Fue una noche
simplemente me cansé
de todo y todos y todas
hasta de mí.
Mandé todo a la chingada
que es un sitio al que todos vamos algunas veces
feos o guapos
felices o infelices
tontos o listos
me encontré con la nada (maldito Sartré, me engañó, el muy cretino)
sueños rotos
hambre
soledad
escribir me salvó de todo.
Y sabía que no debía intentarlo sin vivir.
Quise pizcar zarzamoras, uvas, tomates, cerezas o fresas
que era lo mejor pagado
pero me tocaron manzanas (odio las manzanas, a la fecha no las como)
todo en las alturas
desde entonces me acompaña el vértigo.
Insolados
rumores de muertos
malas condiciones
¿sabes? escribir me salvó de todo aquello.
Sabía que si no salía del corazón no debía intentarlo siquiera.
Cansados
desgastados
hombres y mujeres en ruinas
que no debía hacerlo por dinero, ni por reconocimiento, ni perder el tiempo en imitar a los otros, hombres y mujeres de puños grandiosos, de letras impecables, muertos por lo general
sed
dolor muscular
cabeza que estalla
Lloré y reí tanto
en el frío de las calles,
en las estaciones de autobús junto a viejas máquinas de café que
me miraban mudas
en hoteles pulgosos, de sábanas que raspaban mi alma
en las bancas de parque
bajo los puentes
dentro de la interminable noche
soñaba
nunca dejé de soñar
en el tiempo de la aborrecible realidad
me disculpé con la vida
le di la espalda
me compré una pistola.
Te conté tantas veces que ese día empezaron mis días de miseria,
pero te lo contaré una vez más:
El día que tuve una pistola entre mis manos empezaron
mis problemas.
Después de aquella noche odiosa
únicamente salí para comprar vodka barato, hielo, agua quina
comí deperdicios, papas crudas, galletas saladas,
viví noches diferentes a aquellas dónde papá y mamá me dejaban
dormida y me tapaban con aquella frazada que cosió mi abuela
antes de morir.
Enloquecí
maldije
escupí
esperando siempe el final
pero nunca llegó.
En el tiempo de esa realidad que me apuñaló hasta casi
descuartizarme
me disculpé conmigo, arrojé mi pistola al mar
y un hombre me regaló otra de cumpleaños para seguir luchando
contra lo más retorcido que me habita
en este tiempo de tranquilidad aparente
en este tiempo de lagos, vodka helado
en este tiempo de picnics en domingo
y parrandas en lunes[...]
lunes, 15 de octubre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
¿Cómo aprendió a leer Adrián Martínez?
"Mientras
en la educación preescolar Adrián pataleaba contra una maestra senil y
delusoria, porque ésta no le daba la nota aprobatoria para comprobar
oficialmente que ya sabía leer; en su hogar el pequeño Adrián de seis años
tomaba sus dos primeros libros: Una enciclopedia de tiburones y otra de
ballenas que le habían regalado sus padres dos años atrás. El padre de Adrián comenzó a mostrarle
documentales acerca de la vida animal desde que este comenzó a hablar, por lo
que era solo lógico que sus primeros libros siguieran la misma temática.
Posteriormente Adrián siguió leyendo libros y revistas de divulgación científica, pensando en convertirse algún día en paleontólogo o quizás biólogo marino. Alrededor de los ocho años comenzó a leer también revistas de crítica política tales como El chamuco. Aunque quizá este tipo de lecturas no eran apropiadas para el pequeño Adrián, definitivamente le dieron un amplio empujoncito a su aprendizaje. Las lecturas ‘infantiles’ le parecían aburridas -ahora ya no- y después de los diez años y movido por sus relaciones personales tempranas y una fascinación por las dinámicas humanas, comenzó también a escribir. Es aquí donde se hace necesario aprender a leer novela, cuentos, etc. Haciéndose estos finalmente del agrado de Adrián. Hasta la fecha a sus veintiún años, Adrián sigue aprendiendo a leer con cada nuevo libro que abre, al mismo tiempo que aprende escribir con cada texto que produce."
La polaridad de las relaciones amorosas; el instrumento de la conquista.
Es el tema más sonado, más comentado, más debatido; el amor.
Pero detrás de esa palabra ¿Qué hay? ¿Habrá acaso un sistema, símbolos claros e
inequívocos para tratarlo? En realidad no es tan complicado como parece, si
dejamos de lado la cursilería, el romanticismo, y el apego personal al tema.
Hay que tratarlo como tratamos a la política… Bueno, eso tampoco ayuda mucho
¿no? Pensemos entonces que tratamos el ritual de apareamiento de alguna especie
animal, preferentemente un mamífero como nosotros. Hay que dejar de lado que
sabemos que existe una ética y una racionalización humana porque de eso hablaré
más al rato. Lo primero que encontraremos para analizar es una polaridad
evidente entre géneros, más específicamente en lo que estos buscan en el otro.
En una especie patriarcal como la humana, el macho buscará a una hembra fértil
(el concepto de fertilidad se mantiene, sólo el canon estético es el que
cambia), que se adhiera al hombre en el sentido de realizar las actividades que
permitan al macho hacer las suyas, un apoyo, es decir; busca a una mujer que lo
haga sentirse hombre. Esto último se repite a la inversa, la hembra busca un
macho que la haga sentirse hembra, pero que también represente la mejor carga
genética, esa fuerza de sobrevivencia y sí, también incluye al intelecto. Se
tiene la idea de que las primeras humanas buscaban solo al hombre más hábil o
más fuerte, sin embargo, la teoría no diría que estamos dejando fuera, y
menospreciando el intelecto de estos hombres, que tenían que tener todo lo
posible; fuerza, creatividad, intelecto, salud, etc. Se tiende a pensar que los
hombres muy “inteligentes” que tienen poca suerte con las damas son victimas de
injusticias, y que su valor en conocimientos los cualifica para tener a una
dama atractiva, etc. Sin embargo, esto no es más que un concepto superficial
aplicado de nuevo, a la inversa; una suerte de discrepancia positiva que no
demuestra inteligencia, sino una necesidad de urgencia. Los conocimientos no
hacen al intelecto, es la astucia, la audacia, la creatividad lo que lo hace.
Es por eso que un hombre astuto con mucha frecuencia también es un hombre que
hace reír a las mujeres, y que juega con naipes que son invisibles para ellas,
incluso las hacen jugar sin que se den cuenta del juego o de las reglas. Esta
astucia natural ha sido regularmente lo que lleva al éxito a un hombre, incluso
a veces sin importar que no cumpla con el estereotipo estético de la época. A
veces la perfección no está en el físico, sino en lo saludable del mismo. Es
así que una mujer probablemente no elija estar con un hombre demasiado alto o
musculoso, que difícilmente entre en alguna prenda sin romperla con sus enormes
músculos. Es más probable que elijan a alguien de complexión media. Es aquí
donde tocamos otro de los puntos a analizar, las proporciones y la generalidad
como conquista.
La simetría. Da
Vinci buscó la simetría perfecta en el cuerpo y rostro humano. Hay ciertas
proporciones que nunca cambian, y que se consideran generales; por ejemplo: que
la distancia entre los ojos sea de menos de un tercio del ancho de la cara, que
la distancia entre los ojos y la boca sea de poco más de un tercio de la altura
de la cara, etc. Si tomamos muestras de rostros masculinos y femeninos de cada país
y hacemos un montaje combinando sus facciones imperfectas y no tan simétricas
obtenemos la imagen de un individuo que sí tiene estas proporciones
“perfectas”. Si hacemos un estudio encuestando a personas del sexo
correspondiente para que nos digan si la imagen del rostro genérico generado
les parece atractivo nos dirán en su mayoría que sí, pero también encontraremos
la expectativa de que sea una persona “aburrida”. La perfección nos atrae, pero
al alcanzarla tendemos a despreciarla.
Volviendo a las
polaridades. Entre decenas de comentarios de hombres encima de 30 años, al
preguntárseles sobre porque no tuvieron suerte entre los 15 y los 30 con las
mujeres, podemos sacar algunas conclusiones, una especie de tratado de la
conciencia amorosa femenina que según estos mismos aplica al menos para el 90%
de las mujeres: Antes de los treinta, las mujeres escogen; escogen hombres que
las hagan vivir emociones porque en esta época todo es circunstancial y
emocional para ellas, la lógica y el porvenir no les preocupa. Son meramente
instintivas. Pero la polaridad en este tren de pensamiento cambia a partir de
los treinta, cuando el macho antes beta, ahora le ofrece a la hembra las
necesidades que dejaba de lado antes. El macho antes beta debería haber
aprovechado en teoría su fracaso con las mujeres en esa primera etapa
preocupándose por mejorar su propia vida y quizás hasta llegando a olvidarse de
esa meta de tener a una mujer. Es entonces cuando éstas llegan finalmente a él.
Aquí es dónde empieza la era del hombre. Él escoge, el tiene el control, y al
final se da cuenta de que no necesita de una mujer para sentirse hombre.
Hay que dejar
claro que no todas las parejas, ni todas las mujeres u hombres pasan por esto
al pie de la letra, hay un pequeño porcentaje que está realmente consciente de
esto, y no deja el instinto o la tradición les domine los sentimientos; el amor
podrá ser una locura pero incluso en la locura hay un poco de razón.
Por: Martínez, Adrián. Mayo 2012. Extracto de "La termodinámica del eros for dummies".
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martes, 21 de agosto de 2012
Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)
Sal con alguien que se gasta todo
su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en
el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que
tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido
una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer.
Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la
que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa
chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una
librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler
las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está
sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si
le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una
textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está
absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado.
Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de
indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas.
Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor.
Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y
ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a
su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de
sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las
palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el
fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final,
pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle
una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y
otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que
durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de
lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo
mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de
los protagonistas de la saga Crepúsculo.
Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio
durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás
formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Sonreirás con tal fuerza
que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo
que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee
porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más
colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía,
horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
O mejor aún, a una que escriba.
Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n
Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n
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Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee.
Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste.
Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces
multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo
y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su
interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades
poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus
adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan
dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo
la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine,
así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de
contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a
poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos
comunes como el sushi o la música country, y construye un muro
impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado
y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas
parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa
poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se
mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas
insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer
cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año
sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse
porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida.
Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el
piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista
hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la
copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta,
proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que
puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho,
y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay
aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras
estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años
sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un
trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos
bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una
tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los
cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En
ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del
tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas
regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una
enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de
que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que
tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y
que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su
capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee.
Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en
el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz
de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario
que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una
alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una
chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla,
y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en
demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un
truco barato.
Hazlo porque la chica que
lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los
momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y
que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo
de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído
sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira.
Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los
hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará,
sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus
maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax;
los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o
intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf;
tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez
sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana
de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado.
Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada,
completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo
atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero
soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con
alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo
de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin
perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso,
largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al
sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n
Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n
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Los sueños duran cinco minutos
Ayer te volviste a transfigurar en mi espacio, fantasma de jade. Me oprime
el diafragma pensar en esto como el diario abandonado de mi adolescencia. Y
digo diario, porque me cuesta demasiado sueño al principio de mis días el
pensar en nuestros nueve encuentros, me harta el darme cuenta de mi manía por
llevar a la estadística lo nuestro, si es que podemos decir que hay algo
nuestro. Yo lo digo, sin mesura, pero me conoces, en el drama y las marejadas
de palabras que se apilan en ti. Así fue como te esfumaste la primera vez,
apenas hace poco más de un año.
No podrías saber nunca el gusto que me invadió este último sábado en que te
encontré, al fin. En extremo parecido al de mi último cumpleaños, pero algo era
diferente. La expresión de tu cara al entrar en la sala del bar donde tocarías,
fue algo así como "¿Quién demonios es ese tipo?" y la conversión
inmediata a una sonrisa y un abrazo breve valieron el encontrarme a un grupo de
conocidos que reían sin explicación alguna con mi repentina llegada. Me habría
encantado tocar contigo de nuevo, y te lo dije. Y realmente nunca me he vuelto
a sentir tan musicalmente pleno con nadie como contigo. No me importó que te
esfumarás más tarde, sé que es tu naturaleza, y es parte del encanto que me
clava el jade como fantasmas en el imaginario de mi vida personal. Ojala supiera
qué trataste de decirme, pero contigo nunca he podido hacer conjeturas, ni lo
he intentado. Ojala podamos platicar de eso antes de que también dejes la
ciudad, no quisiera que otro tema se nos fuera a caer de las manos a tan cerca
de tratarlo. Al menos me has dicho que no te irás, pero sé que te irás, lo sé.
Verás, no quiero ser poético, son las cuatro de la mañana, pero si no
escribo esto ahora, quizás se me vaya el sueño. Y es que hoy tuve un sueño de
ti. No quiero dejarlo ir, porque tengo la sensación al fondo de la cabeza que
me ha pasado antes, como si perdiera la memoria cada cierto tiempo y tu al
final siempre aparecieras para ayudarme, siempre preocupada. ¿Recuerdas hace un
año? Me fuiste a buscar a mi casa; haríamos una sesión de fotos. Estábamos
sentados en el sillón trasero de un auto que tengo montado en la recepción...
Mientras esperábamos que pasaran por nosotros, salimos y te tenía en contra de
un auto, platicando de detalles ínfimos que se habían quedado volando en
conversaciones esporádicas por internet. Nos acercamos más que nunca, más cerca
que nunca de besarnos y justo en ese momento, mirada con mirada, con el jade de
tus ojos más dentro que nunca, llegó para recogernos. Me da una mezcla de risa
y frustración el recordarlo, también siento ansias de completar el momento. Y a
eso voy, el sueño.
En mi sueño no te convertías en alguien difusa.
Por: Martínez, Adrián. Julio 2012.
Por: Martínez, Adrián. Julio 2012.
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viernes, 1 de junio de 2012
Mortalidad Light
Quiero un amor que
sea como la goma de mascar, que al fondo de mis entrañas se quede
siete años; no más, pero no. Lo haré
bola en su envoltura y terminará con el resto de la basura de colores
primarios, no, bueno… no había ni tiempo
ni dinero ni paciencia para más, me ahorra tiempo para más ocio
disfrazado de ocupaciones. Esto no puede ser mi vida ahora, lo tengo
todo. Quiero una vida como mis abuelos en los cincuenta, quiero aprender
tan difícil como mis profesores aparentaron que sería, quiero una
cuenta de banco llena, quiero drenarla como la tina de baño que deseo,
después de tener sexo con la mujer que no amo.
Soy ese diamante en bruto encasillado
que no se pule, no descubre la dureza de su carbono. Me conformo con la
simple piedra, el polvo, porque se lleva alrededor, como diamante sólo brillaría para unos cuantos,
yo lo que quiero es cubrirlos a todos de mí, ser polvo esparcido en mi muerte fugaz y
repentina, soy un hombre ligero como mi propia muerte anhelada. Todo llega a mí, o yo llego a
todo, no importa; Mahoma está muerto, Yahvé está muerto, Buda está muerto… entienden la
idea. Pero yo, aún no, debo llegar ahí rápido, debo extenderme sobre sus
cabezas.
martes, 29 de mayo de 2012
Ni hada ni bruja
En realidad no había razones para idealizarte, no había grandes conexiones, mucho menos a la altura de las últimas que viví antes de tu llegada. Aún así hice lo de siempre, di lo de siempre esperando lo que nunca. Yo mismo te quité lo único santo que tenías, yo mismo contribuí a que enredaras más tus cabos, siempre lo supe, sólo me equivoqué de sospechoso. Ya que importa, no hay elegías, ni gran tragedia; ni asedio nocturno, ni pesadilla que acorrale. No existe ni el esfuerzo de cargar a la rutina y moldearla en otro horno, sólo están los treinta y cinco grados centígrados y la sed alcohólica de hace dos años. No hay gran aprendizaje ni parteguas, no hay ningún monolito que hayas olvidado destruir; ni situaciones hipotéticas que alterarían este día. Entramos al salón sin expectativas, bailamos, pero al terminar la fiesta, las expectativas nunca llegaron, y si tocaron la puerta, nadie jamás las escuchó.
Ya no estás en el pedestal, ya no tienes ni pizca de divinidad. No
proyectas nada, porque no hay luz que puedas generar, siempre se
refleja. Estás en apuros pero te encanta andar como si tuvieras el velo
que jamás vestirás. No llamas por ayuda, gritas por atención. Si te tienden la mano, primero pensarías en mostrar cuanto la necesitas que en tomarla, luego caes. Eres contradicción andante que encanta, pero no está encantada. No eres mágica entonces, no eres aquella hada libre. Olvidabas que las hadas siempre eran madrinas de alguien, cómo tú; y que eran pequeñas criaturas que difícilmente podían causar alguna relevancia. Olvidabas que las hadas son sólo luciérnagas buscando aparearse antes de terminar su fugaz existencia. No eras tampoco una bruja; ni me atemorizaste nunca, ni pusiste conjuro alguno sobre mí para matar mi voluntad. Olvidabas que las brujas no necesitan magia alguna para derrumbar las murallas de un hombre mortal. Y yo que fui hombre de viento, sin muralla alguna que no me haya roto otra bruja antes, te pasé como una brisa, del invierno a primavera y daré la vuelta de nuevo, tú estarás aún en el suelo, aún pidiendo manos sin tomarlas, aún poniéndote un velo para que nunca te lo quite aquél a quién tu idealizas exactamente de la manera en la que yo no lo hago contigo.
Por: Martínez, Adrián. Maniobras incompletas, 2012.
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viernes, 18 de mayo de 2012
Querido escritor de red social...
En la era de las redes sociales, hay escritores que se vuelven exitosos, reconocidos por sus tuits; breves comentarios de 140 caracteres que causan furor entre espíritus adolescentes, que con suerte, tienen el interés suficiente para leer unas cuantas líneas de texto. Lo mismo en facebook. Luego repiten la fórmula; copian, modifican, se adjudican frases extraídas de obras extensas que tuvieron el ...infortunio de ser parte de la cultura pop y ser recordadas por juegos de palabras de fácil degustación. Borran las que no funcionan, que no son compartidas o no obtienen likes. Se hacen de una fama igual de corta, igual de profunda que los milímetros de piel en sus párpados impidiéndoles ver más allá. Y esta frustración ajena no me cabe en un tuit.
Por: Martínez, Adrián. Mayo 2012.
viernes, 11 de mayo de 2012
De bandos y periódicos quieren tapar el bache
Fue un reflejo, nada más. Agarré el periódico, y levanté la ceja al tiempo que retorcía la boca, no de disgusto, suelo parecer un antipático. Quizás esto hizo que se atreviera a preguntarme "¿Qué? Eres azul ¿verdad?". Efectivamente, yo iba vestido de azul, excepto por unos botines deportivos cafés, pero como no lo creí suficiente para confundirme con un pitufo, respondí en vez de simplemente hacerle la misma seña con la mano que le hago a quien pide dinero en la plaza principal.
¿Azul? No dije ni pío, y hacer una cara me hace azul, vaya, pues entonces me has ayudado a engrandecer mi conocimiento de mi mismo, y quizás hasta has esclarecido mi posición política, favor que me haces al calificarme basado en una mueca. Mira ya, no digas más, mejor tómalo de vuelta, si te sirve de consuelo no tomo nada azul, que no sea vodka con bebidas energéticas. No, mira que no estar a la izquierda no significa que esté a la derecha, también se puede observar la imagen desde lejos, así es como disfruto esto, porque al disfrutarlo más de cerca, siendo participe activo de algún bando, inevitablemente alguien vendrá a joderte tu pequeña burbuja ideológica, y a mí aunque me jodan desde ambos bandos, no me revientas nada, si acaso podrías picarme un ojo con ese periódico.
¿Indiferente? ¿malinchista? A mí que carajo me importa lo que piensa un país que se
esforzó por darme todas las razones necesarias no para huir de él, sino
para olvidarme de esa "obligación" de entregarle mi existencia a una
sola idea gastada y que ha probado durante siglos no funcionar. Yo soy
ciudadano del mundo, y así libro a esa misma idea de toda culpa,
mientras tú te esmeras en ser un patriota. Culpando todo el tiempo a una
idea de nación que no se puede defender de sujetos como tú.
Por: Adrián Martínez, Mayo 2012.
Falta #1
Faltaría ser el foco de la calle
que prende y apaga para nadie.
Porque ya eres el mosquito
que vuela ciegamente a estrellarse
para que al apagarme
seas libre como quieres.
Y me tengas prendido otra vez
cuando tus cientos de ojos
me miren de nuevo
en un caleidoscopio.
Faltaría desaparecer
en algún estadío de la memoria,
deshacer los nudos del marinero
que alguna vez te pescó
en un mar de humo y lujuria.
Habría que cortarlos súbitamente
pero faltaría un epitafio apropiado,
uno que no podrás darme,
al opacar la vista como antes
al ahogarme tu réplica.
Faltaría el cómodo silencio,
al final de tu lista de consejos.
El optimismo sencillo de una brisa
para un extraviado de siempre
entre las excusas y un jamás.
La sonrisa tras el cristal,
dejando espectros de colores
que no conozco ni conocería,
si faltara la luz que te pone en foco.
O el lazo que guarda tu silencio.
Por: Adrián Martínez, Maniobras Incompletas, 2012.
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sábado, 5 de mayo de 2012
Oasis se escribe en fondo negro.
Me tiré a la cama, me quedé horas pensando en todo lo estúpido que se puede ser, todo lo ciego. Persiguiendo espejismos mientras los oasis de verdad esta esperándolo a uno. Y los dejé esperando. Me fui a secar, esperando ingenuamente alguna lluvia, y las nubes venían con frecuencia, pero se iban más rápido que mi cansancio. Tirado en mi cama, en un desierto dónde las palabras fueron viento apilando arena sobre mí. Una sabana cálida para un cuerpo que nunca estará absento de los daños colaterales. Y ahora estaba absento de tu cabello, que parece listones de cuero negro. Ojalá tocaran ésta piel para hacerla sentir plena.
Si tan solo hubiera estado ahí para hacernos el intercambio habitual después de meses, si el encuentro con la casualidad no me hubiera llevado lejos, con unas esposas que ahora ya no son juego, que hoy pierden sus llaves para dejarme aquí en mi cama atrapado entre arenas movedizas; estaría celebrando el acostarme en tu tierra, sembrando semillas entre alientos nuestros. No necesitaría buscar mi "Mojo" en un espejismo para sentirme satisfecho.
No me aquejas, yo me aquejo en el no saber que fue de esa celebración que prometí, en el intercambio que pospuse. No quiero saber, estoy cegado por este sol de medio día y las esposas que tengo en las manos parecieran haberse movido a mis pulmones. Te escucho trotar lejos de aquí y las memorias se disparan, los ritmos se caen lentamente... Oh, belleza oscura, compañera debería estar ahí, aún no es muy tarde ¿o sí?
Hasta la más preciosa plata y el oro de más quilates, las perlas aún en la carne de la ostra; se postrarían contra los nosotros si fuéramos siervos únicamente de los dos. Renaceríamos de entre los ritmos que rompieran el silencio, siendo atemporales, dejando cualquier número de lado y sobre todo, estaríamos en brazos del otro por un instante.
No importa si me das sólo la llaga de tu desdén, querida; quiero más. Que me des tus opiniones como látigos bajando por mi espalda; dame más. Porque eres tú quién espero ver, eres tú la belleza en mi bestia, el oasis en mi desierto, lo cálido en mi cama, la culpa comiéndose mi cabeza, compañera querida, intercambiemos palabras de nuevo, porque no pienso cambiarte a ti.
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domingo, 29 de abril de 2012
Chuy
Mesías te llamaron, y muy a pesar, de ti ya nadie se acuerda, ni de tus palabras ni tus gestos. Estás por ahí hecho mineral o exhumado en su cripta, porque fuiste cualquiera de nosotros; y ellos están tras vidrios blindados porque se comieron tu recuerdo, se tragaron sus propios textos, nunca fue tu carne. Te venden, te manufacturan, eres una licencia creativa más, parte de la gran corporación sentimental apostólica y romana. Ahora te pasan por alto, te volvieron una excusa y te postergan para esperanzar (paralizar) a una ciudad. El tipo de blanco pasa y sonríe, recibe, bendice en palabras grandes, las palabras que pocos hombres deberían atreverse a vociferar. Las palabras que quisiste dar a entender, pero nadie nunca entenderá porque una palabra no se vive. Y tú no eres más que eso. Una de esas palabras grandes y muertas de las que hay que limitarse a escuchar y leer. No te como ni te bebo, ni te creo ni desconfío, pero no te pido porque no puedes darme nada. Y aún así, tampoco puedo negarte, si estás todo alrededor mío.
En tu muerte estás un paso adelante, adentro todo se hace éter, adelante todo se interroga. Estás siempre a un paso más de ellos, víctima de un atropello o de un carnaval que no admite ganancia alguna. En un puesto de tacos, en el apodo de un niño. Ellos están aquí tres días y se quedan en vasos de cebadina, en banderas blancas y amarillas, en medallas, carteles, postres y camisetas. Pero de ellos, de ellos un mes después nadie se acuerda, son basura, souvenir y presunción de un gobierno, nada más. Y tú sigues apareciendo con cada estornudo, con uno o mil niños al nacer, en la expresión de preocupación sincera de una madre o en un diálogo mal actuado de un éxito de blockbuster. Y como antes, como todos, como cualquiera; mueves el pie, lo pones adelante con violencia o desgana. Te has ido de su ritmo, te has querido escapar una vez más de tu mortalidad y la aberración de la memoria. Un paso adelante y al apoyar el talón miras atrás, como un fugitivo ingenuo te limpias el sudor, igual que la primera vez: miras a quien te persigue, no lo que te hará caer. No sé que hiciste con certeza, pero sé lo que hacen ellos y tú que ya no puedes hacer nada, estás hecho un soplo de aire, una porción de tinta. Y yo que puedo hacerlo todo, que soy como tú, que podrían beberme y comerme, no hago nada más que escribir dos párrafos para ti. Los verás inerte sin poder hacerme replica alguna en los ojos de algún Pepe Chuy.
Por: Martínez, Adrián (2012). "Chuy” En El Fanzine del Cerdo Violeta No. 2. Mayo. ¡Hip, hip, hurra! Mi futuro está en ser un cura. León, México, pp. 11-12.
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miércoles, 21 de marzo de 2012
Grandes errores.
#1: Ser un número.
#2: Ser un nombre.
#3: Ser una cascara seca de lo que se solía ser.
#4: Hacer lo que diga una tabla de arcilla en el desierto.
#5: Creer que lo que dice un libro es verdad por el solo hecho de ser un libro.
#6: Esperar pacientemente sin ser tú paciente ni nada de eso.
#7: Atribuirle habilidades cósmicas y ultraterrenales a un número.
#8: Confundir hambre con aburrimiento.
#9: Inmolarse con una pistola sin balas.
#10: Creer que se sospecha cuando en realidad se sabe perfectamente que algo es cierto.
#11: Pensar que hacerse el tonto no le hace a uno un tonto paradójico.
#12: Pensar que evitar a toda costa todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le mantendrá a uno contento.
#13: Pensar que todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le llevará a uno a encontrar la felicidad eventualmente.
#14: Leerse a si mismo como forma de matar al antiguo "yo", cuando solo se le hace más fuerte.
#15: Escribir para uno pensando como lo leería el otro.
#16: Creer que se deshace del ocio llevando a termino responsabilidades igual de inútiles.
#17: Tener un teléfono móvil a la mano de la misma forma que se tiene una botella de whisky.
#18: Beber whisky de menos de ocho años combinado con un tequila que solo pretende ser tequila legítimo.
#19: Confiarle tu destino a una moneda, por pereza.
#20: Tener una fé ciega en cualquier aparato que funcione con electricidad o combustible.
#21: Argumentar algo, darte cuenta de que estás equivocado y luego seguir argumentando, solo por joder.
#22: Actuar por la vida como si se tratase de una película de comedia romántica independiente.
#23: Seguir los pasos del personaje de una película, sabiendo que al final todo se jode para él.
#24: Poner sal en vez de ázucar en el café, y aún así beberselo.
#25: Esperar que los sentimientos se tranfiguren a voluntad, como si no fueran entes etéreos e irracionales.
#26: Construirse un destino con una mezcla de líquidas coincidencias confundiéndolas con convicciones sólidas.
#27: Hechar a andar una fábrica de mentiras, dejando de lado que en cualquier fabrica el producto puede ser defectuoso.
#28: Caer miles de veces con la misma piedra, descubrir que se ha vuelto una adicción, una especie de síndrome de Estocolmo y seguir "disfrutándolo" en la misma medida que se adolece.
#2: Ser un nombre.
#3: Ser una cascara seca de lo que se solía ser.
#4: Hacer lo que diga una tabla de arcilla en el desierto.
#5: Creer que lo que dice un libro es verdad por el solo hecho de ser un libro.
#6: Esperar pacientemente sin ser tú paciente ni nada de eso.
#7: Atribuirle habilidades cósmicas y ultraterrenales a un número.
#8: Confundir hambre con aburrimiento.
#9: Inmolarse con una pistola sin balas.
#10: Creer que se sospecha cuando en realidad se sabe perfectamente que algo es cierto.
#11: Pensar que hacerse el tonto no le hace a uno un tonto paradójico.
#12: Pensar que evitar a toda costa todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le mantendrá a uno contento.
#13: Pensar que todo nuevo conocimiento o cuestionamiento le llevará a uno a encontrar la felicidad eventualmente.
#14: Leerse a si mismo como forma de matar al antiguo "yo", cuando solo se le hace más fuerte.
#15: Escribir para uno pensando como lo leería el otro.
#16: Creer que se deshace del ocio llevando a termino responsabilidades igual de inútiles.
#17: Tener un teléfono móvil a la mano de la misma forma que se tiene una botella de whisky.
#18: Beber whisky de menos de ocho años combinado con un tequila que solo pretende ser tequila legítimo.
#19: Confiarle tu destino a una moneda, por pereza.
#20: Tener una fé ciega en cualquier aparato que funcione con electricidad o combustible.
#21: Argumentar algo, darte cuenta de que estás equivocado y luego seguir argumentando, solo por joder.
#22: Actuar por la vida como si se tratase de una película de comedia romántica independiente.
#23: Seguir los pasos del personaje de una película, sabiendo que al final todo se jode para él.
#24: Poner sal en vez de ázucar en el café, y aún así beberselo.
#25: Esperar que los sentimientos se tranfiguren a voluntad, como si no fueran entes etéreos e irracionales.
#26: Construirse un destino con una mezcla de líquidas coincidencias confundiéndolas con convicciones sólidas.
#27: Hechar a andar una fábrica de mentiras, dejando de lado que en cualquier fabrica el producto puede ser defectuoso.
#28: Caer miles de veces con la misma piedra, descubrir que se ha vuelto una adicción, una especie de síndrome de Estocolmo y seguir "disfrutándolo" en la misma medida que se adolece.
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jueves, 23 de febrero de 2012
Desconocidos.
Señorita Desconocida, llévame a un lugar desconocido, tómanos una fotografía antes de que las luces se apaguen. Cántame una canción antes de que no tenga forma de regresar, tómate un trago conmigo antes de que te vengan a buscar. Tuvieron que pasar siete mil seiscientos sesenta y cinco días desde que respiré por primera vez hasta que respiré los sabores que se escondían en tu sonrisa. En fotografías parecía ideal, en la realidad no deja de ser menos adorable. Tuve que caminar dos mil metros la primera vez que te encontré. Ahora dos mil metros no son nada cuando estás tú al final del camino. Señorita Desconocida, en cada poro erizado de tu piel al rozar su cuello, se esconde un misterio, una historia que has tenido que saltar como un charco cuando caminamos, para poder reconocer lo inesperado, un extraño desconocido como yo. Quizá no te escribo de la manera más correcta, pero me gusta pensar que lo hago de la manera más honesta, y no podría ser más honesto que cuando te digo que me agrada enormemente el regocijo de tu mirada, las formas alargadas que hacen tus pícaros ojos y los brillos que se despliegan frente a mí, como un niño al que le han descubierto una travesura. Me agradas como si fuera yo un perro, a punto de recibir un filete al borde del comedor, moviendo la cola tan fuerte como un látigo y con la lengua fuera de la boca como si un pez rosado estuviera fuera del agua. Como si fuera yo una mosca revoloteando alrededor de una fruta madura y exquisita que alguien olvidó, posándome en ella y disfrutando su néctar para mí, solamente para mí.
Señorita desconocida, tienes la forma de una guitarra, será por eso que siempre que te veo siento el impulso de tocarte, de provocarte algún sonido. Ves mis ojos más claros de lo que yo mismo los veo, será que ves de mí incluso lo que yo mismo no conozco. A veces me parece como si hubiera llegado a una isla desierta, dónde solo tenía que seguir la playa hasta llegar al otro extremo, dónde llegaste tú, pensando exactamente lo mismo, que estabas sola, que siempre serías una desconocida, que estabas varada en la isla de la soledad. Y la verdad es que ahí estaba yo también, no pude escapar de la atracción, como no pude hacerlo de la olas que me trajeron a tu isla. O quizás podría escapar, el punto es que no lo quiero. El punto es que eres inevitablemente desconocida, infinita, y señorita Desconocida, siempre serás esto para mí, siempre señorita siempre desconocida, siempre solamente tu, y no te querría de ninguna otra forma, y al mismo tiempo te querría de cualquier forma, y podría decirte tantas cosas, llenarte libreros de palabras, lienzos de colores, copas de vino y discos de canciones y no sabría como llenar lo que significa quererte, lo que es uno y cada momento, algo desconocido. No quiero ni explicártelo, porque sé que sin decirlo tú ya lo tienes, porque me conociste como un desconocido.
-Adrián Martínez
Señorita desconocida, tienes la forma de una guitarra, será por eso que siempre que te veo siento el impulso de tocarte, de provocarte algún sonido. Ves mis ojos más claros de lo que yo mismo los veo, será que ves de mí incluso lo que yo mismo no conozco. A veces me parece como si hubiera llegado a una isla desierta, dónde solo tenía que seguir la playa hasta llegar al otro extremo, dónde llegaste tú, pensando exactamente lo mismo, que estabas sola, que siempre serías una desconocida, que estabas varada en la isla de la soledad. Y la verdad es que ahí estaba yo también, no pude escapar de la atracción, como no pude hacerlo de la olas que me trajeron a tu isla. O quizás podría escapar, el punto es que no lo quiero. El punto es que eres inevitablemente desconocida, infinita, y señorita Desconocida, siempre serás esto para mí, siempre señorita siempre desconocida, siempre solamente tu, y no te querría de ninguna otra forma, y al mismo tiempo te querría de cualquier forma, y podría decirte tantas cosas, llenarte libreros de palabras, lienzos de colores, copas de vino y discos de canciones y no sabría como llenar lo que significa quererte, lo que es uno y cada momento, algo desconocido. No quiero ni explicártelo, porque sé que sin decirlo tú ya lo tienes, porque me conociste como un desconocido.
-Adrián Martínez
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