoxicante de la fogata de llantas que incendiamos con queroseno; servidos por ratas camareras con pequeños chalecos hechos de zapatos, de calcetines roídos. Una cena de ensueño, con ensalada de moho, y de postre twinkies añejados en jugo de basura. 


Súper elegantes, con lo más nuevo en ropa hecha de bolsas de supermercado rotas y abrigos de unicel con detalles en corcholata. Y cuando las moquientas narices y las rígidas orejas se sientan aquejadas por los bichos y lo friolento del ambiente, nos haremos gorros y orejeras de papel maché. Desenvolviendo regalos con objetos rotos y viejos, tan bonitos en sus cubiertas de lata, bolsa y tarjetas de servilleta, humectadas en gorupos de paloma. El lujo entre los lujos para terminar durmiendo plácidamente en un vagón de tren, lleno de paja. La mejor navidad... no como esas locuras que hacen los otros, esas historias de extrañas familias celebrando cumpleaños de gente que no conocen en casas amuebladas, con chimeneas y caja-imágenes, escuchando melodías corales en sus Aiputs. Cenando pavos inflados con verduras y frutas sin pudrir, bebiendo ponches calientes; intercambiando regalos costosos, nuevos e inservibles debajo de un pino que mataron para exhibirlo de trofeo y adorno en su sala de estar.


Si tú y yo hiciéramos eso... todo sería tan absurdo. Si la navidad no fuera una basura... no sería navidad. Si nos olvidáramos que estamos entre la basura, juntos; si nos olvidáramos de tener nuestras existencias chocando mutuamente entre lo hediondo y lo inesperado, si celebráramos las cosas y no a nosotros mismos chocando brevemente en un lapso de la órbita, seguiría habiendo basura y gente absurda, pero no estaríamos nosotros, en navidad.


Feliz navidad basurienta.



_A.M

Por: Martínez, Adrián. Diciembre 2010, incluído en Mojo Pin: Historias Instantáneas Vol. I

lunes, 25 de enero de 2010

Un homenaje...

Este es un homenaje dirigido a los chicos buenos. No, no a los superhéroes o demás... me refiero a personas aun más admirables. A los chicos buenos que siempre terminan últimos, que nunca llegan a ser más que amigos, que soportan horas y horas de quejas y lamentos sobre que "tan malditos somos los hombres", mientras que irónicamente ellos mismos son prueba de que no es cierto. Esto está dedicado a aquellos chicos que siempre tienen un hombro disponible para que se recuesten en el; para aquellos que se quedan sin moverse ante un abrazo tentador, por respeto. Aquellos chicos que siempre abren las puertas, ponen las silla, dan el paso; para ella y los demás, aunque quizás a los demás no les importe. Aquellos que dan ánimos con una palmada en la espalda. Esto es en honor de aquellos chicos que siempre logran recordarle a ella que tan bonita/inteligente/suertuda es, justo en el momento apropiado, porque saben que la mayoría de las chicas necesitan esa letanía de apoyo. Esto es en honor de los chicos con mentes abiertas, actitud desenfadada y preocupaciones honestas. Esto es por los chicos que respetan cada faceta de ella, desde su intimidad, hasta sus creencias y filosofía de vida, e incluso todas esas estúpidas reacciones y manías. Esos chicos que pueden llegar tímidos, algo aburridos y también algo inseguros, esos chicos que finalmente siempre toman la iniciativa aún cuando creen estar destinados a perder a favor del hombre alpha.

Esto es para los chicos que acompañan a su ebria/drogada/alterada/neurótica amiga hasta su casa desde cada fiesta y nunca toman ventaja de su estado para sus bajos instintos, porque absolutamente nadie mas lo haría, ni sus propias amigas. Para los chicos que acompañan a sus amigas a bares para cuidarlas de los cientos de miserables enfermos que quieren una noche 'divertida'. Para los chicos que saben que ella está buscando cumplidos pero aun así se los dan, para los chicos que siempre juegan siguiendo las reglas en un juego donde las reglas favorecen al que hace trampa. Para los chicos que son acreditados como 'posibles novios' pero que extrañamente nunca terminan siendolo. Para todos los chicos buenos que son menospreciados, ignorados, desestimados, para todos esos chicos que son manipulados, traicionados e injustamente abandonados, esto es para ti.

Esto es por aquella vez que ella dejó 40 mensajes 'urgentes' en tu celular y cuando la llamaste, platicaron por tres horas, diseccionando dos líneas que su novio le dijo en la cena de hoy. Y aún cuando pensaste que su novio no era más que un imbécil y un patán, le aseguraste que todo estaba bien y que no debería preocuparse al respecto. Esto es por aquella vez que ella interrumpió tu concentración cuando pensabas que por fin romperías tu record de la casa de naipes más grande, sólo para escuchar sobre un rumor que la unía a aquel que ella creía que era el hombre más repugnante sobre la faz de la tierra. Y aunque tu creías que era inmaduro y no tenías nada en contra del tipo, derrumbaste la casa de naipes para hablar durante dos horas al respecto y la ayudaste a idear un contra-rumor para terminar con su problema.

Esto es también por la vez en que ella no tenía ninguna cita y después de varias menciones de que no había nada serio entre ustedes te arrastró a una fiesta donde conocías a absolutamente nadie, las bebidas eran pésimas, la botana sabía a perro y donde ella coqueteaba contigo sin vergüenza alguna; justificando cada frase coqueta diciéndole a quién pasara cerca: "¡Oh! ¡sólo somos amigos!". Y aunque sabes que fuiste invitado sólo como un simbólico apoyo moral para su ego, de cualquier manera fuiste, porque eres así de bueno.

Los chicos buenos casi nunca obtienen el crédito que se merecen. Y quizás más perturbante aun, es el hecho de que los chicos buenos no parecen ser apreciados tanto como deberían. Y ojalá pudiera explicar lógicamente esta situación y su causa. Pero no puedo. Por lo que he observado, la única conclusión a la que puedo llegar es que muchas chicas son simplemente máquinas devora hombres despiadadas, manipuladoras sin lógica alguna, mas que la de conseguir aquello que quieren en el momento que lo quieren aún cuando nunca logran saber que es exactamente.

Muchas de ellas aseguran que sólo quieren encontrar a "un buen chico", pero cuando tal espécimen se presenta ante ellas dicen cosas confusas e irracionales como "Oh, es demasiado bueno para mí" ó "Él podría ser un buen novio pero no es para mí". O la más frustrante de todas, "No, porque arruinaría nuestra amistad" y aun así se continúan lamentando sobre la falta de hombres buenos en el mundo y esperan que sus amigos demasiado-buenos-para-ser-novios simpaticen y se disculpen en nombre de todos los patanes del universo.

Lo siento chicos, las chicas como ellas están simplemente fuera de mi capacidad de comprehensión. No puedo entender donde es que la conexión entre lo que quieren y lo que tienen se rompe. Pero una cosa que si puedo decirles es que el fenómeno de "el chico bueno siempre llega último" no dura para siempre. Hay, definitivamente, muchas chicas que crecen y maduran fuera de esta forma de pensamiento, y se dan cuenta de que deberían estar saliendo con los chicos buenos en vez de simplemente dar por hecho que están ahí esperando. La parte difícil está en encontrar esas chicas y aun más difícil encontrar a las que están solteras.

Así que hasta que esas chicas son encontradas, propongo un brindis para todos ustedes. Ustedes saben bien quienes son y sé que están hartos de que se refieran a ustedes como "demasiado buenos" pero la verdad es que, el mundo necesita de su paciencia; al abrir las puertas, al cuidarlas mientras están ebrias, en darles apoyo moral sin recibir nunca nada a cambio, el mundo necesita de su propensidad a ser un perdedor sólo porque ella tenga una sonrisa. Por todas las locas, absurdas, inverosímiles cosas que soportan, por todas las situaciones en las que ustedes son el héroe anónimo: Mi admiración, mi reconocimiento, mi gratitud va a todos ustedes. Ustedes sí tienen credibilidad en la sociedad y la gran y merecida paga esta en camino, sólo se les pide paciencia.

martes, 20 de octubre de 2009

Mención honorifica....

Hoy, 20 de octubre del 2009, fue uno de esos dias en los que un pequeño lapso de tiempo en el trancurso del mismo nos abren la ventana de la mente y cambian o iluminan nuestra percepción de las cosas. No recuerdo tanta razón, tanta honestidad reunida en 50 minutos, a veces no nos damos cuenta de que hay personas que valen tanto que son tan... tan humanos. Ultimamente cruzaban pensamientos por mi mente acerca de si servía de algo todo lo que hago, el esfuerzo y dedicación cuando a nadie le parece importar o servir, pero esos pensamientos se han ido. Una vez mas he caido en cuenta de que siempre importaran nuestras acciones y esfuerzos aunque sean minimamente para nosotros y para los demás. La mención y agradecimiento que expongo hoy aquí es para un espiritu de la enseñanza, humilde y sacrificado, me refiero al profesor Luis Antonio Najera.

Gracias.