martes, 21 de agosto de 2012

Los sueños duran cinco minutos


Ayer te volviste a transfigurar en mi espacio, fantasma de jade. Me oprime el diafragma pensar en esto como el diario abandonado de mi adolescencia. Y digo diario, porque me cuesta demasiado sueño al principio de mis días el pensar en nuestros nueve encuentros, me harta el darme cuenta de mi manía por llevar a la estadística lo nuestro, si es que podemos decir que hay algo nuestro. Yo lo digo, sin mesura, pero me conoces, en el drama y las marejadas de palabras que se apilan en ti. Así fue como te esfumaste la primera vez, apenas hace poco más de un año.

No podrías saber nunca el gusto que me invadió este último sábado en que te encontré, al fin. En extremo parecido al de mi último cumpleaños, pero algo era diferente. La expresión de tu cara al entrar en la sala del bar donde tocarías, fue algo así como "¿Quién demonios es ese tipo?" y la conversión inmediata a una sonrisa y un abrazo breve valieron el encontrarme a un grupo de conocidos que reían sin explicación alguna con mi repentina llegada. Me habría encantado tocar contigo de nuevo, y te lo dije. Y realmente nunca me he vuelto a sentir tan musicalmente pleno con nadie como contigo. No me importó que te esfumarás más tarde, sé que es tu naturaleza, y es parte del encanto que me clava el jade como fantasmas en el imaginario de mi vida personal. Ojala supiera qué trataste de decirme, pero contigo nunca he podido hacer conjeturas, ni lo he intentado. Ojala podamos platicar de eso antes de que también dejes la ciudad, no quisiera que otro tema se nos fuera a caer de las manos a tan cerca de tratarlo. Al menos me has dicho que no te irás, pero sé que te irás, lo sé.

Verás, no quiero ser poético, son las cuatro de la mañana, pero si no escribo esto ahora, quizás se me vaya el sueño. Y es que hoy tuve un sueño de ti. No quiero dejarlo ir, porque tengo la sensación al fondo de la cabeza que me ha pasado antes, como si perdiera la memoria cada cierto tiempo y tu al final siempre aparecieras para ayudarme, siempre preocupada. ¿Recuerdas hace un año? Me fuiste a buscar a mi casa; haríamos una sesión de fotos. Estábamos sentados en el sillón trasero de un auto que tengo montado en la recepción... Mientras esperábamos que pasaran por nosotros, salimos y te tenía en contra de un auto, platicando de detalles ínfimos que se habían quedado volando en conversaciones esporádicas por internet. Nos acercamos más que nunca, más cerca que nunca de besarnos y justo en ese momento, mirada con mirada, con el jade de tus ojos más dentro que nunca, llegó para recogernos. Me da una mezcla de risa y frustración el recordarlo, también siento ansias de completar el momento. Y a eso voy, el sueño. 

En mi sueño no te convertías en alguien difusa.

Por: Martínez, Adrián. Julio 2012. 

viernes, 1 de junio de 2012

Mortalidad Light

    Quiero un amor que sea como la goma de mascar, que al fondo de mis entrañas se quede siete años; no más, pero no. Lo haré bola en su envoltura y terminará con el resto de la basura de colores primarios, no, bueno no había ni tiempo ni dinero ni paciencia para más, me ahorra tiempo para más ocio disfrazado de ocupaciones. Esto no puede ser mi vida ahora, lo tengo todo. Quiero una vida como mis abuelos en los cincuenta, quiero aprender tan difícil como mis profesores aparentaron que sería, quiero una cuenta de banco llena, quiero drenarla como la tina de baño que deseo, después de tener sexo con la mujer que no amo.  

    Soy ese diamante en bruto encasillado que no se pule, no descubre la dureza de su carbono. Me conformo con la simple piedra, el polvo, porque se lleva alrededor, como diamante sólo brillaría para unos cuantos,  yo lo que quiero es cubrirlos a todos de , ser polvo esparcido en mi muerte fugaz y repentina, soy un hombre ligero como mi propia muerte anhelada. Todo llega a mí, o yo llego a todo, no importa; Mahoma está muerto, Yahvé está muerto, Buda está muerto… entienden la idea. Pero yo, aún no, debo llegar ahí rápido, debo extenderme sobre sus cabezas.

martes, 29 de mayo de 2012

Ni hada ni bruja

   En realidad no había razones para idealizarte, no había grandes conexiones, mucho menos a la altura de las últimas que viví antes de tu llegada. Aún así hice lo de siempre, di lo de siempre esperando lo que nunca. Yo mismo te quité lo único santo que tenías, yo mismo contribuí a que enredaras más tus cabos, siempre lo supe, sólo me equivoqué de sospechoso. Ya que importa, no hay elegías, ni gran tragedia; ni asedio nocturno, ni pesadilla que acorrale. No existe ni el esfuerzo de cargar a la rutina y moldearla en otro horno, sólo están los treinta y cinco grados centígrados y la sed alcohólica de hace dos años. No hay gran aprendizaje ni parteguas, no hay ningún monolito que hayas olvidado destruir; ni situaciones hipotéticas que alterarían este día. Entramos al salón sin expectativas, bailamos, pero al terminar la fiesta, las expectativas nunca llegaron, y si tocaron la puerta, nadie jamás las escuchó.

    Ya no estás en el pedestal, ya no tienes ni pizca de divinidad. No proyectas nada, porque no hay luz que puedas generar, siempre se refleja. Estás en apuros pero te encanta andar como si tuvieras el velo que jamás vestirás. No llamas por ayuda, gritas por atención. Si te tienden la mano, primero pensarías en mostrar cuanto la necesitas que en tomarla, luego caes. Eres contradicción andante que encanta, pero no está encantada. No eres mágica entonces, no eres aquella hada libre. Olvidabas que las hadas siempre eran madrinas de alguien, cómo tú; y que eran pequeñas criaturas que difícilmente podían causar alguna relevancia. Olvidabas que las hadas son sólo luciérnagas buscando aparearse antes de terminar su fugaz existencia. No eras tampoco una bruja; ni me atemorizaste nunca, ni pusiste conjuro alguno sobre mí para matar mi voluntad. Olvidabas que las brujas no necesitan magia alguna para derrumbar las murallas de un hombre mortal. Y yo que fui hombre de viento, sin muralla alguna que no me haya roto otra bruja antes, te pasé como una brisa, del invierno a primavera y daré la vuelta de nuevo, tú estarás aún en el suelo, aún pidiendo manos sin tomarlas, aún poniéndote un velo para que nunca te lo quite aquél a quién tu idealizas exactamente de la manera en la que yo no lo hago contigo.


 Por: Martínez, Adrián. Maniobras incompletas, 2012.

viernes, 18 de mayo de 2012

Querido escritor de red social...

En la era de las redes sociales, hay escritores que se vuelven exitosos, reconocidos por sus tuits; breves comentarios de 140 caracteres que causan furor entre espíritus adolescentes, que con suerte, tienen el interés suficiente para leer unas cuantas líneas de texto. Lo mismo en facebook. Luego repiten la fórmula; copian, modifican, se adjudican frases extraídas de obras extensas que tuvieron el ...infortunio de ser parte de la cultura pop y ser recordadas por juegos de palabras de fácil degustación. Borran las que no funcionan, que no son compartidas o no obtienen likes. Se hacen de una fama igual de corta, igual de profunda que los milímetros de piel en sus párpados impidiéndoles ver más allá. Y esta frustración ajena no me cabe en un tuit.
Por: Martínez, Adrián. Mayo 2012. 

viernes, 11 de mayo de 2012

De bandos y periódicos quieren tapar el bache

Fue un reflejo, nada más. Agarré el periódico, y levanté la ceja al tiempo que retorcía la boca, no de disgusto, suelo parecer un antipático. Quizás esto hizo que se atreviera a preguntarme "¿Qué? Eres azul ¿verdad?". Efectivamente, yo iba vestido de azul, excepto por unos botines deportivos cafés, pero como no lo creí suficiente para confundirme con un pitufo, respondí en vez de simplemente hacerle la misma seña con la mano que le hago a quien pide dinero en la plaza principal.

¿Azul? No dije ni pío, y hacer una cara me hace azul, vaya, pues entonces me has ayudado a engrandecer mi conocimiento de mi mismo, y quizás hasta has esclarecido mi posición política, favor que me haces al calificarme basado en una mueca. Mira ya, no digas más, mejor tómalo de vuelta, si te sirve de consuelo no tomo nada azul, que no sea vodka con bebidas energéticas. No, mira que no estar a la izquierda no significa que esté a la derecha, también se puede observar la imagen desde lejos, así es como disfruto esto, porque al disfrutarlo más de cerca, siendo participe activo de algún bando, inevitablemente alguien vendrá a joderte tu pequeña burbuja ideológica, y a mí aunque me jodan desde ambos bandos, no me revientas nada, si acaso podrías picarme un ojo con ese periódico.

¿Indiferente? ¿malinchista? A mí que carajo me importa lo que piensa un país que se esforzó por darme todas las razones necesarias no para huir de él, sino para olvidarme de esa "obligación" de entregarle mi existencia a una sola idea gastada y que ha probado durante siglos no funcionar. Yo soy ciudadano del mundo, y así libro a esa misma idea de toda culpa, mientras tú te esmeras en ser un patriota. Culpando todo el tiempo a una idea de nación que no se puede defender de sujetos como tú.

Por: Adrián Martínez, Mayo 2012.

Falta #1

Faltaría ser el foco de la calle
que prende y apaga para nadie.
Porque ya eres el mosquito 
que vuela ciegamente a estrellarse
para que al apagarme 
seas libre como quieres.
Y me tengas prendido otra vez
cuando tus cientos de ojos 
me miren de nuevo 
en un caleidoscopio. 

Faltaría desaparecer 
en algún estadío de la memoria,
deshacer los nudos del marinero
que alguna vez te pescó 
en un mar de humo y lujuria.
Habría que cortarlos súbitamente
pero faltaría un epitafio apropiado,
uno que no podrás darme,
al opacar la vista como antes
al ahogarme tu réplica.

Faltaría el cómodo silencio,
al final de tu lista de consejos.
El optimismo sencillo de una brisa
para un extraviado de siempre
entre las excusas y un jamás.
La sonrisa tras el cristal,
dejando espectros de colores
que no conozco ni conocería,
si faltara la luz que te pone en foco.
O el lazo que guarda tu silencio.



 Por: Adrián Martínez, Maniobras Incompletas, 2012.


sábado, 5 de mayo de 2012

Oasis se escribe en fondo negro.

     Me tiré a la cama, me quedé horas pensando en todo lo estúpido que se puede ser, todo lo ciego. Persiguiendo espejismos mientras los oasis de verdad esta esperándolo a uno. Y los dejé esperando. Me fui a secar, esperando ingenuamente alguna lluvia, y las nubes venían con frecuencia, pero se iban más rápido que mi cansancio. Tirado en mi cama, en un desierto dónde las palabras fueron viento apilando arena sobre mí. Una sabana cálida para un cuerpo que nunca estará absento de los daños colaterales. Y ahora estaba absento de tu cabello, que parece listones de cuero negro. Ojalá tocaran ésta piel para hacerla sentir plena. 

     Si tan solo hubiera estado ahí para hacernos el intercambio habitual después de meses, si el encuentro con la casualidad no me hubiera llevado lejos, con unas esposas que ahora ya no son juego, que hoy pierden sus llaves para dejarme aquí en mi cama atrapado entre arenas movedizas; estaría celebrando el acostarme en tu tierra, sembrando semillas entre alientos nuestros. No necesitaría buscar mi "Mojo" en un espejismo para sentirme satisfecho.

    No me aquejas, yo me aquejo en el no saber que fue de esa celebración que prometí, en el intercambio que pospuse. No quiero saber, estoy cegado por este sol de medio día y las esposas que tengo en las manos parecieran haberse movido a mis pulmones. Te escucho trotar lejos de aquí y las memorias se disparan, los ritmos se caen lentamente... Oh, belleza oscura, compañera debería estar ahí, aún no es muy tarde ¿o sí?

    Hasta la más preciosa plata y el oro de más quilates, las perlas aún en la carne de la ostra; se postrarían contra los nosotros si fuéramos siervos únicamente de los dos. Renaceríamos de entre los ritmos que rompieran el silencio, siendo atemporales, dejando cualquier número de lado  y sobre todo, estaríamos en brazos del otro por un instante.

    No importa si me das sólo la llaga de tu desdén, querida; quiero más. Que me des tus opiniones como látigos bajando por mi espalda; dame más. Porque eres tú quién espero ver, eres tú la belleza en mi bestia, el oasis en mi desierto, lo cálido en mi cama, la culpa comiéndose mi cabeza, compañera querida, intercambiemos palabras de nuevo, porque no pienso cambiarte a ti.


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domingo, 29 de abril de 2012

Chuy


       Mesías te llamaron, y muy a pesar, de ti ya nadie se acuerda, ni de tus palabras ni tus gestos. Estás por ahí hecho mineral o exhumado en su cripta, porque fuiste cualquiera de nosotros; y ellos están tras vidrios blindados porque se comieron tu recuerdo, se tragaron sus propios textos, nunca fue tu carne. Te venden, te manufacturan, eres una licencia creativa más, parte de la gran corporación sentimental apostólica y romana.  Ahora te pasan por alto, te volvieron una excusa y te postergan para esperanzar (paralizar) a una ciudad. El  tipo de blanco pasa y sonríe, recibe, bendice en palabras grandes, las palabras que pocos hombres deberían atreverse a vociferar. Las palabras que quisiste dar a entender, pero nadie nunca entenderá porque una palabra no se vive. Y tú no eres más que eso. Una de esas palabras grandes y muertas de las que hay que limitarse a escuchar y leer. No te como ni te bebo, ni te creo ni desconfío, pero no te pido porque no puedes darme nada. Y aún así, tampoco puedo negarte, si estás todo alrededor mío.

       En tu muerte estás un paso adelante, adentro todo se hace éter, adelante todo se interroga. Estás siempre a un paso más de ellos, víctima de un atropello o de un carnaval que no admite ganancia alguna. En un puesto de tacos, en el apodo de un niño. Ellos están aquí tres días y se quedan en vasos de cebadina, en banderas blancas y amarillas, en medallas, carteles, postres y camisetas. Pero de ellos, de ellos un mes después nadie se acuerda, son basura, souvenir y presunción de un gobierno, nada más. Y tú sigues apareciendo con cada estornudo, con uno o mil niños al nacer, en la expresión de preocupación sincera de una madre o en un diálogo mal actuado de un éxito de blockbuster. Y como antes, como todos, como cualquiera; mueves el pie, lo pones adelante con violencia o desgana. Te has ido de su ritmo, te has querido escapar una vez más de tu mortalidad y la aberración de la memoria. Un paso adelante y al apoyar el talón miras atrás, como un fugitivo ingenuo te limpias el sudor, igual que la primera vez: miras a quien te persigue, no lo que te hará caer. No sé que hiciste con certeza, pero sé lo que hacen ellos y tú que ya no puedes hacer nada, estás hecho un soplo de aire, una porción de tinta. Y yo que puedo hacerlo todo, que soy como tú, que podrían beberme y comerme, no hago nada más que escribir dos párrafos para ti. Los verás inerte sin poder hacerme replica alguna en los ojos de algún Pepe Chuy.



Por: Martínez, Adrián (2012). "Chuy” En El Fanzine del Cerdo Violeta No. 2. Mayo. ¡Hip, hip, hurra! Mi futuro está en ser un cura. León, México, pp. 11-12.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Grandes errores.

#1: Ser un número.
#2: Ser un nombre.
#3: Ser una cascara seca de lo que se solía ser.
#4: Hacer lo que diga una tabla de arcilla en el desierto.
#5: Creer que lo que dice un libro es verdad por el solo hecho de ser un libro.
#6: Esperar pacientemente sin ser tú paciente ni nada de eso.
#7: Atribuirle habilidades cósmicas y ultraterrenales a un número.
#8: Confundir hambre con aburrimiento.
#9: Inmolarse con una pistola sin balas.
#10: Creer que se sospecha cuando en realidad se sabe perfectamente que algo es cierto.
#11: Pensar que hacerse el tonto no le hace a uno un tonto paradójico.
#12: Pensar que evitar a toda costa todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le mantendrá a uno contento.
#13: Pensar que todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le llevará a uno a encontrar la felicidad eventualmente.
#14: Leerse a si mismo como forma de matar al antiguo "yo", cuando solo se le hace más fuerte.
#15: Escribir para uno pensando como lo leería el otro.
#16: Creer que se deshace del ocio llevando a termino responsabilidades igual de inútiles.
#17: Tener un teléfono móvil a la mano de la misma forma que se tiene una botella de whisky.
#18: Beber whisky de menos de ocho años combinado con un tequila que solo pretende ser tequila legítimo.
#19: Confiarle tu destino a una moneda, por pereza.
#20: Tener una fé ciega en cualquier aparato que funcione con electricidad o combustible.
#21: Argumentar algo, darte cuenta de que estás equivocado y luego seguir argumentando, solo por joder.
#22: Actuar por la vida como si se tratase de una película de comedia romántica independiente.
#23: Seguir los pasos del personaje de una película, sabiendo que al final todo se jode para él.
#24: Poner sal en vez de ázucar en el café, y aún así beberselo.
#25: Esperar que los sentimientos se tranfiguren a voluntad, como si no fueran entes etéreos e irracionales.
#26: Construirse un destino con una mezcla de líquidas coincidencias confundiéndolas con convicciones sólidas.
#27: Hechar a andar una fábrica de mentiras, dejando de lado que en cualquier fabrica el producto puede ser defectuoso.
#28: Caer miles de veces con la misma piedra, descubrir que se ha vuelto una adicción, una especie de síndrome de Estocolmo y seguir "disfrutándolo" en la misma medida que se adolece.

jueves, 23 de febrero de 2012

Desconocidos.

Señorita Desconocida, llévame a un lugar desconocido, tómanos una fotografía antes de que las luces se apaguen. Cántame una canción antes de que no tenga forma de regresar, tómate un trago conmigo antes de que te vengan a buscar. Tuvieron que pasar siete mil seiscientos sesenta y cinco días desde que respiré por primera vez hasta que respiré los sabores que se escondían en tu sonrisa. En fotografías parecía ideal, en la realidad no deja de ser menos adorable. Tuve que caminar dos mil metros la primera vez que te encontré. Ahora dos mil metros no son nada cuando estás tú al final del camino. Señorita Desconocida, en cada poro erizado de tu piel al rozar su cuello, se esconde un misterio, una historia que has tenido que saltar como un charco cuando caminamos, para poder reconocer lo inesperado, un extraño desconocido como yo. Quizá no te escribo de la manera más correcta, pero me gusta pensar que lo hago de la manera más honesta, y no podría ser más honesto que cuando te digo que me agrada enormemente el regocijo de tu mirada, las formas alargadas que hacen tus pícaros ojos y los brillos que se despliegan frente a mí, como un niño al que le han descubierto una travesura. Me agradas como si fuera yo un perro, a punto de recibir un filete al borde del comedor, moviendo la cola tan fuerte como un látigo y con la lengua fuera de la boca como si un pez rosado estuviera fuera del agua. Como si fuera yo una mosca revoloteando alrededor de una fruta madura y exquisita que alguien olvidó, posándome en ella y disfrutando su néctar para mí, solamente para mí.

Señorita desconocida, tienes la forma de una guitarra, será por eso que siempre que te veo siento el impulso de tocarte, de provocarte algún sonido. Ves mis ojos más claros de lo que yo mismo los veo, será que ves de mí incluso lo que yo mismo no conozco. A veces me parece como si hubiera llegado a una isla desierta, dónde solo tenía que seguir la playa hasta llegar al otro extremo, dónde llegaste tú, pensando exactamente lo mismo, que estabas sola, que siempre serías una desconocida, que estabas varada en la isla de la soledad. Y la verdad es que ahí estaba yo también, no pude escapar de la atracción, como no pude hacerlo de la olas que me trajeron a tu isla. O quizás podría escapar, el punto es que no lo quiero. El punto es que eres inevitablemente desconocida, infinita, y señorita Desconocida, siempre serás esto para mí, siempre señorita siempre desconocida, siempre solamente tu, y no te querría de ninguna otra forma, y al mismo tiempo te querría de cualquier forma, y podría decirte tantas cosas, llenarte libreros de palabras, lienzos de colores, copas de vino y discos de canciones y no sabría como llenar lo que significa quererte, lo que es uno y cada momento, algo desconocido. No quiero ni explicártelo, porque sé que sin decirlo tú ya lo tienes, porque me conociste como un desconocido.

-Adrián Martínez

martes, 31 de enero de 2012

Quimera.

Uso este recuadro para secar mis ojos a un sol virtual. Uso este recuadro porque jamás podría tenerte colgada sobre mi pared para contarte sobre mis días. Vengo aquí y te digo cosas que no querrás saber, ni nadie más, pero vengo aquí porque no me veo escribiéndoselas a nadie que no seas tú. Y pienso que si es un crimen tomarme las cosas en serio, de la misma forma que me tomo ésta botella que me mata un poco más las entrañas; pues debería estar preso, debería estar en una silla eléctrica, aunque lo más probable es que termine en una celda acolchada tomando tres dosis de clorazepam al día. Y si pudiera entender como es que el río del espacio-tiempo puede alterarse tanto con una sola piedra que le arrojen, cayéndose en una cascada dónde hay un desierto que lo secará todo; podría decirme a mi mismo que no fueron solo un espejismo las gotas de lluvia que han caído desde que te has ido.

Si el orgullo del pingüino fuera un poco más digerible, sino tuviera que recorrer una tierra deshabitada, dónde vine a perder mis alas; probablemente habría volado, probablemente te habría llevado conmigo, no sé si a un abismo o a una cueva, o de regreso a la selva dónde creí que pertenecías alguna vez. Si fuera un poco menos como yo, no habría escrito todas las noches de un invierno con mi nombre en una hoja; mucho menos habría entregado una semilla sin saber que jamás sería plantada. Tal vez debí haber sido médico, como mi padre me lo repetía. Así evitaría tener el tiempo para destruirme constantemente. Tal vez debí haber sido físico, así los cálculos no me fallarían de la misma forma que me falla el sentido común.

Pero todas estas posibilidades se resumen a un error... Un tiempo pasado que saca las garras, que me grita porque yo ya no puedo hacerlo. Las interpretaciones del hubiera y el podría, las palabras que se acumulan a cada momento porque no me las puedo quitar y solo echarlas de menos. Los anhelos que siguen oxigenando al músculo cansado de bombear.

Al final, el error fue querer domar a una fiera... donde no había más que una mujer.


Por: Adrián Martínez. Enero 2012

lunes, 23 de enero de 2012

Algunos hombres solo quieren ver el mundo arder.


Hay algunas personas a las cuales la sola idea de un mundo yéndose por el espiral indomable del apocalipsis, entre cantos de humanoides emplumados y trompetas de oro; les resulta una probadita de cielo. Para otras, esto no es más que lo que les podría ofrecer un queso crema. Hay algunas personas a las que les resulta orgásmico el pensar en cambios místicos, refiriéndose al advenimiento de una edad de claridad y paz, predichos por culturas a las que realmente solo les importaba la guerra y tener cultivos para no morir de hambre. Algunas otras, quisieran simplemente un cambio en el temporal, un poco de lluvia para no morir en la pobreza extrema. 

Algunos ancianos leen los periódicos cada mañana en la plaza principal, para recordarse a si mismos, todo lo buena y significativa que fue su juventud comparada con las frivolidades de sus nietos. Hay otros que leen las noticias esperando encontrarse con que alguien haya inventado la manera de volver en el tiempo, para poder evitarse el estar ahí sentados, solos y decepcionados.

La mayoría de los adolescentes han visto demasiadas películas sobre invasiones extraterrestres, villanos celebérrimos, desastres naturales y gente que los sobrevive milagrosamente, holocaustos caníbales de muertos en vida, vampiros de ultraderecha, etc. Tanto qué el hecho de que el mundo pueda terminar de alguna de esas maneras, les resulta inmensamente divertido. A otros les da por ver películas sobre drogadictos sin remedio y personas socialmente disfuncionales, sin importarles realmente que el veintiuno de diciembre del dos mil doce se acerca, porque saben que aunque son menos fantásticas, son mucho más cercanas a lo que podría ser el fin -o fracaso- que tendrían sus vidas de por sí ya desencajadas. 

Hay mujeres que se enfrascan en encarnizadas luchas sin sentido, contra enemigos que no existen, porque creen que merecen ganarse todo en este mundo por el simple hecho de existir y tener la capacidad de dar a luz. Que este año debería ser el cambio al poder de las mujeres y al protagonismo que ellas mismas dicen no han tenido. Hay otras tantas que se dan cuenta que el tomarse los dogmas de la sociedad occidental tan personalmente es directamente proporcional al machismo al cual odian.

Hay hombres que se esfuerzan cada día por demostrarle al mundo que hemos sido una mierda durante miles de años. Que los mitos de la antigüedad, las leyendas urbanas, prejuicios y barreras que impiden que la humanidad avance solamente siguen ahí porque se los permitimos. Hombres que en el fondo temen no poder hacer suficiente para cambiar al mundo y que todo lo que han logrado podría convertirse en anécdotas de un anciano leyendo un periódico por la mañana totalmente solo, un grupo de jóvenes saboteando las calles en desesperación por una fecha mediatizada como el fin de los tiempos, niños riéndose de imágenes -reales- de guerra porque se parecen a la película o el videojuego de ayer, mujeres y hombres aborreciéndose al competir constantemente para ser la punta de la pirámide. 

Algunos hombres saben que nunca cambiarán al mundo, y que aunque ellos den todo lo grandioso o insignificante que pudieran siendo una botella de refresco de cola en el basurero que es el mundo, todas esas cosas ya están sucediendo sin ser el fin del mismo. Algunos hombres saben que el fin del mundo fue ayer, hoy y siempre. Algunos hombres solo quisieran ver el circo del espacio tiempo caer. Algunos hombres solo quieren ver el mundo quemarse. Algunos hombres solo esperan el día en que por fin puedan decir: ¡Feliz fin del mundo!

Martínez, Adrián (2012). "Algunos hombres sólo quieren ver el mundo quemarse". En El Fanzine del Cerdo Violeta No. 1. Enero. Apocalipsis ¿Ahora? León, México, p. 20.

lunes, 16 de enero de 2012

Wake

Con las puertas cerradas y las cortinas desplegadas, el mundo se encoge mucho más, los cabos que están atados te atan a ti mismo y desplazarse se convierte en una tarea inútil. Hay alguien allá afuera que tendrá que poner la sabana, limpiar el piso cuando se vaya y recoger sus viejas ropas, pero ese trabajo no es mío. Y ahora que todos se han convertido en enemigos mi voluntad pareciera hundirse con mi corazón. tengo que escaparme de sus garras, no culpo a nadie por cerrarme las puertas porque fui yo quién les di la llave para que hicieran tan magnifico y terrible trabajo, quizá hasta debería llamarlos para aplaudirles.

Es ese tipo de cosas horribles que se veían venir cuando llegó enero, y nos encondíamos en catacumbas con número postal. Durmiendo al lado de ratas en una cama hecha de ropas que jamás volveré a usar esperando que nadie llegue a tocar. Es mucho más fácil atrancar las puertas y destrozar el teléfono que mostrar mi piel al canceroso sol, porque la cosa más difícil nunca es arrepentirse y decepcionarse por alguien más, es dejarlo entrar...

Tal vez puedas entrar una vez más, a veces ya no depende de mí. Desantrancar la puerta, usar la llave que te di, y quitarte los zapatos al pasar, aunque tomaría toda la noche para poderlo explicar, que habría ido afuera hacia otras puertas que ahora son corredizas, pero nunca parecía el momento adecuado. Luego llegaste y me volaste el techo tirándome tu cuerda, tuve que atármela justo al cuello, y cuando lo hice no te importó haberme levantado o el rescate que pretendías, sabías justo que esperar de mí. Que mientras las puertas estuvieran cerradas y las cortinas desplegadas, no es necesario morir porque jamás se abrirán desde ahí afuera. Alguien tenía que hablar con la lengua cortada y los dientes rotos para defender el derecho a permanecer encerrado, sin fotografías ni tiempo de visitas, ni una guía sobre como volver a comenzar. A veces quisiera patear las puertas hasta derribarlas sobre mí si estuvieras dispuesta a ceder las llaves a alguien más, porque los quiero dejar entrar...

Nunca tengas miedo de hablar.
No hables nunca con los dientes de alguien más.
No regatees sobre ti mismo, no cuando estés débil.
No tomes nunca ese maldito abuso.
Algunos pacientes nunca se podrán salvar, pero esa carga no debe estar sobre ti.
NUNCA DEJES QUE NADIE TE DIGA QUE TE MERECES ESO.

From wake by the antlers.



jueves, 12 de enero de 2012

Callejero en un cajón

Las calles con luces rojas de neón
enredan éstas nuevas corneas.
Y si me embriago
con sabor a madera te querré.
Pero la calle no será cosmopolita.
Sin monumentos cegados
por luces de melancolía.

La comida no tendrá sazón alguna
cuando viene de cajón.
Como la carta que no llega nunca,
como las vías ferreas.
En las que nadie viaja ya.
Callejera la comida me sentará mejor.
Porque se tiene una vez
y se deja correr.

Encajonado veré mejor,
sin luces que quiten la forma,
o calor que la diluya.
Callejero en un cajón.
Quién en la calle me encuentra,
en un cajón me encerrará.

lunes, 9 de enero de 2012

Jeff Buckley - Mojo Pin





Probablemente la mejor versión de la canción que le da nombre a este espacio, como última canción de la presentación de Glastonbury '95, minutos antes de que subiera Oasis al escenario. Es la primer canción del disco Grace de Jeff Buckley. Y pensé que desde hace mucho debía haber puesto esto aquí, y muchas otras cosas que están como borradores esperando, pero aquí está.

Es muy difícil explicar todo lo que significa ésta canción para mí pero creo que hacerlo sería algo egoísta y contrario a mis principios. Hay que dejar que la música hable por si misma y que cada quién obtenga de ella lo que escuche, porque no todos vemos igual; escuchando es la misma historia, sólo quiero hacer notar el ritmo cambiante y apasionado característico de Jeff, y la magistral ejecución vocal en este vídeo. les dejo la letra para que canten a la par de Jeff, digo sé que no todos tenemos un rango vocal de 4 y media octavas pero al diablo. Que no les importe no alcanzar las notas, sólo escuchen y dense cuenta de que en el momento que escuchen la canción son parte de la misma. Son participes. Y eso es algo que muchos olvidan del arte.

I'm lying in my bed
The blanket is warm
This body will never be
Safe from harm
Still feel your hair
Black ribbons of coal
Touch my skin
To keep me whole...

Oh...if only you'd come back to me...
If you laid at my side...
Wouldn't need no Mojo Pin
To keep me satisfied...

Don't wanna weep for you
Don't wanna know
I'm blind and tortured
The white horses flow (horse has flown)
Memories fire
The rhythms fall slow
Black beauty I love you so...

Uh precious precious silver and gold
And pearls in oyster's flesh
Drop down we two to serve and pray to love
Born again from the rhythm
Screaming down from heaven
Ageless, ageless and I'm there in your arms...

Don't wanna weep for you
I don't wanna know
I'm blind and tortured
The white horses flow
The memories fire
The rhythms fall slow...
Black beauty I love you so...so...so...so!!!

Dah!!!

Oh the welts of your scorn, my love
Give me more
Send whips of opinion down my back
Give me more
Well it's you I've waited my life to see
It's you I've searched so hard for...

Don't wanna weep for you
Don't wanna know
I'm blind and tortured
The white horses flow (horse has flown)
The memories fire
The rhythms fall slow...
Black beauty I love you so...so...black, black, black beauty!